Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 31 7 2005 Los domingos 47 1984 1992 1993 1995 1997 Irak utiliza armas químicas contra Irán hasta 1989. En 1988, también contra sus ciudadanos kurdos en la ciudad de Halabja. Convención en Ginebra sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento y el Empleo de Armas Químicas y su Destrucción En enero queda abierta la firma del texto de la Convención en una ceremonia celebrada en París. 130 países muestran su apoyo. En Japón, la secta Aum Shinrikyo ejecuta en el metro de Tokio un atentado soltando el agente químico sarín. Saldo: 12 muertos, 5.000 afectados. La Convención entra en vigor en 87 de los países iniciales. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas abre sede en La Haya. En Nueva York (en la otra página) la vigilancia es continua. A la izquierda, la Policía británica, con equipos NBQ, el 21- J. Arriba, agentes con máscaras antigás, el viernes en Londres Alarma en Londres EMILI J. BLASCO LONDRES. Cuando a primera hora de la mañana del 7 de julio la Policía recibió la alerta de explosiones en el Metro de Londres, agentes equipados con trajes de protección frente a gases químicos fueron enviados de inmediato a los lugares de los atentados. Se trataba de poner en marcha la operación que las Fuerzas de Seguridad británicas habían ensayado ya varias veces en los últimos años, en previsión de que el terrorismo islámico golpeara con alguna bomba química o incluso bacteriológica en los túneles del Metro. Lo mismo ocurrió dos semanas después, en los atentados fallidos del día 21, incluso con temor mayor de que esta vez los ataques fueran con gases. Las primeras versiones de los pasajeros de algunos de los vagones del Metro afectados indicaban que no se habían registrado grandes explosiones (sólo estallaron los detonadores) y que salía un humo que olía como a productos químicos. Tanto en el 7- J como en la siguiente ola de ataques se utilizaron explosivos elaborados a partir de peróxido de acetona, una combinación conocida como TATP o la madre de Satán usada en otras acciones de Al Qaida. Pero el hecho de que hasta ahora no haya habido ataques químicos no reduce el riesgo de que pueda suceder. Eliza Manningham, directora del MI 5, el espionaje interior británico, ha advertido de que las fuerzas de seguridad tienen noción de unos trescientos simpatizantes de Al Qaida en el país, pero estima que su número puede ser el doble y que alguna célula podría intentar preparar un ataque químico. Scotland Yard se ha sorprendido de la cantidad de material explosivo reunido tanto por la célula de Leeds como por la de Londres y no descarta que si se ha podido acumular suficiente material para su fabricación, futuros terroristas podrían tener acceso a otro tipo de componentes. Una bomba química tiene una elaboración compleja, pero la Policía considera que con el tiempo las redes locales de Al Qaida podrían acumular experiencia para fabricarla. Entre las espeluznantes variedades de estos venenos destacan los agentes nerviosos, como el sarín utilizado en el Metro de Tokio en 1995, el tabun, o el VX. Sus efectos se concentran en la trasmisión de impulsos nerviosos. Además de su extremada toxicidad, sus efectos pueden ser fulminantes con capacidad de producir la muerte en cuestión de minutos en caso de exposición a altas concentraciones a través de la piel o el sistema respiratorio. Los afectados pueden presentar un aumento de salivación, mucosidad, presión en el pecho, constricción de las pupilas y dolores de cabeza. Otros síntomas pueden ser el cansancio, la dificultad al hablar, alucinaciones y náuseas. Altas dosis pueden impedir la respiración, producir convulsiones y pérdida del control de los esfínteres. Otra posibilidad son los agentes vesicantes (que producen ampollas) como el gas mostaza utilizado en la Primera Guerra Mundial. Su uso está más dirigido a incapacitar que a provocar cuantiosas muertes. Dentro de esta categoría química también se encuentran agentes que afectan el sistema respiratorio como la clorina o derivados del cianuro. En todos estos casos, la rápida identificación del agente diseminado resulta crítica para determinar el apropiado tratamiento médico y efectivas medidas de protección civil. Armas radiológicas Las bombas nucleares, que implican un complejo proceso de fisión, son el ejemplo más devastador de esta categoría, aunque su desarrollo está limitado por el momento a gobiernos nacionales. Sin embargo, grupos terroristas pueden estar tentados de recurrir a dos alternativas más accesibles: atacar una central nuclear o un cargamento de material radiactivo y las llamadas bombas sucias En ambos casos se buscaría la dispersión de material radiactivo y el consiguiente pánico. Una bomba sucia es una carga explosiva convencional, como dinamita o C 4, acompañada por isótopos radiactivos. Al detonar, el número inmediato de víctimas sería relativamente pequeño pero sus efectos pueden resultar devastadores en función del tipo de material radiactivo utilizado, planes de evacuación disponibles y dirección del viento. Vecindarios ente- Los Gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña sospechan que los terroristas de Al Qaida han intentado hacerse con este tipo de materiales ros podrían quedar contaminados e inhabitables, con riesgo de graves enfermedades. El tiempo en que las zonas afectadas permanecerán contaminadas con radiación puede oscilar entre días o años, en función del material empleado. Ante la detonación de una bomba sucia se recomienda permanecer a cubierto, preferiblemente bajo el nivel del suelo. Hay que resguardarse de las corrientes de aire que esparcirán partículas radiactivas. Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña sospechan que Al Qaida ha intentado hacerse con este tipo de materiales, no siempre debidamente custodiados, como el estroncio 90 o el cesio 137. En estos afanes destructivos, se supone que lo más complicado es adquirir material radiactivo, no construir una bomba sucia