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28 MARTES 2 8 2005 ABC Madrid Un laberinto de 4.000 kilómetros de galerías y colectores recorre el subsuelo madrileño Un total de 54 túneles para el tráfico y 32 de uso peatonal forman parte del Madrid bajo tierra b Desde que en 1857 se inagurase el Canal de Isabel II, el mundo subterráneo de la ciudad se ha transformado hasta convertirse en un queso gruyere JUAN SUÁREZ DE LEZO MADRID. Bajo tierra las sensaciones ambientales son diferentes. El espacio es reducido y la temperatura desciende de manera considerable. La humedad inunda la atmósfera en algunas zonas y las paredes vestidas con cables de alta tensión y tuberías de agua nos llevan a un mundo subterráneo ajeno a la mayoría de los ciudadanos. Para José Manuel, nuestro guía en este viaje a las entrañas de Madrid, es su lugar habitual de trabajo. Comenta que el punto en el que nos encontramos, situado en Príncipe de Vergara, tiene una temperatura mínima que oscila entre los 15 y 18 grados. Sin embargo hay otras zonas donde el calor llega a ser extremo, debido a la acumulación de cables de alta tensión. Estas galerías de servicio forman parte del kilométrico entramado de túneles que constituyen el subterráneo de Madrid. Bajo su asfalto, un laberinto con forma de queso gruyere hace las veces de submundo. Una estructura que, normalmente, el viandante no imagina cuando camina de un lado a otro de la ciudad. Amplio y moderno sistema de seguridad En el número 24 de la calle Guatemala, el Centro de Control es el que se encarga de supervisar el mantenimiento, la seguridad y el régimen de concesión de las Galerías de Servicio que pertenecen al Ayuntamiento. Mediante un sistema de circuito cerrado, los técnicos de la central pueden dirigir las cámaras para controlar todo tipo de movimientos que se produzcan en el subterráneo. Las alarmas saltan ante la más mínima sospecha. Si un intruso se introdujese en uno de estos conductos, los sensores de movimiento, junto a las cámaras de infrarrojos, lo detectarían de manera inmediata. Unas cuatro personas son las encargadas de inspeccionar todo lo que sucede en las galerías a través de varios programas informáticos, entre ellos el Avangis que sobre un plano de la ciudad señala los puntos de avería, las entradas de personal y los posibles incendios. Una seguridad infranqueable para aquellos que quieran dar una vuelta por el subsuelo de Madrid. Además, el Centro de Control tiene la misión de inspeccionar y mantener todos los túneles de tráfico rodado de la ciudad. Una pantalla gigante, dividida en múltiples monitores, les muestra en cada momento todo lo que sucede en el interior del pasaje. Los accidentes no son de su competencia a no ser que tengan que avisar a tráfico o reparar algún desperfecto. servación de las galerías está a la orden del día. Unos 2.500 operarios bajan cada mes a los 75 tramos de galerías de servicio, los cuales están dotados de los más avanzados sistemas de seguridad. Inspecciones periódicas Las labores de mantenimiento consisten fundamentalmente en dos clases de trabajo: por un lado, se realizan inspecciones periódicas de todas las estructuras y elementos de las galerías; por otro, se vigila el correcto funcionamiento de los sistemas de seguridad. De todo ello se encarga la empresa con- cesionaria; el Ayuntamiento, a su vez, controla el buen estado de los muros, paramentos y otros elementos de obra. El jefe de los retenes, que opera en la galería de servicios, pasa gran parte del año sumergido en el subsuelo de Madrid, de ocho a nueve horas durante un día normal, y de 15 a 20 un día complicado. En uno de los huecos cercanos a la entrada del subterráneo encontramos material de trabajo- -una sierra eléctrica y una taladradora- lo que hace suponer que algunos obreros se en (Pasa a la página siguiente) El ojo que lo ve todo En una primera inspección, llama la atención una protuberancia que sobresale de una de las tuberías. Es una boca de acceso con forma de boya gigante que se encarga de abastecer de agua a uno de los edificios del exterior. El cableado, que está sujeto mediante unos garfios que lo adosa a la pared, se pierde en la oscuridad del conducto hasta completar los miles de metros de recorrido del sector en cuestión. En ese momento, José Manuel enciende su linterna, apunta a la oscuridad e ilumina parte de la galería que conduce a la calle de Concha Espina. Unos conductos que no tienen nada que ver con la red de alcantarillado, por su limpieza. Aquí las ratas no suelen hacer acto de presencia. En un momento de la visita, un artefacto móvil llama la atención. Es una de las 259 cámaras de seguridad instaladas en los 99.800 metros de galerías que, como si de un espía se tratase, ha seguido nuestros pasos desde que accedimos al interior. Las cámaras infrarrojas- -provistas de sensores de movimiento que se activan en la oscuridad- -son las encargadas de vigilar todo lo que acontece en el subterráneo. La con- Unos 2.500 operarios bajan cada mes a los 75 tramos de galerías de servicio, que suponen algo más de 99.800 metros de longitud El subsuelo de Madrid está considerado por los expertos como un terreno consistente y de gran dureza que tiene mucho que ofrecer