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6 Opinión SÁBADO 30 7 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA GUSTAVO ARÍSTEGUI DIPUTADO DEL PARTIDO POPULAR UN INVENTO PERVERSO UECHO, o Getxo, en la orilla derecha de la ría del Nervión, es un buen retrato de lo que ocurre en Vizcaya y, por extensión y con matices, en todo el País Vasco. Se trata de una de las mejores zonas residenciales de Bilbao y sus distintos barrios- -Algorta, Las Arenas o Andra Mari- -alojan a clases medias, instaladas y tradicionales. El alcalde Iñaki Zarraoa, pertenece al PNV y, siguiendo el patrón establecido en el territorio, la mitad de la población no es nacionalista. Sin embargo, una minoría alarmantemente independentista impone su ley y, como ayer valoraba en estas páginas Marisa Arrúe, senadora y portavoz del PP en el Ayuntamiento de GueM. MARTÍN cho, es peligroso para alFERRAND guien que no comparta el fervor separatista acercarse a las fiestas del lugar. En ese caldo de cultivo no resulta raro, aunque sí indignante, que el alcalde haya dispuesto adornar el pecho de los buenos vecinos, los que hablan vascuence, con un pin que acredite su conocimiento lingüístico y, de paso, marque una frontera con los ignorantes del euskera que, se supone, por serlo no merecen la consideración de residentes respetables. En otras circunstancias, el asunto sería menor y mucho más para la risa que para la irritación; pero los excesos nacionalistas, tan crecientes, comienzan ya a debilitar la paciencia de quienes, con el amparo de la Constitución, nos limitamos a ser españoles y, sólo en un plano antropológico y sentimental, le añadimos a esa condición la regional que nos haya tocado en suerte. Es un tópico afirmar, al hilo del disparate de Guecho, que desde la Alemania nazi en su trato con los judíos no se veía por Europa un caso tan claro de discriminación ciudadana. Eso asusta. La esencia del pensamiento de Sabino Arana, con perdón por la ligereza en el uso de la palabra pensamiento, se destila de un orgullo vizcaitarra racista, xenófobo y distante de todo cuanto no cabe entre las cuatro paredes del caserío. Saber vascuence está muy bien; pero eso no puede ser, ni desde la ley ni desde el sentido común, una nota de distinción para el establecimiento de una clase de ciudadanos de primera en desprecio de los de segunda, quienes no están tocados por el don de lenguas y desconocen tan primitivo como escaso idioma. El pin del alcalde de Guecho es un invento perverso, discriminador y alarmante. Es el síntoma de una situación en la que la mitad de la población quiere anular- ¿expulsar? -a la otra media. Es la apología de un marco en el que, después, puede incrustarse el cuadro terrorista y, desde el asesinato hacia abajo, toda la patología social que cursa con estos fervores de aldea en un tiempo y en un mundo en el que, por las buenas o por las malas, estamos llamados a la globalización. Es el retorno del radicalismo que, kale borroka incluida, le sirve de placenta al último de los grupos terroristas de Europa. G ¿ALIANZA, DIÁLOGO O CONVIVENCIA DE CIVILIZACIONES? El autor mantiene que la erradicación de la pobreza no desembocaría en el final del terrorismo, porque los fundamentalistas pretenden dominarlo todo Una alianza de civilizaciones sólo es posible entre democracias que compartimos principios y valores E L apoyo del primer ministro británico Blair ha reabierto el debate sobre una cuestión extraordinariamente mal planteada, la de las razones y las causas del terrorismo. Nadie puede dudar de las buenas intenciones de fondo si hacemos abstracción del oportunismo político, pero no se pueden ignorar las perniciosas consecuencias de este inútil y ciertamente arriesgado debate. El terrorismo ni ha tenido, ni tiene ni tendrá razones, eso que el presidente del Gobierno denomina el mar de la injusticia universal que es el perfecto complemento a su alianza pues lo segundo sin lo primero no se entendería. No conozco a ningún analista importante que no se haya sorprendido (palabra que se usa en el lenguaje diplomático para expresar su rotundo rechazo) ante el planteamiento peligroso y comprometido del mar de la injusticia, que sirve de base a la alianza. Si su base es tan resbaladiza y arriesgada, ¿cómo podemos darle credibilidad y fundamento al remedio que de ella nace? El planteamiento es profundamente erróneo porque presupone que se puede terminar con el terrorismo acabando con sus razones por medio de la alianza de civilizaciones. He ahí el craso error, pues el terror no tiene razones, usa y abusa de pretextos y, si todos los conflictos que le han servido de excusa desaparecieran, ya se ocuparían sus teóricos de inventarse nuevas razones a las que sólo cabría oponer la sumisión de la civilización y de la democracia al terror para escapar de su ira. Es evidente que eso no ocurrirá. No hay más forma de terminar con el terrorismo que su derrota, y con la lucha en el terreno de las ideas, pues la superioridad ética y moral de la democracia y el respeto a los Derechos Humanos no admiten duda ni compromiso alguno. La pobreza genera retraso, muerte y desolación, así como inestabilidad geopolítica y geoestratégica, pero en el continente más pobre del planeta, que es África, no hay movimientos terroristas, hay violencia tribal y guerras civiles así como enfrentamientos entre vecinos como consecuencia de la artificiosidad de algunas de sus naciones. El islamismo radical aumenta en un número creciente de países por el activo- -y a veces violento- -proselitismo, convenientemente engrasado con cantidades ingentes de dinero vergonzante de quienes quieren aplacar sus conciencias o mantener el fenómeno fuera de casa. Conviene subrayar que en esto último han fracasado estrepitosamente. En el análisis del fenómeno terrorista podemos hablar de factores que favorecen la expansión de las ideologías violentas y totalitarias, que alimentan al terror y le sirven de combustible diabólicamente eficaz. En este proceloso océano naufraga el mar de la injusticia universal pues son docenas los factores que han incidido en la expansión del fanatismo. Sólo mencionaré algunos: el colonialismo y -Me niego a abandonar la lucha armada. Tú que me conoces, Patxi, dime quién narices soy yo, sin pistola.