Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 28 7 2005 Espectáculos 55 ROCK Los Lobos Concierto de Los Lobos. Lugar: Patio del Conde Duque. Fecha: 26 de julio LOS LOBOS: DE VUELTA EN LA FERIA PABLO CARRERO Robert Brubaker, caracterizado como Alviano Savalgo, durante el ensayo general de Die Gezeichneten AP El director japonés Kent Nagano deslumbró con su rigor en Die Gezeichneten la densa obra de Franz Schrecker que abrió el martes el apartado operístico del Festival de Salzburgo Nagano tuvo que ser TEXTO: JUAN ANTONIO LLORENTE SALZBURGO. Con El Rey Kandaules de Zemlinsky, Kent Nagano inauguró la gran aportación de Ruzicka a Salzburgo: recuperar cada año una obra de alguno de los compositores calificados por Hitler como degenerados. Con otro degenerado, Franz Schrecker (1878- 1934) cierra el ciclo, esperando las decisiones del nuevo director del Festival. En ambos casos, Nagano ha contado con orquestas berlinesas, la de la Radio en 2002 y la Sinfónica ahora, engrandeciendo la partitura y paliando en alguna medida en esta edición la ausencia de títulos de Richard Strauss, dada la similitud tonal de las partituras de los dos compositores. No todas las óperas de Schrecker han gozado de la misma fortuna. Si Flammen debió esperar desde su estreno concertante en 1902 hasta 1985, cuando se rescató para la escena, Der Ferne Klang en 1913, un año después de su première en Fráncfort, conocía nueva producción en Leipzig y en 1914 otra en Munich, con Bruno Walter en el foso. El director haría lo propio en 1919 con Die Gezeichneten (Los estigmatizados) la ópera que ayer movilizaba Salzburgo. Estrenada en Fráncfort en 1918, su carrera fue fulgurante hasta iniciarse la década de 1930. Desde ese momento tuvieron que pasar más de 30 años para escucharse en concierto y hasta los años 70 para conocer montajes. Porque mucho debió escocer en el entorno de Hitler la metáfora en la que el propio compositor convirtió el argumento: el jorobado Alviano Salvago, excéntrico dueño de una isla en la que sus amigos viven una perpetua orgía, decide donarla a Génova, a lo que su entorno se opondrá para que no se descubran sus actividades. Grandes aplausos El flechazo entre Salvago y la pintora Carlotta, junto a la abdución de ésta por el apuesto Tamare, configuran el drama. Salvago mata a su rival y enloquece. Los que no enloquecieron tanto como con Kandaules fueron los espectadores, aunque acogieron Die Gezeichneten con grandes aplausos. Especialmente para las tres voces principales: Robert Brubaker, que deslumbró entonces en el papel protagonista, Anne Schwanewilms y Michael Volle, respondiendo con rigor a la exigente partitura, con influencias de Strauss y Wagner. Unánime aprobación del montaje de Nikolaus Lehnhoff: una colosal Afrodita yacente rota en pedazos, que sólo en el tercer acto, el mejor resuelto dramáticamente, permite ver dentro de la diosa el antro orgiástico donde tiene lugar el homicidio. Si faltó el entusiasmo de entonces, o el repetido en La Ciudad Muerta será achacable a la excesiva ralentización de las dos primeras jornadas. El mejor valorado del estreno fue de nuevo Nagano, a cuya salida los bravos arreciaron, agradeciendo su titánico esfuerzo. n un ambiente festivo y cálido como el que se respiraba en el Patio del Conde Duque madrileño y con un motivo tan significativo como la celebración del trigésimo aniversario del nacimiento de la banda como eje de la gira en la que se hallan embarcados, era fácil prever que iba a ser la faceta más popular de Los Lobos la que iba a predominar en su actuación del pasado martes. Así fue, desde luego, con lo que se privó al espectador de un tipo de concierto- -el que han hecho en visitas anteriores- -más concentrado e intenso, más poderoso y- -sin obviar su personalidad marcada a base de dejar asomar su carácter latino- -clásicamente rockero. Lo que se vio la otra noche fue, más que un concierto de rock and roll, una fiesta en toda regla, una actuación divertida y animada, pero acaso demasiado fría por parte del propio grupo, que pareció limitarse desde el principio a cumplir de la forma más profesional posible con sus obligaciones como animadores de festejos. Con una puesta en escena absolutamente sobria, pero ciertamente atractiva, Los Lobos atacaron un repertorio variado y ecléctico, seleccionado de prácticamente toda su discografía, y que incluía desde las piezas más cercanas al rhythm and blues hasta las más folclóricas (incluyendo, por cierto, boleros archiconocidos como el Sabor a mí de Los Panchos) pasando, naturalmente, por su rotunda y formidable versión de La Bamba el tema de Richie Valens que ellos retomaron para la banda sonora de la película del mismo nombre. Al poco tiempo del comienzo del concierto el público se apresuró a ocupar las primeras filas para mostrar sus dotes en el noble arte de la danza, lo que contribuyó también a que el concierto discurriese por la senda descrita. Los Lobos son músicos magníficos, que tocan lo que corresponda sin despeinarse, pero quizá es precisamente esa distancia que mantenían con su propia música la que impidió cuajar un gran concierto: daba incluso la sensación en algunos momentos de estar en la boda de algún pariente con querencias latinoamericanas. En sus discos y en muchos otros conciertos, Los Lobos lo han demostrado de sobra, pero en el del martes no dieron muchos argumentos a favor de sí mismos en una hipotética competencia con, pongamos, el mismo Juanes. E