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ABC VIERNES 29 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES TRAICIÓN O cuenta en voz baja, pero firme. De sus labios sale un reproche con acuse de recibo. Ahora que todo está perdido, suena más a suspiro que a venganza, más a lamento que a amargura. Cuando Fraga se sincera, tiemblan la tierra y los hombres de la tierra que no pelearon a fondo por su tierra. Aviso al señor de la comarca que se implicó lo justo para salvar sus muebles, pero no los de un partido que ganó por mucho para perder el Gobierno de Galicia por la mínima. El escaño que nunca vino de ultramar se perdió en el fondo de un bosque imaginado de venganzas personales. En la maleza de una provincia concreta que se dejó los dedos contando los votos que no llegaron, aunque estaban listos para ser recogidos en la puerta. Pero el traidor pasó de largo... MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR ¿DÓNDE ESTÁIS AHORA, MAJADEROS? LA NACIONALIZACIÓN DE LAS MASAS DE GEORGE L. MOSSE Marcial Pons Madrid, 2005 286 páginas 23 euros C Liturgias del totalitarismo Sólo ante los libros verdaderamente importantes nos hacemos conscientes de la intimidante abundancia de los que no lo son. Toda la obra de George L. Mosse (1918- 1999) surgió de una obsesiva reflexión, siguiendo a Maquiavelo, en torno a cómo podría sobrevivir el hombre en un mundo perverso Mosse, emigrado de una familia patricia judía alemana, formado en Cambridge y Harvard, se obstinó en llevar al fascismo y al nazismo al centro de la historia cultural europea del siglo XX, interrogándose constantemente acerca de la atracción que la ideología Völkisch, nacionalista, totalitaria y, finalmente, antisemita, ejerció sobre millones de personas, incluyendo buena parte de la intelligentsia de entreguerras. La nacionalización de las masas, publicada originalmente en 1975 y una de sus obras imprescindibles, explora la prehistoria del nacionalismo alemán- -y su desarrollo y variaciones hasta la catástrofe de 1939- -a través de sus manifestaciones culturales en el sentido más amplio y antropológico de la expresión. Desde los festivales populares, a los mitos y símbolos de encuadramiento y proselitización. Un libro imprescindible para comprender las liturgias de los nacionalismos extremos en el que se incluye un espléndido capítulo sobre el gusto de Hitler. MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO ON lo bien que quedaban en las manifas. Esas pancartas reclamando una Galicia libre, esos eslóganes de rima imposible, esas caras de cabreo responsable, esas ganas de ocupar los palacios de invierno... Ellos y ellas, ahítos de conciencia ecológica, bramando contra un gobierno al que va y se le rompe un barco de petróleo- -claro, el petróleo- -mientras estaba cazando o cagando o algo así... Esos comités, esos actos alternativos, esos comunicados inflados de literatura febril y heroica, esa bandera negra, esa firmeza en la exigencia de responsabilidades políticas o penales; qué buena es la sociedad cuando se rebela ante la incompetencia, qué rebeldes somos todos, qué unidos estamos ante la burocracia maldita y mediocre, a las barricadas, compañeros, a las barricadas, a cabalgar hasta enterrarlos en el mar. El esfuerzo de todos- -y el dinero que puso el Gobierno, todo sea diCARLOS cho- -hizo posible que se limpiasen HERRERA las costas y que el barco se sellase en alta mar. Los recolectores de percebes volvieron a las rocas, los veraneantes a las playas y los manifestantes a sus cuarteles a la espera de una nueva afrenta contra la madre Naturaleza. Los novelistas de éxito volvieron a sus narraciones, los cineastas a retratar sus realidades inventadas, los ecologistas a sus torres de vigía y los voluntarios a esperar una nueva ocasión para brindar su esfuerzo y su grito por el bien de todos. Pero ahora les debe de haber cogido cazando, también. O cagando, no sé. El año pasado se quemó en Andalucía un cuadrado de bosque de treinta kilómetros de largo y su presidente, el señor Chaves, ni siquiera interrumpió sus plácidas vacaciones para oler in situ la tierra quemada. Murieron dos personas. Nada de zona catastrófica. No le creemos ni un solo problema al gobierno progresista de la nación. Los valientes miembros de ONG y de colectivos ecologis- tas que tan activos fueron antaño decidieron que esa hoguera no merecía su movilización y los miembros de comités de acción literaria y reivindicativa pusieron cara de herbívoro y no sacaron el lápiz ni siquiera para afilarlo. Pasó como cuando Chernobil, que los mismos que gritaron hasta la ronquera cuando ocurrió el accidente de Harrisburg en los Estados Unidos se escondieron como cangrejos ante el mayor desastre nuclear de la historia ocurrido en la incompetente Unión Soviética. Sólo un grupo de ecologistas capitaneados por Juan Romero mantiene la dignidad de las protestas y ha creado una plataforma de nombre Fuegos Nunca Más a la que ninguna televisión le dedica ningún Informe Semanal. Ahora, en Guadalajara, diez días después de la tragedia, sigue sin convocarse ni una sola acción de protesta, ni un comunicado, ni una muestra de cabreo reivindicativo. Once muertos y el presidente en la ópera. Y luego en la China. Un gobierno no tiene la culpa de que se prenda un fuego, está claro, pero el partido que lo sustenta sí que es deudor de su ejecutoria pasada, y todos somos más o menos capaces de recordar la que organizó el PSOE cuando censuró hasta que el Prestige fuera alejado de la costa y no dejado a su suerte para inundar de petróleo toda la Ría de Vigo o todo el puerto de La Coruña. Y sigo preguntándome: ¿qué vara de medir utilizan los que sienten su sensibilidad afectada cuando un desastre natural asuela el patrimonio común? ¿Influye en su fiebre reivindicativa el tipo de gobierno que esté instalado en el machito? ¿Cuál es la espita que incendia la calentura rebelde? Qué tontería de preguntas. Han pasado los días, hemos enterrado a los muertos, hemos contado los árboles desnudos y nos inquirimos, no sin malsana curiosidad, sobre lo que hubiera ocurrido si el partido en el poder hubiese sido otro. Visto lo visto, desde el respeto y el aprecio infranqueables, aún me queda una duda más, una pregunta definitiva: ¿dónde estáis ahora, majaderos? www. carlosherrera. com