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ABC MARTES 2 8 2005 Opinión 5 MEDITACIONES EL HOMBRE SIN PRISAS L AS últimas encuestas han sido recibidas en el PP con prudente optimismo, pero empiezan a provocar visiones enfrentadas sobre qué efecto producirán en Rajoy y en qué medida repercutirán en el lavado de cara del partido que proyecta para otoño. En esas estamos: para unos, los datos avalan el trabajo realizado hasta el momento y obligarían al presidente del PP a dejar las cosas como están; para otros, a tenor de los resultados, el PP debería aprovechar el momento para, manteniendo las esencias, cambiar de imagen y lanzarse al futuro con aires renovados, aunque en Rajoy lo de lanzarse resulte un eufemismo. Los poquitos que quedan en Génova se cruzan apuestas y los que están fuera se cruzan llamadas de móviles para intentar cuadrar un escenario en el que, al final, la llave la tiene el hombre sin prisas. Pasito a pasito, el jefe sube las escaleras, lo que, gallego él, tiene doble mérito. Los más francos, o los que- -por exceso o por defecto- -tienen menos que perder, lo reconocen abiertamente: Si hace un año nos dicen que estamos donde dicen que estamos, no se lo cree ni Mariano MARCO AURELIO LEER Y PENSAR MARAGALL O LA DISLOCACIÓN POLÍTICA FRIEDRICH HAYEK. EN LA ENCRUCIJADA LIBERAL- CONSERVADORA DE JOSEP BAQUÉS QUESADA Editorial Tecnos Madrid, 2005 184 páginas 13 euros P Liberales de todos los partidos La verdad y la eficacia terminan por imponerse sobre las ideologías. Es cuestión de tiempo. Quien fuera tenido (naturalmente, por la progresía retrógrada) por herético y reaccionario, alumbra hoy, al menos en parte, la concepción del Estado y de la sociedad y las políticas económicas dominantes en Occidente. Cuando la derecha (o el centro- derecha) superó sus complejos y pudo mirar intelectualmente de arriba abajo a una izquierda postrada y rectificada por la realidad, Friedrich Hayek fue uno de sus baluartes. El libro de Baqués Quesada, uno de los tres primeros de una nueva colección sobre historia y pensamiento político, examina la obra de Hayek, especialmente desde la perspectiva de la filosofía política, si bien no falta la exposición de sus críticas al Estado de bienestar. Concluye situando al pensador austriaco en el pensamiento político de nuestros días, donde se percibe su influencia en la derecha, pero también en la izquierda. En nuestro tiempo es posible, en gran medida gracias a él, encontrar algo de liberalismo en todos los partidos. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ASQUAL Maragall ha querido añadir una nueva página del catalanismo político pero quizás resulta que firma un parte de desmoronamiento. Toda la crónica de la redacción del nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña, sus ambigüedades y sus irresoluciones, implican una carencia monumental de liderazgo. ERC reclama que el 80 por ciento del texto estatutario es suyo, cuando la representación política de Carod de poco pasa los 600.000 votos, de modo y manera que la hegemonía del PSC- PSOE en Cataluña queda notablemente mermada, por no hablar de CiU. Son impresiones del todo aparatosas. Antes del 11- M, eran tres los objetivos de Maragall: ser un presidente mejor que Jordi Pujol, oponerse a un gobierno del PP con un nuevo Estatuto y ser el espejo institucional y estratégico en el que el País Vasco hallase la solución de sus males. Salga o no salga el nuevo Estatuto catalán, Maragall es un sujeto político que se queda VALENTÍ al margen del juego real, especialmenPUIG te si consideramos la posición de entidades políticas como José Montilla y quienes rigen la vertebración autonómica de España desde el PSOE. En la personalidad política de Pasqual Maragall hay algo del Silvestre Paradox barojiano, con su avutarda disecada a cuestas, con sus proyectos de salvavidas químico, pan reconstituyente, el cepo langostífero y la melino- piróxulo- paradoxita. El imbroglio es notorio. Incluso ha aparecido la vieja cuestión de los derechos históricos como si fuese cuestión de remontarse a las proto- históricas Bases de Manresa. Quién sabe en qué lugar recóndito resguardamos la voluntad de modernización política de España que Maragall reclamaba para el catalanismo político. Desde luego, Pasqual Maragall no está solo en este fabuloso viaje: le acompañan todos los partidos políticos de la cámara autonómica catalana, desde los pos- comunistas al PP, empeñados en ser parte del Establishment institucional catalán para perderse la sintonía con una calle manifiestamen- te ajena a la idea de un Estatuto que resuelva los problemas de una sociedad prioritariamente inquieta por el derrumbe del barrio del Carmelo y por la noción suspicaz del tres por ciento de la obra pública como peaje civil. Es un conjunto con visos de patetismo compartido, muy intenso, peculiarmente indicativo de lo que no es un oasis ni de lo que debiera ser una ventaja que mutatis mutandi sirviera de ejemplo a otras comunidades autonómicas como vía paradigmática. Tantas idas y venidas lleva ostentando la redacción del nuevo Estatuto de autonomía catalán que la mano presuntamente seducente de Pasqual Maragall ha quedado reducida a la función foránea de un comportamiento político excéntrico y sin poderes. Todo ha concluido en un imbroglio espectacular, amortiguado por las presiones propias del tripartito y por su considerable entorno mediático. Así llegan las cosas a La Moncloa, desvirtuadas, despojadas de la intrínseca virtualidad de una opinión pública catalana que vive del todo ajena a esas pretensiones estatutarias y a la idea de Cataluña como nación. Véase el supuesto clamor popular respecto a la idea de los derechos históricos de Cataluña, una estantigua que invoca en este momento la identidad de una Cataluña que en realidad se rige por los modos cotidianos de una juventud adscrita a la play station La impresión más directa es que la iniciativa de Pasqual Maragall carece de anclajes históricos. Estaríamos en el dominio incontrolable de la volubilidad política. Los problemas para Rodríguez Zapatero son mayores de lo que iban a significar las ventajas de tener un Pasqual Maragall en el poder. Entramos en fase de ajustes y recortes. Quién da más, quién acepta menos. Anticipar o no elecciones. Melancólico instante en el que a Silvestre Paradox le leen un dictamen del Boletín del Ministerio de Fomento Patente número 34.240. Ratonera- Speculum, de Don Silvestre Paradox. Denegada por no revestir la Memoria suficiente claridad vpuig abc. es