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4 Opinión MARTES 2 8 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil SOCIALISMO DE IDA Y VUELTA Rey Fahd AP L A habitualidad con la que el PSOE aplica el secreto a sus relaciones con las fuerzas nacionalistas no puede seguir considerándose como un apego a la discreción. Nada extraño hay en celebrar reuniones con otras formaciones políticas, aunque sorprende el hecho de que el socialismo cultive, cada vez con mayor asiduidad, el formato de los encuentros discretos salvo que entienda que no procede dar explicaciones difícilmente comprensibles. Si así fuera, entraría en contradicción con la esencia misma del talante, entendido por el presidente del Gobierno como vehículo de expresión y contacto con la sociedad. Esto es lo que ha ocurrido con la reunión que el pasado 21 de julio celebraron dirigentes de máximo nivel del PSOE y del Partido Nacionalista Vasco. La opacidad se justifica como discreción y el silencio sobre lo tratado se encubre en la mera constatación de diferencias. De todas formas, si en dicha reunión se trató la reforma del Estatuto vasco y una mesa de negociación para la normalización política, hay motivos para preocuparse. El método seguido, además, lleva al fondo del asunto y éste no es otro que el desconcierto que reina en el socialismo español cuando se trata de fijar criterio ante los nacionalismos. Pasado el tiempo de la novedad posterior al 14- M, el mensaje de que lo que importa es el diálogo ya no vende, ni sirve para disipar preocupaciones cuando los resultados se escriben en forma de crisis. En Cataluña, el fracaso del tripartito empieza a asomar con sombra de elecciones anticipadas y, en todo caso, aunque éstas no se celebren, el prestigio de la vía catalana está por los suelos. El diálogo con nacionalistas e independentistas no ha sido especialmente provechoso. Por esto mismo, resulta sorprendente que el PSOE se embarque ahora en aproximaciones al PNV. Según los estrategas socialistas, el acercamiento a los nacionalistas tendría que haberse producido en otras condiciones. El PSOE pensó que el rechazo del Congreso al Plan Ibarretxe amainaría los ímpetus soberanistas y resucitaría el alma autonómica del PNV. Luego, la concurrencia no impedida de una lista proetarra- -el Partido Comunista de las Tierras Vascas- -mermaría la representación parlamentaria del PNV hasta obligarle a elegir entre ETA y el PSOE. Finalmente, una reedición de los pactos transversales de 1986 permitiría a Rodríguez Zapatero avanzar en su política de alianzas con el nacionalismo y de aislamiento del Partido Popular. Nada de esto ha sucedido. El PNV ha vuelto a formar gobierno tripartito, con un programa tan soberanista o más que el de la anterior legislatura, con el apoyo del PCTV- -que es el apoyo de ETA- -y en un Parlamento más radicalizado. En este contexto, el PSOE debería renunciar a la siempre peligrosa diplomacia privada y exponer con claridad qué es lo que está en condiciones de pactar con un PNV cuyo presidente, José Jon Imaz, ha pedido sin disimulo un modelo de cosoberanía entre el País Vasco, Francia y España, es decir, un modelo inconstitucional que para el PSOE habría de ser óbice absoluto para entablar relaciones políticas con los nacionalistas vascos. Da la impresión de que el PSOE está buscando a toda costa una nueva estrategia que le permita mantenerse a flote en el País Vasco y compensar lo que podría ser un fracaso estrepitoso en Cataluña. El problema del PSOE- -que es un problema para España- -es que no tiene un discurso alternativo a los nacionalismos y sólo puede moverse en los aledaños de las estrategias nacionalistas, buscando hacerse un hueco con versiones light de los programas máximos del PNV o de Esquerra Republicana. Su margen de oposición se colma únicamente con cuestiones de procedimiento y de táctica, pero no hay actitudes de fondo que impliquen una defensa inequívoca de la Constitución y del Estado autonómico, plazas fuertes del sistema que el PSOE está dispuesto a negociar. Y si la vista se pone en el terrorismo, la traducción política que ha hecho hasta ahora el Gobierno sobre el ignoto proceso de paz con ETA no alimenta esperanza alguna de que las conversaciones con el PNV estén orientadas a una estrategia de firmeza y derrota de los terroristas, sino a una cotización conjunta del cese de la violencia. El PSOE debe ser autocrítico y comprobar que no puede permitirse la licencia de ser un partido al que todos los radicales y extremistas de este país se acercan porque saben que pueden recibir mucho, sin renunciar a nada y a cambio sólo de un poder precario. TRAS LA MUERTE DEL REY FAHD L LA BATALLA DE MADRID A muerte del Rey Fahd de Arabia Saudí no debería suponer ningún sobresalto, teniendo en cuenta que el que ha de sucederle, su