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14 Nacional LUCHA CONTRA EL TERRORISMO ISLAMISTA OPINIÓN DOMINGO 31 7 2005 ABC La Comisión Islámica no se opone a un mayor control de las mezquitas EFE SANTANDER. La Comisión Islámica de España no se opone a que el Estado ejerza una mayor vigilancia en las mezquitas a raíz de los atentados de Londres, pero pide que se lleve a cabo sin violar los derechos y las libertades de los musulmanes. Así lo aseguraron los secretarios generales de la Comisión, Riay Tatary y Mansur Escudero, que participaron en el curso sobre la realidad religiosa española que esta semana tuvo lugar en la Universidad Menéndez Pelayo. Sin embargo, Escudero destacó que si la tercera parte del presupuesto que el Gobierno destina a la vigilancia de las mezquitas se dedicara a medidas de integración, como aumentar el desarrollo de los acuerdos de cooperación con el Estado o reforzar el diálogo con los musulmanes, dicho control resultaría más útil que incrementar la dotación policial Recordó que la comisión del 11- M concluye que la mayor parte de las medidas han de dirigirse hacia la cooperación, la integración y el diálogo, tanto con los musulmanes asentados en España como con los países del entorno TERRORISMOS LUIS MARTÍ MINGARRO DECANO DEL ILUSTRE COLEGIO DE ABOGADOS DE MADRID -S; 11- M; 7- J; ahora 21- J; Casablanca; Moscú; Bali, Srbenica, han sido aldabonazos cuya tragedia embarga a las sociedades modernas. El miedo se instala en la conciencia del hombre actual; el fenómeno tiene aires mitológicos monstruosos, indomables, de fatum Terrorismo islamista. En principio, terrorismo. Es decir: violencia, asesinato. Indiscriminación de objetivos y víctimas. Selección cuidadísima del impacto social, de tsunami mediático que hay que crear. Indefensión de las víctimas. El adjetivo islamista no es otra cosa que el calificativo para una estirpe de autores, un haz de pistas para buscar a los responsables. Pero el crimen es el terrorismo. La prueba es que si uno dice sólo islamista no está poniendo por delante ninguna forma nueva de delito, sino una legión de autores, con un soporte teocrático y difuso amalgamado por el fanatismo y manejado desde la oscuridad que proporciona el progreso tecnológico. Terrorismo, con todas sus notas de crimen, victimismo y clandestinidad. Caemos frecuentemente en pensamientos egoístas, utópicos, lejanos. Pongamos por caso la gastada tentación europea, claudicante, de dar al- 11 guna razón a los terroristas lejanos. Eso antes, y también ahora, cuando vemos como se avizoran razones para matar en fenómenos más cercanos. Y es muy de nuestro tiempo hacer ver que aunque no se deba ser violento, es posible adivinar o compartir, más o menos explícitamente, razones para la violencia terrorista. Hemos visto justificar a los montoneros, a los cheguevaristas, a los rebeldes chechenos o indonesios. Y seguiremos viendo sacar contenedores de cadáveres de niños de las escuelas, de espectadores de los teatros, de viajeros de los trenes Así pues, tenemos que tener claro que no hay lugar en nuestro mundo para la justificación del terrorismo. Ha pasado la hora del terror revolucionario en el que Saint- Just dijera que no hay lugar para la libertad de los enemigos de la libertad Y también el Enfrentémonos al terrorismo como lo que es: un crimen cobarde que hace, que fabrica, cobardes derecho ha arrumbado las coartadas de lo que fueron el terror blanco, los progroms, los milicos, los gulags, los balcanes, los tiranos, los represores, el holocausto, tantos holocaustos que martillean la dignidad de la vida humana sobre la faz de la tierra. Las arritmias o asintonías de crecimiento, cultura o bienestar; las exclusiones racistas, sexistas, de religión o de clase; las situaciones dictatoriales y los poderes fácticos y ocultos crean, sí, las condiciones para la violencia, las fronteras de la ira, los puntos de fricción en los que la intolerancia, la incivilidad y la ley del talión terminan por triunfar sobre el derecho. La mayor derrota del derecho es la que se produce cuando alguien cree que tiene derecho a quitar la vida a otro; cuando alguien cree que tiene razón para matar; cuando alguien mata para aterrorizar, cuando la muerte se utiliza como anuncio de otras muertes. Enfrentémonos al terrorismo como lo que es: un crimen cobarde que hace, que fabrica, cobardes. Un crimen que calla las voces de aquellos a los que mata. Y calla también las voces de los que, aterrorizados, sobreviven. Pero si queremos de verdad sobrevivir como ciudadanos y como pueblo, ni podemos callar, ni debemos tragarnos las mentiras de los que sin apretar los gatillos ni pulsar los detonadores a distancia, aprovechan sus ensangrentadas ondas explosivas para imponernos el silencio.