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52 Los domingos DOMINGO 31 7 2005 ABC EL AVANCE DEL VIH Las calles de Chennai son un aterrador escaparate de la miseria, donde el sida y otras enfermedades avanzan sin control (Viene de la página anterior) Su madre es prostituta. Anand, de nueve años, lleva con él la enfermedad con mayor índice de transmisión del virus en todo el continente asiático, la falta de información y el gran desconocimiento de las causas de contagio está provocando verdaderos estragos entre la sociedad India. Es sorprendente el poco conocimiento que hay en torno al VIH. En mi país, este problema se observa como un mal o una enfermedad que sólo afecta a las personas impuras y que es imposible que yo me contagie porque yo no soy impuro, por lo que el mayor riesgo al que nos enfrentamos es el propio concepto que nuestra sociedad tiene de la enfermedad como algo inmoral y no como una enfermedad asegura la doctora Manorama. Por el momento, en el sureste asiático los programas de prevención del VIH sólo llegan a uno de En mi país, este problema se observa como un mal o una enfermedad que sólo afecta a las personas impuras cada cinco profesionales del sexo, a uno de cada veinte drogodependientes y a uno de cada cincuenta hombres que practican el sexo con otros hombres. Los programas no están llegando a los sectores de más riesgo afectados por epidemia de VIH. Sólo el 14 por ciento de las personas que necesitan los retrovirales tiene ocasión de administrárselos en el sur y sureste asiático, algo verdaderamente inaceptable. Con esta clase de cobertura será imposible frenar la epidemia, un panorama muy triste para Asia Así de contundente contestó a Los Domingos de ABC Rubén del Prado, subcoordinador general en la India de la Agencia de las Naciones Unidas contra la lucha contra el Sida (UNAIDS) cuando le preguntamos por la situación de la epidemia en el continente asiático. Las cifras del desastre LA OTRA CARA DEL PROGRESO POR JAVIER MORO ESCRITOR E ra una niña preciosa, de unos 11 años, con grandes ojos negros y una sonrisa llena de encanto. Me fijé en ella nada más entrar en el centro de acogida de Maiti Nepal, en los alrededores de Katmandú. Se llama Gina, tiene 14 años aunque no los parece- -me explicó Anuradha Koirala, una nepalí de 48 años que dedica su vida a recoger mujeres y niñas abandonadas, la mayoría antiguas prostitutas. Y añadió, de manera muy natural: Será la próxima en dejarnos Me costaba creer que esa niña de mirada angelical estaba en el umbral de la muerte. Pero al observarla de cerca, vi que tenía un bulto en el cuello. Se desplazaba con dificultad. Es un caso avanzado de Sida- -continuó diciéndome Koirala- Fue raptada en su aldea a los siete años y obligada a trabajar de prostituta en Bombay. El año pasado, cuando descubrieron que era seropositiva, la echaron del burdel. Recaló aquí El rostro de Gina era para mí el rostro del sida en Asia. En el albor del siglo XXI, miles de niñas son raptadas o engañadas en Nepal, la India, Bangladesh y Paquistán y forzadas a prostituirse en las grandes ciudades. Niñas de familias demasiado pobres para poder defenderse del mercado de la carne. Es un drama inmenso, que afecta a las más débiles de la sociedad, a niñas de siete a 16 años. Una tragedia silenciosa ante los ojos de un mundo que ni oye, ni ve, ni protesta. Una complicidad criminal. Es el otro lado del progreso, la cara oculta de un desarrollo vertiginoso como el que está experimentando la India con una tasa de crecimiento del 9 por ciento anual. El aumento de los transportes por carretera y la inmigración de mano de obra a las grandes ciudades son las grandes causantes de la propagación del sida. En las carreteras, porque están plagadas de clubes donde por una rupia un camionero puede comprar los favores de una menor. En las grandes ciudades, porque toda esa inmigración, mayoritariamente masculina, nutre un gigantesco mercado de la prostitución. Ese es el caldo de cultivo que permite al VIH desarrollarse con vigor. Albergo la esperanza de que, paradójicamente, el sida acabe haciendo justicia con las niñas pobres del subcontinente asiático. O mejor dicho, el miedo al sida. Ojalá la imperiosa necesidad de atajar la pandemia obligue a las autoridades a controlar el mercado de la prostitución, y de paso acabar con los abusos que se cometen diariamente con las más jóvenes, y las más pobres. El peligro es que si no se actúa rápido, Asia puede acabar como África, donde parece imposible controlar el sida. Entre cinco y siete millones y medio de personas infectadas por el virus, según los organismos internacionales, y veinte millones, según apuntan expertos y ONG locales. Esas son las cifras de una situación aparentemente fuera de control. El Gobierno centra todos sus esfuerzos en programas de prevención, pero, como señala Naciones Unidas, sus esfuerzos no son suficientes para frenar la epidemia Una gran parte de organismos nacionales e internacionales, como World Visión India o The Natz Fundation, echan en cara al Gobierno haberse olvidado de los cerca de veinte millones de víctimas inocentes del virus que se están muriendo como ratas en la calle. A nadie les importan estas personas, nadie les ayuda, nadie quiere aportar dinero para el cuidado y tratamiento de las personas infectadas por el virus y mucho menos el Gobierno y nuestra sociedad, porque simplemente son la vergüenza de la India y aún nos cuesta mucho aceptar que existe el sida en nuestra sociedad dice Anjali Goopalan, presidenta de la Natz Fundation.