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16 Nacional DOMINGO 31 7 2005 ABC Un concejal socialista y una militante del PP relatan la dura experiencia de ser objetivo de la violencia callejera. La persecución y el acoso tejen en torno a sus vidas una maraña de miedo más cruel, en ocasiones, que una herida de bala El miedo regresa a las calles del País Vasco de la mano de la kale borroka TEXTO: M. LUISA G. FRANCO FOTOS: TELEPRESS BILBAO. La kale borroka ha vuelto a extender el miedo en la sociedad vasca que no comparte el ideario nacionalista. Se ceba en quienes tienen la osadía de expresar en público con libertad sus ideas. La presión incluye a las familias y teje en torno a sus vidas una maraña de pavor más cruel, en ocasiones, que una herida de bala. El concejal socialista de Berango (Vizcaya) Joseba Markaida y una militante del PP convertida en objetivo de la violencia callejera por su relación familiar con cargos públicos de su partido son dos de las cientos de personas que sufren persecución y acoso. El País Vasco es el único rincón de la Europa del siglo XXI en el que personas como ellas están condenadas por el entorno etarra a vivir pendientes de que el ruido que provocan los cócteles molotov al chocar contra la fachada de su casa les despierten en mitad de la noche y de que el penetrante olor de sus componentes químicos les rodee durante meses, recordándoles así que quienes les acosan siguen al acecho. Al hablar con estas dos víctimas de la kale borroka que pertenecen a dos entornos sociales completamente diferentes, lo que más llama la atención es la total indefensión en la que se encuentran y la extensión familiar del acoso. La militante del PP que no es cargo público- -ni lo ha sido nunca- -explica indignada que tras el ataque con siete cócteles molotov a su casa la única respuesta del Estado de Derecho a su situación fue, tanto por parte de la Ertzaintza como de la Policía Nacional, entregar sendas tarjetas con un teléfono para que avisen si vuelve a pasar algo y la indicación de que cerrara siempre las persianas por la noche y no dejara nunca su vehículo en la calle. Los chicos de la gasolina Esa fue toda la protección y el apoyo que recibió esta mujer, mientras quienes atacaron su casa pasean tranquila e impunemente por el pueblo en el que prácticamente sólo pernocta, ya que, desde el ataque con cócteles molotov a su domicilio, dejó de hacer la compra, de pasear e, incluso, de ir a misa en la localidad. Sale cada día de su casa en coche, a hacer la vida cotidiana en otros pueblos y en la ciudad más cercana y regresa por la noche a dormir al lugar donde cualquier día puede volver a recibir la visita de los chicos de la gasolina como les llamaba Xabier Arzalluz. Esta militante del PP cuenta con bastante sangre fría como el día que sufrió el ataque estaba sola en la casa, sentada en un sofá del salón, y como uno de los siete cócteles molotov pren- El caserío donde vive el concejal socialista Joseba Markaida ha sufrido en dos ocasiones ataques con artefactos incendiarios