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ABC VIERNES 29 7 2005 Espectáculos 59 -Es como cualquier cosa, cuando tú te lanzas a creer en algo, sea positivo o negativo, es un poco como enamorarse: sabes que vas a saltar a un acantilado, sabes que te van a romper el corazón, pero saltas de todas formas. -Cuando acepta un proyecto nuevo prima el guión, pero ¿se fija también en quién lo dirige y quién lo interpreta? -Cuando elijo un proyecto siempre hay muchos factores, el director, los actores, pero básicamente siempre empieza y termina con el guión. Por ejemplo, cuando hice la película Cómo perder a un chico en 10 días el final del guión no estaba bien y tuvimos que ir cambiando un poco sobre la marcha. Básicamente va con mi instinto, porque si me gusta la idea, la combinación, lo acepto y lo hago lo mejor que pueda. Luego, al final, lo tienes que dejar en manos de otro, del director, del montador, etc. ¿Se volvió supersticiosa a raíz de hacer esta película? -Siempre he sido un poco supersticiosa, tengo mis amuletos, mis cristales que siempre llevo cuando voy de viaje. No veo a mis padres como actores Kate Hudson ha nacido entre estrellas: su padre biológico es el músico y actor Bill Hudson, su madre la actriz Goldie Hawn, que interpretó a la ex mujer de Woody Allen en Todos dicen I love you y su padrastro, a quien llama papá es el actor Kurt Russell. Sobre si le ha beneficiado o no en su carrera, la joven actriz confiesa: Es una mezcla. Ser la hija de quien soy me puede abrir las puertas de una prueba, pero luego siempre me da la sensación de que estoy bajo una lupa, de que me exigirán más De su relación destaca que me han castigado, educado, gritado... No los veo como a unos actores, sino como a mis padres No debe haber sido una mala experiencia cuando su primer hijo lo ha tenido con Chris Robinson, el cantante del grupo de rock Black Crowes. La superstición no es lo mismo que creer en algo sobrenatural, aunque sí creo que hay algo ahí fuera y que es posible contactar con ello. -Justo antes de empezar el rodaje se quedó embarazada y el director tuvo que esperar casi un año para reiniciarlo. -El director tenía razones para esperar y aprovechó el tiempo para buscar las localizaciones; casi me lo agradeció, porque logró encontrar la casa que quería exactamente. ¿Cómo le ha afectado en lo personal el nacimiento de su primer hijo? -Lógicamente el nacimiento de mi hijo me ha cambiado mucho la vida pero, a la vez, me ha dado una energía que antes no tenía. Llegué con tanta fuerza al rodaje que estaba dispuesta a hacer todas las escenas. -Tras su Globo de Oro y su nominación al Oscar por la película Casi famosos se crearon grandes expectativas a su alrededor. ¿Qué queda de aquello? -La nominación me cambió la vida y no estoy decepcionada por no haberlo conseguido. La gente sueña con ganar un Oscar, pero yo sólo tenía 21 años. Mi padre se refiere a su padrastro, el también actor Kurt Russell me dijo: Enhorabuena, ahora puedes empezar tu carrera Son unas palabras que valoro mucho. ¿Cómo fue trabajar junto a Gena Rowlands y John Hurt? -No les conocía personalmente, pero sí sus películas. Para alguien joven es importante conocer a ciertas actrices, como Gena Rowlands; trabajar con ella fue maravilloso: he aprendido mucho a su lado. En cuanto a Hurt, como su personaje no puede hablar, tiene que comunicarse a través de los ojos, un reto para la interpretación. ¿Cuáles son sus próximos proyectos? -Estoy trabajando en una película muy graciosa con Owen Wilson que se titulará You, me and Dupree No es una comedia romántica, sino una comedia pura. ¿Le ha ayudado su físico en su trabajo? -Prefiero hacer papeles que no me obliguen a pasar dos horas en la sala de maquillaje. De todas formas, nunca me dan papeles de chica exuberante, sino de la guapa accesible. Me encanta la ropa, pero puedo salir tranquilamente a la calle sin maquillar. Tras la puerta se esconde un secreto de magia negra y hoodoo La llave del mal Merienda de negros EE. UU. 2005 Director: Iain Softley Intérpretes: Kate Hudson, Gena Rowlands, John Hurt JAVIER CORTIJO Kate Hudson, junto a su madre, Goldie Hawn AFP l cuenco de cobre del vudú, la magia negra, la santería zombi y demás perrerías sureñas siempre ha servido para quitarle al cine de terror cierto almidón gótico, dejándolo con la camiseta más sudada que Lance Armstrong de picos galos. Aprovechando que las aguas del género bajan turbulentas y de todos los colores (del amarillo al marrón pasando por el gris oscuro) el inesperado Iain Softley Las alas de la paloma Blackbeat le da un electroshock al invento, revistiéndolo de una capa de clasicismo no demasiado apolillada y un limo literario que va desde Bierce a Barker pasando por Lucius Shepard o incluso Faulkner en día de bajón. Y eso que las premisas tampoco son cántaros de originalidad, con una dichosa mansión encantada y entarimada a la que entra a servir una rubia con Escarabajo rojo (Kade Hudson, la pobre, que pasa holgadamente su test de listilla acongojada) a la que nada más ver auguramos un porvenir peor que Pocholo mochilero en el metro de Londres. El triángulo lo completa un carco- E mido matrimonio formado por el fantasmal John Hurt y la gran Gena Rowlands, que se pasan la patata caliente vudú (o hudú que es mucho peor) ante nuestros ojos con la pericia de un trilero de Atocha. Con estas tres patas, más algún calzador de propina, Softley y su guionista Kruger- -buen apellido para el género- -levantan un tablao hechicero y con aire filojaponés (se nota el toque The ring de puertas para adentro, y eso que los conjuros suelen ganar a campo abierto. Quizá la humedad atmosférica- -y algún toque Scooby Doo -eche a perder un poco tal mezcolanza, auque el final gana bastantes enteros, sobre todo si uno recuerda juguetonamente el documental CSA Está bien eso de tomarse una limonada en la hamaca de algún porche de Baton Rouge, pero hemos pagado seis euros para sufrir, ¿no? A TENER EN CUENTA Todo el equipo se documentó sobre el mundo del Hoodoo conjunto americano de creencias populares basado en la magia. Desde el guionista y el director hasta la decoradora y todos los miembros de dirección artística, con el fin de controlar cada detalle. La música (gospel, blues, zydeco y hip- hop) constituye una especie de historia oral de la ciudad. El director decidió aprovechar este completo repertorio y rodó varias escenas en clubs locales para ambientar la película con un toque autóctono.