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ABC MARTES 2 8 2005 Los Veranos 87 EL RUMOR DE LA FRONTERA San Antonio ha sido testigo desde la época colonial hasta nuestros días del paso de multitudes que le han dado su carácter mestizo y abierto, aunque eso no ha impedido que sus raíces netamente españolas sigan presentes en su población La tierra de los hechizos O. Donde todo se sabe no hay narración posible Nada que objetar a Cormac McCarthy. Llegamos a San Antonio con imágenes preconcebidas, y por eso desenfocadas. Llegamos a este viaje con un itinerario mental que debía traducirse sobre el mapa de la realidad y luego levantarse de tal forma que las palabras y las imágenes fueran algo más que polvo, un recorrido inteligible que invitara a otros a calzarse nuestras sandalias, con los oídos y los ojos tan abiertos como esos observatorios astronómicos y estaciones de seguimiento de satélites que a veces, apunta McCarthy, por sus blancas cúpulas se confunden con las misiones españolas que surgieron como apariciones en tierras ignotas para los europeos que, siglos después, siguen sin acabar de entender qué es Estados Unidos. Y entre los enigmas mayores, el de esa sangrante frontera sur, que vista desde la otra San Antonio tiene un rico pasado del que dan cuenta museos como el de Buckhorn Hall of Horns vertiente se llama simplemente El Norte y es, escribe SerTEXAS gio González Rodríguez en San Antonio Golfo de Huesos en el desierto la México Goliad tierra de las realidades y de Corpus EE. UU. los hechizos imaginarios Del Río Christi Eagle Pass SANANTONI TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: CORINA ARRANZ Una tierra mestiza Piedras Negras Nuevo Laredo Desde que Alvar Núñez CabeLaredo El Cenizo za de Vaca se aventurara en Mirando City Los Ébanos McAllen Brownsville 1535 por pagos que el tiempo acabaría nombrando Texas, en recuerdo a los indios que allí había, son muchos los aluviones de gentes y meteoros que han caído sobre este rincón del Golfo de México donde desemboca un río que al norte llaman Grande y al sur Bravo, que ahora divide como frontera lo que antes era una sola tierra: Nueva España, es decir, México. Entre las muchas misiones y presidios que aquí se levantaron, y que fatigan Texas de topónimos y apellidos españoles, la de San Antonio de Valero, fundada en 1718 por franciscanos, acabó siendo la más afortunada. Parada del Camino Real que nacía en la ciudad de México, su plaza mayor se llama De las Islas en homenaje a los colonos canarios que echaron raíces, como da fe la catedral de San Fernando, alzada en el centro geo- Río Grande Reynosa Matamoros City N U E V O L E Ó N México San Antonio: Fundada como misión de San Antonio de Valero en 1718 por franciscanos españoles gráfico de San Antonio. Desde que los guanches pusieran en 1738 la primera piedra, en ella nunca ha dejado de rezarse, lo que la convierte en la más antigua del país a la hora de hablar de culto no ininterrupto. San Antonio habla español por los cuatro costados y desde su nombre a su paladar, su clima y su arquitectura, transpiran un pasado que compagina lo texano con un orgullo que parece intrínsecamente gringo y es al tiempo de raíz mexicana e índole española. Está a suficiente distancia de la frontera física como para amortiguar trasiegos, pero Un típico Saloon de San Antonio los coletazos de la rociada le conciernen: en la vecina Victoria murieron en 2003, asfixiados en un camión lechero, 19 indocumentados hispanos. Bajas de otra guerra distinta de la que en 1836 hizo que Texas ingresara en el panteón de hitos fundacionales de Estados Unidos que el cine y su predisposición para el hechizo alimenta con la fe del tío Gilito. El verdadero núcleo imantado de San Antonio es El Álamo: así fue rebautizada la secularizada misión en 1801 a partir de un destacamento de caballería español. Una constante recua de curiosos y patriotas quiere palpar las piedras donde, tras 13 días de asedio, las tropas del general Santa Anna liquidaron el 6 de marzo de 1836 a 189 independentistas texanos, entre ellos David Crockett, aventureros de Tennessee y Nueva York, irlandeses, británicos, algún alemán y varios mexicanos asentados en tierras que entonces eran México. Quien hoy vuelve a sitiar el fuerte son vendedoras hispanas de raspas o piraguas de nieve, como Melissa Baez, que tiene una teoría sobre el crimen y la culpa que encaja con la silla eléctrica: un hechizo texano. Entre los antros que han florecido al calor patriótico, uno ofrece la delicia de darse el gusto de experimentar una descarga no letal, que declinamos. Las más numerosas tropas de Santa Anna apagaron a sangre y fuego el foco revolucionario, pero avivaron la mecha que llevaría primero a los nueve años de Texas soberano y doce años más tarde a la pérdida de media nación a manos del poderoso vecino que sentaba así los reales de su potencia futura. Los jardineros mexicanos que riegan el monumento se toman un respiro del calor asfixiante a la sombra de una vieja encina y dicen que los gringos cambian la historia