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56 Los domingos DOMINGO 31 7 2005 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI EILEEN COLLINS Comandante de la nave Discovery Desde niña, sólo tuvo un sueño: volar. Ha sido la primera piloto de un transbordador y hoy es, también, la primera mujer comandante de una nave espacial Enseñadme a volar CREPÚSCULO DE SUPERHÉROES Di POR JOSÉ MANUEL NIEVES H cen quienes la conocen que sabe tener la cabeza en el cielo y los pies en la tierra. O al revés, que a falta de gravedad es muy difícil saber si se está patas arriba o cabeza abajo. En lo que todos coinciden es en que el cielo siempre ha estado en su cabeza, desde niña, y en que no ha parado hasta conseguir que se extendiera, también, al resto de su persona. Ahora, desde su atalaya orbital a 350 kilómetros de altura, nos mira a todos, aquí abajo, con la suficiencia y la superioridad de quien ha cumplido su sueño. Y no duda en despacharse a gusto incluso contra quienes le proporcionaron el billete de ida (la vuelta hay que ganársela aún) a la incipiente ciudad espacial que ella, como el que más, está contribuyendo a construir. La coronel Eileen Collins ha dicho que está defraudada, además de sorprendida, por la incapacidad de la todopoderosa NASA para evitar que se desprendan fragmentos de material aislante durante el despegue de los transbordadores. Fragmentos que, a 28.000 km por hora, chocan peligrosamente contra el casco de las naves y son capaces, como sucedió con el Columbia hace dos años, de herirlas de muerte. Creía que todo esto estaba superado ha dicho la comandante, que además opina que es mejor no realizar nuevas misiones hasta que se haga algo para prevenir que esto suceda de nuevo Sincera y con un punto de inocencia. Piloto y madre de dos hijos. Comandante del transbordador espacial y enamorada de la Historia... Por eso sorprende que le sorprenda. Pues claro que hay fallos técnicos. Y los seguirá habiendo. El propio jefe de la agencia norteamericana reconoció que nunca podremos evitar que se produzcan estos desprendimientos. La tecnología, es cierto, parece capaz de todo. Pero un análisis más atento pone las cosas en su sitio y nos muestra lo mucho que queda por lograr. Mandar una nave a Marte, por ejemplo, es algo que podemos hacer sólo porque sabemos calcular con bastante precisión las órbitas planetarias y las trayectorias de los objetos. Y no porque tengamos un vehículo capaz de ir y volver por sus propios medios. Los viajes espa- ciales son, literalmente, una partida de billar, pero a escala cósmica. Sólo tenemos energía para dar un pequeño impulso a las naves y para hacer ligerísimas correcciones de rumbo durante el viaje. El resto es rezar para que no haya imprevistos... Pero volvamos a nuestra protagonista. Fascinada desde niña por la aviación y los aviones, Eileen Collins tomó la determinación de convertirse en piloto a la edad de 16 años. Empezó a trabajar, y ahorrando de su paga semanal consiguió, tres años más tarde, reunir la cantidad que le permitió dar los primeros pasos de su meteórica carrera. Con diecinueve años y mil dólares en la mano se presentó en el aeropuerto y sólo dijo tres palabras: Enseñadme a volar En aquel tiempo (estamos a mediados de los setenta) los aviones eran cosa de hombres pero esto no arredró a la joven, que comenzó su formación militar como piloto en 1978, justo el mismo año en que la NASA abrió su programa de transbordadores al sexo fe- menino. Según declaró más tarde la hoy coronel de la NASA, aquella primera promoción de mujeres que habían conseguido convertirse en pilotos de élite hizo que su sueño creciera de forma desmesurada. ¿Y por qué no astronauta? Lo que sigue después es una década de duros estudios ¿para qué me harán estudiar tanta economía, si lo que quiero es volar? y entrenamientos. Por fin, en 1990, la NASA seleccionó a Collins para el Cuerpo Nacional de Astronautas y un año más tarde le dio su bien merecido título oficial. La carrera de esta flamante mujer del espacio es la envidia de su promoción y también de muchas de las que llegaron después. 6.280 horas de vuelo en treinta tipos de avión diferente, de las cuales 538 en el espacio. La coronel Collins es veterana de tres vuelos espaciales. Fue la primera mujer piloto de un transbordador y ahora es, también, el primer comandante femenino de una nave espacial que, ojalá. pueda volver sin problemas a casa. e ido al cine a ver Los 4 Fantásticos porque soy lector de cómics. Soy un individuo que viste de manera más o menos convencional, pero que sueña o se ha soñado alguna vez ataviado de colores relampagueantes, volando como un superhéroe común y silvestre de profesión sus rayos. Soy uno más de esos clientes carrozones que cada mes le arrebata a los chavales el género que llega a las tiendas especializadas. ¿Me das el último número de Lobezno -Se lo tengo reservado al niño de arriba. -Tú dámelo a mí, que yo no dependo de mi madre. Muchos años antes de aterrizar en Nueva York, ya sabía que Gotham City era su reflejo y ya me había paseado por sus calles gracias a Spiderman y Los 4 Fantásticos Hay quien tiene una experiencia de Nueva York a través del cine- -uno mismo ha recorrido esos territorios que pueblan el cinema de la memoria- pero la más personal y esencial de las mías es una remota viñeta de la Márvel. Nueva York es la ciudad del cine, de los sueños y de los rascacielos, mas sobre todo es la ciudad de los superhéroes. Por ello los atentados del 11- S han herido de gravedad a los guionistas de cómics. Los japoneses padecieron un bombardeo nuclear y por eso sus héroes siempre luchan contra monstruos y enemigos cuyo rocambolesco objetivo es destruir Japón. Así, a Ultramán, Sankuokai, Astroboy, Tetsujin 28- go y Mazinger Zeta hay que verlos como hijos de la bomba atómica, pues tiene mandanga que los alienígenas vengan desde el hiperespacio tan sólo para cargarse Tokio. Los superhéroes americanos, en cambio, combaten amenazas planetarias y su cometido es salvar la galaxia de la destrucción total. Pero Nueva York, escenario de aquellas batallas, ha experimentado una agresión que nunca imaginó ni el más delirante guionista de cómics. Desde entonces el peligro nos acecha en cualquier parte: -Oye tú, devuélveme mi cómic de Lobezno ¿Eres mutante, alienígena o metahumano? -Soy capricornio y voy a llamar a mi mamá. La destrucción de las Torres Gemelas ha dejado en bragas a unos superhéroes capaces de salvar al mundo, pero absolutamente incapaces de defender Nueva York. Y si ya la Tierra se salvó por los pelos de los ataques de Onslaught y Galactus, intuyo que en las próximas sagas nuestro planeta será totalmente destruido, aunque no por Annilhus o el Dr. Muerte, sino por cualquier energúmeno atacado de los nervios: -Oiga usted, deme el tebeo del lobo ése inmediatamente. -Vale, señora, pero me tiene que dar cinco euros. -Lo que te voy a dar es una guantá. En la soledad de su laboratorio Reed Richards duda sobre el futuro de Los 4 Fantásticos y bajo una gárgola del Chrysler Building Spiderman piensa que el mundo ya no está para grandes hazañas. Quizás ahora que se vislumbra un relevo en el universo de los superhéroes, haya llegado el momento que tanto esperaba desde niño. Mañana iré al notario para que me dé poderes, y a ver si recupero mi cómic de Lobezno www. fernandoiwasaki. com