hermanastro Abdalá, lleva ya más de diez años manejando personalmente las riendas del país. La continuidad más estricta está garantizada, aunque falta saber por cuánto tiempo. En efecto, Abdalá se convertirá en rey a los 81 años y acaba de señalar como su sucesor a otro de sus hermanastros, el príncipe Sultan, de 71, que es también uno de los alrededor de cuarenta hijos de Abdelaziz, el fundador de la moderna Arabia Saudí. No hay que ser muy perspicaz para adivinar que se acerca el momento de elegir a uno de los miembros de la segunda generación de la familia real, formada por cientos de jóvenes educados en las mejores universidades de occidente. El Rey Fahd encarnaba perfectamente el espíritu de esta peculiar familia real que nada en petrodólares y que tal vez quiso expiar los pecados de sus excesos mundanos contribuyendo a expandir por todo el mundo una doctrina religiosa radical que, en lo esencial, presenta no pocas incompatibilidades con las libertades conquistadas por las sociedades occidentales. Consciente o inconscientemente, esa política ha sido causa de parte de las convulsiones que atraviesa la comunidad islámica en su interior y en sus relaciones con el resto del mundo, y podría acabar siendo la mayor fuente de inestabilidad para los saudíes. A los fanáticos de Al Qaida les vendría muy bien desestabilizar a uno de los principales socios de Estados Unidos y el mayor proveedor de petróleo del mundo. L A reunión que ayer mantuvieron en el Palacio de la Moncloa el presidente del Gobierno y la presidenta de la Comunidad de Madrid permitió visualizar el desencuentro que existe entre el Ejecutivo socialista y autonómico, consecuencia, en buena parte, de una encarnizada batalla política en la que Madrid, joya de la corona del PP y codiciado objeto de deseo del PSOE, se ha convertido en escenario de una agria pugna de intereses cruzados. A nadie se le oculta que uno de los objetivos preferentes del Gobierno de Rodríguez Zapatero es la conquista de Madrid, lo que le permitiría liberarse de la presión política que ejerce una Comunidad que se ha convertido en estandarte y ariete del Partido Popular en su estrategia de oposición. Madrid, hoy por hoy, no sólo es para el PP un símbolo de resistencia, sino el instrumento clave para intentar recuperar el Gobierno de la nación. Pero en esta guerra, el Ejecutivo socialista se está excediendo en los medios y procedimientos empleados, porque, con las cifras en la mano, está cargando sobre los hombros de los madrileños los costes del enfrentamiento. Dicho de otro modo, las armas políticas que el Ejecutivo emplea contra el Gobierno regional de Esperanza Aguirre las sufren, a título individual, todos y cada uno de los contribuyen- tes de Madrid. No sólo se han reducido un 25 por ciento las inversiones del Estado en la Comunidad (825 millones de euros menos que en 2004) sino que casos como el de la reclasificación de Mintra- -el Gobierno socialista adujo, sin muchos argumentos, motivos económicos para tratar de justificar una decisión política- -han rebajado la capacidad financiera de la región en 6.500 millones de euros. Otras decisiones, como la reciente reducción de 236 millones de euros en la liquidación de impuestos, o el traslado de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones a Barcelona, son reveladoras del agravio comparativo que está sufriendo Madrid, víctima de un ajuste de cuentas que no se explica con los argumentos ofrecidos por el Ejecutivo. La estrategia puede provocar un peligroso efecto bumerán para el PSOE, en la medida que los madrileños perciban que se han convertido en rehenes de una batalla política; los efectos colaterales de la refriega son impredecibles, porque el fuego graneado y sus derivadas transversales contribuyen también a reforzar o diluir liderazgos, en el PP y en el PSOE, en un escenario político abierto y complejo. Pero más allá de la lucha partidista, Madrid y los madrileños merecen un trato distinto al que están recibiendo del Gobierno. EL TRIGO Y LA PAJA E L sumario del 11- M sigue dando frutos y desatando el morbo político- periodístico de un verano donde la información se cuece a fuego lento: fotografías de nueve miembros de la banda terrorista ETA con el sello de reservado fueron halladas en poder del marroquí Abdelhak Chergui, detenido en el curso de la investigación sobre el 11- M el pasado mayo en Granada. El terrorista almacenó en su álbum ocho instantáneas de distintos momentos posteriores a los atentados de Madrid. ABC sigue desgranando los datos más reveladores de un sumario que, separando el trigo de la paja, dibuja un escenario de relaciones cruzadas, inverosímiles a veces, donde las pistas se pierden en un horizonte de intereses superpuestos. Nombres y fechas para reconstruir un paisaje todavía incompleto.