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64 SÁBADO 30 7 2005 ABC FIRMAS EN ABC adicción también produce daño físico, psíquico y, en ocasiones, la muerte del adicto e incluso de personas de su entorno, nuestro nivel de tolerancia hacia ellas también debe tender a cero. El próximo noviembre en Valencia el IDYCA en colaboración con la Universidad San Pablo- CEU, el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, la Dirección General de Drogodependencias de la Generalitat Valenciana y otras instituciones de reconocido prestigio, organizan un Congreso Nacional en el que se pretende abordar estos y otros temas relacionados con la Sociedad de Consumo ¿de Drogas? El verano es un tiempo en el que parece que todos y todo se van de vacaciones, incluida nuestra sensatez, nuestro sentido común, nuestra responsabilidad hacia nuestros hijos, etc. Si a esto le unimos que el desmelene de las series de televisión crece durante esta época y que el tiempo libre del que disponemos todos, incluidos los jóvenes y adolescentes, es mayor, tenemos todos los puntos para que el verano nos depare alguna sorpresa desagradable. Apliquemos tolerancia cero a las drogas e invirtamos un poco más en el diálogo y el tiempo con nuestros hijos que seguro que actuará como un excelente mecanismo preventivo contra las drogas, y probablemente nos divierta mucho más que cualquier culebrón de la televisión. Hace poco escuché a alguien citar a una persona sabia, la cual a la pregunta ¿qué cambiaría de su vida si volviera a vivir? respondió: Dedicaría más tiempo a las cosas importantes y menos a las cosas urgentes FRANCISCO JAVIER ROMERO VICERRECTOR DE INVESTIGACIÓN DE LA UNIVERSIDAD CARDENAL HERRERA- CEU ¿TOLERANCIA ANTE LAS DROGAS? Si la adicción es una enfermedad, el mensaje hacia la juventud es claro: nadie busca la enfermedad ni juega con ella... OS noticias de los últimos días, en relación con las drogas en España, merecen un momento de reflexión, especialmente en la mitad del verano. En primer lugar, el dato espeluznante de que el 0.9 del producto bruto mundial esta relacionado con las drogas. En segundo lugar las diversas declaraciones recogidas en los medios con motivo del último foro acerca de este tema, organizado por el Ministerio de Sanidad. En éstas se podía leer la voluntad de unos y otros por invertir esfuerzos de todo tipo en la mejora de este problema, que afecta a un porcentaje nada despreciable de la población española. Desde el Instituto sobre Drogas y Conductas Adictivas (IDYCA) de nuestra universidad hemos realizado análisis retrospectivos en diferentes ámbitos buscando las razones de los valores crecientes de consumo que se dan en España. Un denominador común a casi todos los hallazgos reside en la banalización del fenómeno por parte de los lídesultados científicos que muestran los daños, sobre todo cerebrales, que las distintas drogas de abuso provocan. Esta estrategia se basa en la iniciada por el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas norteamericano (NIDA, de sus siglas en inglés) con el que el IDYCA colabora, que plantea la adicción como una enfermedad crónica, recurrente y tratable. Por lo tanto, si la adicción es una enfermedad, el mensaje hacia la juventud es claro: nadie busca la enfermedad ni juega con ella. Lo simple de este mensaje es lo que lo convierte en complicado de transmitir, pues requiere de un cambio generalizado de actitud de toda la sociedad frente al problema de las drogas. Si queremos una sociedad libre de drogas, todos y cada uno de nosotros debe cambiar su actitud hacia ellas. No me refiero hacia el adicto, que es un sujeto enfermo, sino hacia las drogas en sí mismas, que en último caso son las que van a engordar el bolsillo de unos pocos (muy pocos) que, por supuesto, jamás se han planteado consumir la porquería que venden. Se hacen campañas como la de la Generalitat Valenciana, en las que se llama a la tolerancia cero con los malos tratos, porque producen daño físico, psíquico y, por desgracia, muchas veces la muerte. Si la D res de opinión (entre ellos podemos incluir políticos, medios de comunicación, responsables sociales e, incluso en ocasiones, responsables sanitarios, etc. Esta banalización considerada patrimonio de la progresía, se manifiesta de formas diversas. Las alusiones jocosas al consumo de drogas en determinadas series televisivas, los chistes al respecto, etc. que en todos nosotros provocan al menos una sonrisa. Los profesionales sanitarios que tratan a estos enfermos de adicción, especialmente a los adictos a sustancias químicas, no le ven gracia a la cosa. La polémica generada por algún líder político regional acerca de la posibilidad de liberalizar la venta del cannabis, e incluso la propia existencia de un partido político con este nombre, aún está en la mente de los consumidores, que la usan como argumento para defender su consumo. El IDYCA desde su creación, ha planteado entre otras, una estrategia de prevención en escolares basada en la presentación de re- JOSÉ JOAQUÍN IRIARTE ESCRITOR MENOS CERVANTES Y MÁS MIHURA l 21 de julio se cumplieron cien años del nacimiento de Miguel Mihura, soltero impenitente, vago confeso, escritor genial. Su teatro tiene todos los ingredientes que puede apetecer el público más exigente y el menos preparado, el que conoce los secretos de la carpintería teatral y el que no sabe nada de bambalinas ni de forillos ni de mutis ni de voces impostadas. El teatro de este madrileño nacido en 1905, y que no llegó a pronunciar su discurso de ingreso