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ABC SÁBADO 30 7 2005 Los sábados de ABC 99 En los tiempos de la globalización, los aficionados a los tatuajes prefieren decorar su piel con dibujos exclusivos VIVIMOS COMO SUIZOS ROSA BELMONTE DIETA ORGÁNICA levisión y en la prensa. Muchos chicos vienen con fotos de Beckham para que les hagamos la cruz o las letras. También nos han pedido el corazón de Melanie Griffith Con los colmillos afilados Los aficionados van cada día más allá, en busca de otras formas de ornamentar su cuerpo. En algunos casos, casi atrocidades. Todo con tal de ser diferentes. Los piercing atravesando lenguas o cejas o en mitad del labio ya no llaman la atención. Ahora hay quien se los implanta dentro de la propia piel. Pero el interés por ser diferente va más allá de tatuarse o de agujerearse el cuerpo. Limarse los dientes para tener unos colmillos más afilados o pegarse pequeñas piedras brillantes sobre los dientes es algo cada vez más común en los estudios. Existen otras técnicas, en España aún poco generalizadas. Una de ellas es quemarse la piel hasta conseguir el dibujo o la forma deseada. Algo parecido son las escarificaciones: pequeños cortes o fisuras sobre la piel con los trazos que uno quiera. Luego se aplica un producto especial para que se retrase la cicatrización y de esta manera los cortes serán más voluminosos. Si las quemaduras y cortes para marcar la piel ya son técnicas de ornamentación dolorosas, aún hay más. Las orejas de gnomo, o lo que es lo mismo, cortes en distintas partes de las orejas para que con el paso del tiempo vayan adquiriendo forma redondeada. Ver para creer. ENTREVISTA TOÑO, TATUADOR Las cocinas están llenas de leyendas urbanas Los tatuadores clandestinos ensucian a los profesionales Doce años con las agujas entre las manos lleva Toño en su estudio de la calle de San Blas, uno de los tatuadores más antiguos de Valladolid. Comenzó, como la mayoría, por afición, en casa y rodeado de amigos. Ahora no deja de trabajar haciendo verdaderas obras de arte bajo la piel de una clientela que suele repetir. ¿Cuál es el perfil de sus clientes? -De todo tipo, jóvenes, mayores, hombres, mujeres. Tenemos un público muy variado y cada vez más atrevido. Aunque las partes del cuerpo sobre las que más se dibuja suelen ser piernas, espalda y hombros, los tatuados ya no tienen tanto miedo a enseñar la marca y se la hacen en el cuello o en sitios más visibles. Sobre lo que no trabajamos son las caras y las zonas que más me gusta dibujar son el tobillo y la pierna. ¿Y quién se queja más, los hombres o las mujeres? -Aquí sí hay una diferencia importante. De cada diez hombres, ocho se quejan mucho; sin embargo, del mismo número de mujeres, sólo se quejan dos. -Y hablando de quejas, ¿cuáles son las zonas más dolorosas? -Las que están cerca de los huesos y de las articulaciones. Cuanto más cerca esté del hueso, más duele. También las zonas muy musculosas son dolorosas. Por ejemplo, en la cabeza no duele. ¿La gente todavía desconfía de las condiciones higiénicas en las que realizan su trabajo? -No, normalmente no se preocupan, vienen bastante confiados. Actualmente, los estudios están avalados por las inspecciones sanitarias a las que se les somete. Aunque todavía existe algún marrano que trabaja de forma clandestina y ensucia la imagen de los verdaderos profesionales. Si yo fuera a hacerme un dibujo también me preocuparía en mirar anteriores trabajos del tatuador, para ver si me gusta como profesional, porque luego se ven por ahí verdaderas burradas y eso pasa por desconocer cómo trabaja ese profesional. ¿Qué le ha sorprendido últimamente? -El otro día llamó un chico preguntando que si le cobrábamos menos por realizarle el tatuaje con agujas ya usadas. Me parece increíble que alguien se arriesgue a coger una enfermedad por cuatro euros de diferencia, pero lo que más me sorprendió en ese caso es que llamó para interesarse porque había oído que algunas personas, probablemente las que trabajan de manera clandestina, lo hacen así. C Melanie Griffith, pintada de Antonio Angelina Jolie, otra fierecilla en la piel David Beckham, su cruz ha creado escuela uenta Chuck Palahniuk en una de sus piezas cortas (recogida en el volumen Error humano lo encantados que se dirigen a él algunos camareros por lo que escribió en El club de la lucha Exactamente por aquello que se refiere a las guarradas que parte del gremio hace con la comida. Un camarero le pidió que le firmara un ejemplar y le contó que trabajaba en un restaurante donde las guarradas eran continuas con la comida de los famosos. Margaret Thatcher se ha comido mi esperma. Por lo menos cinco veces le dijo (no aclara si su padre era minero o algún otro tipo de damnificado) Me he acordado de la dieta orgánica de Margaret Thatcher por otra fechoría de actualidad: un fontanero ha sido condenado a 150 horas de trabajos comunitarios y a pagar una multa de 5.468 euros por haber orinado en un jarrón de la casa en la que trabajaba (vaya, sale casi igual de caro que atropellar a alguien y darse a la fuga) Por cierto, la pieza de Chuck Palahniuk se llama Si no hago todo lo que veo, me meo El fontanero estaba en una casa tipo Gran Hermano creada por el gobierno británico para vigilar a los empresarios. O sea, que había cámaras. Ya no sólo se ponen cámaras a las niñeras, también a los plomeros. Y resulta que una de las cámaras grabó a uno de los trabajadores a punto de orinar en un jarrón (lo de a punto no lo entiendo muy bien, ¿qué pasa, que empezaron a saltar las alarmas? ¿que la casa se llenó de policías? En su descargo (ya no de la vejiga) dijo que sabía que lo estaban grabando, que lo había hecho para protestar por la falta de confianza. Lo mejor es que el vídeo se emitió por televisión y eso confiesa que le ha destruido la vida y que él y su familia se han tenido que mudar. Me da una pena (bueno, la familia quizá sí) No, si al final la broma le ha salido más cara que la huida a Farruquito. No me gustan las cocinas abiertas en los restaurantes, esas en las que vemos a los cocineros y pinches trabajando (yo para eso me voy a ver cómo mi madre hace arroz y conejo en su casa) Sin embargo, cuando leí el miércoles un artículo en The New York Times sobre el asunto ya no lo tenía tan claro. En Sí, la cocina está abierta. Demasiado abierta Frank Bruni criticaba esa tendencia (mi parte favorita es cuando relaciona las cocinas abiertas con los cocineros famosos y dice que Laurent Tourondel, en el BLT Fish, mira desde la cocina al comedor como si fuera Evita en su balcón pero sin el brazo en alto) Después de conocer la dieta de Margaret Thatcher no sólo soy partidaria de las cocinas abiertas sino que cada vez me gusta más la barra del Kabuki con Ricardo Sanz preparándote primorosamente la comida en tus narices.