en la Real Academia Española, tiene ternura en grandes dosis, lo que denota su gran conocimiento del alma humana. Tiene, también, gracia y humor a raudales, pero no esa gracia ni ese humor de sal gorda, burdos y fáciles, tan frecuentes en los escenarios españoles y que contaban con un público seguro y fiel, dispuesto a soltar la carcajada y a celebrar con estrépito con los vecinos de butaca las escenas o los parlamentos más vulgares. A Mihura le horrorizaba la chabacanería. Decía Chesterton: La vulgaridad es estar ante la grandeza y no darse cuenta Por eso, muchos no se han dado cuenta del talento (de la grandeza) que adornó la obra de Mihura, a quien- -y no es hipérbole- -habría que buscar entre sus competidores, entre sus pares- -saltando las fronteras de los siglos- -a su homónimo Miguel de Cervantes. Por lo menos, el autor de Tres sombreros de copa es el autor de más ingenio y sutileza de los tiempos re- E cientes. Las tesis doctorales sobre su obra se cuentan por centenares. Mihura se desesperaba cuando veía las representaciones de su obra Tres sombreros de copa. En un principio, los actores eran dóciles a las indicaciones de que fueran comedidos en las escenas graciosas. Al cabo de las primeras representaciones, los actores olvidaban las sugerencias y sobreactuaban el papel para desesperación del autor. Lo que él pretendía con su primer trabajo teatral era distinto: algo nuevo, diferente, revisionista, que dijera cosas sin aire intelectualoide un estilo revisionista, en suma, que rompiera moldes con aquel teatro lleno de tópicos y de situaciones previsibles. Mihura fue precursor del llamado teatro del absurdo Diecisiete años antes de que Ionesco estrenara su obra La cantatrice chauve (La cantante calva) Mihura ya había escrito Tres sombreros de copa que tardó veinte años en ser representada, de la mano de Gustavo Pérez Puig en el TEU (Teatro Español Universitario) Las peripecias de esta comedia, tan representativa del teatro del absurdo que fue desechada por empresarios, actores y actrices tantas veces, fue la que escribió Mihura con más fruición y cariño. Fueron, sin embargo, tantos los desengaños y vicisitudes que. hastiado, llegó a guardar el manuscrito en un cajón, dándole sepultura a la comedia que siempre estaba a punto de estrenarse y que una mano negra, al pare- cer, lo evitaba. Mihura se replanteó su trabajo de autor y derivó en un teatro más del gusto del público que, sin ser simplón, fuera simple, sencillo, al alcance de los que pagan las localidades. Así se entiende el éxito arrollador de Maribel y la entraña familia, su obra de más éxito. Se sobrepasaron las mil representaciones. Era una comedia- -confiesa el propio Mihura- -que me había salido con una exactitud cronométrica, y sin ninguna pieza que fallase. El público se reía, se emocionaba, se intrigaba siempre en aquellas escenas en que se tenía que reír, que intrigar y que emocionar El tercer acto le costó acabarlo para desesperación del empresario, de los actores y de él mismo. Porque Mihura, además de genio- -o por serlo- -era un autor atípico. Ensayaron, por ejemplo, dos de los tres actos de Maribel sin haber acabado de escribir el último. Y lo peor de todo, sin saber cómo iba a rematar el enredo. Doña Paula, Marcelino y Maribel (los tres personajes principales de la comedia) mantienen este diálogo al final del segundo acto: Doña Paula: Verás la casa. Marcelino: Y verás la fábrica. Maribel (Apenas con un hilo de voz) Y también veré el lago, ¿no es eso? Marcelino: ¿Y por qué no? Doña Paula: A mí me han dicho que es muy hermoso... Y además tiene un bonito nombre. Le llaman El lago de las niñas malas Mihura, recordando aquel modo tan suyo de trabajar, escribe que esa frase de doña Paula le comprometía seriamente: ¿Por qué el lago de las niñas malas? ¿A qué venía eso? ¿En qué lío me había meti- do? La frase era bonita. El final del acto era perfecto e inquietante. ¿Pero qué podía inventar yo para justificar eso del lago de las niñas malas? La verdad es que no tenía ni idea. Yo mismo, tontamente, me había metido en un tremendo laberinto Sobre su apatía, no le dolían prendas en confesar que no le tenía afición al teatro ni a nada. Y como tanto me da una cosa que otra sigo, por inercia, en esta profesión Además de por inercia, llevaba el teatro en la sangre. Su padre fue actor, autor y empresario. Él siempre se dedicó a escribir (y a dibujar) Dirigió La ametralladora y fundó La Codorniz. Debajo de la mancheta aparecía la célebre inscripción: El periódico más audaz para el público más inteligente Escribió guiones y diálogos para medio centenar de películas. Todos los veranos se marchaba a san Juan de Luz. Tenía la mirada opuesta a la que se espera ha de tener un comediógrafo. Así como él decía que había gente que tenía cara de visita él tenía cara de tío soltero para quien las visitas son las quintaesencia del aburrimiento. Me gustaría saber que opinaría Mihura, si viviera, de la España actual. Vivió hasta los albores de la Transición. ¿Con qué ojos miraría el Plan Ibarretxe o qué consideraciones le sugeriría el estatuto de Cataluña? ¿Qué diría de la palabra Nación Un mujeriego como él, dudo mucho que no fuera crítico del matrimonio de homosexuales. No es fácil imaginar todas estas cuestiones porque también los grandes escritores- -Mihura lo era- -son hijos de su tiempo. No se pueden trasladar a otro tiempo anterior o posterior. Su tiempo fue el de tres cuartos del siglo XX, el más sangriento de la historia. Por eso su palabra amable neutralizaba tantas amarguras.