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54 Espectáculos JUEVES 28 7 2005 ABC Van Morrison, pura clase Congregó en Gijón a cerca de 5.000 fieles que se entusiasmaron con su música Bibio, en Gijón, fue el marco que acogió el primer concierto de la gira española del león de Belfast para presentar su último disco, Magic Time B. MARCO J. CEZÓN GIJÓN. Más de 5.000 y ninguno- -o casi- -sin los 30 bien cumplidos. El público de Van Morrison fue un público de fieles. Hacía diez años que el león de Belfast no tocaba en Asturias y empezó a las nueve, tan puntual que hubo hasta quien se perdió la salida, caldeada por su propia banda, y antes por Tejedor. Cinco minutos de puro jazz instrumental precedieron a su impecable traje gris, a su sombrero y a su también impecable voz. La música fluyó desde entonces, que no las palabras. Ni presentaciones de la banda, ni Hola, Gijón sólo un brevísimo gracias y música y más música. No importó. La cosa se fue caldeando y del jazz pasó al rythm blues que hacía en los 60 con los Them Baby please don t go, Brown eyes girl El respetable le acompañaba con las palmas. Morrison desplegó toda su clase sobre el escenario y disimuló todos sus años. El irlandés no se movió más de la cuenta y dosificó la voz con tanta maestría que apenas si se distinguía si cantaba el Van Morrison de los 60 cumplidos o algún otro anterior. Eso sí, no se prodigó en bailes. Nunca lo hace. Estuvo más bien hierático, sobre todo al principio. Luego, según avanzaba la noche, se le veía cada vez más a gusto y en contacto con el público. Emb La Plaza de Toros de El pezó mirando más allá del improvisado patio de butacas, porque por expreso deseo suyo nadie se pudo quedar de pie, pero terminó comulgando con quienes para entonces ya estaban a oscuras, que el concierto arrancó a plena luz. Su compañía también fue de lujo. Seis músicos de excepción con Matthew Holland, a la trompeta; Martin Winning, con la flauta y compartiendo el saxo con el maestro; David Hayes, bajo; Robert Ruggerio, batería; John Edwards, guitarra y Mark Jordan, en los teclados. Todos al principio estuvieron tan contenidos como su jefe pero poco a poco se fueron soltando hasta impresionar, especialmente la sección de vientos y también la batería. Grandes éxitos El concierto estuvo plagado de grandes éxitos, entre los que no faltaron temas como Moondance Dark side of road o Have I told y hasta una versión de Bob Dylan. Pero también se trataba de presentar su último trabajo, Magic Time considerada una de sus mejores obras de los últimos veinte años. Del disco que logró entrar directamente al número cinco de las listas de venta españolas en su primera semana de edición cantó la que le da título y This love of mind su versión de otro de los grandes: Frank Sinatra. Y no eran las diez y media cuando sonó lo que más que una canción es un himno. O sea, Gloria Para ese momento el auditorio era suyo, pero sonó y con ella terminó todo. Van Morrison dejó un estupendo sabor de boca, pero supo a poco. Ni un bis Van Morrison, durante su concierto en Gijón REUTERS Morrison desplegó toda su clase sobre el escenario y disimuló todos sus años; dejó un estupendo sabor de boca ni una despedida. Nada que suene a nuevo en un directo del que se ha ganado por derecho propio el título de mito viviente, porque fue una noche corta, pero de éxito. Eso a pesar de que, si bien en la arena sobraban abundantes sillas, en los tendidos hubo más de un apretujón y de una protesta. JAZZ Festival de San Sebastián Concierto de Dave Holland Big Band. Mingus Big Band. Lugar: Plaza de la Trinidad de San Sebastián. Fecha: 26 de julio. JUEGO POR LAS BANDAS IÑAKI ZARATA David Holland, en el concierto J. M. LÓPEZ ienen las big bands un empaste colectivo que enamora a la audiencia con su tentadora cadencia. Sobre todo cuando esas reuniones de músicos desprenden la solidez de Dave Holland Big Band y Mingus Big Band. El risueño contrabajista británico se situó entre el vibrafonista Steve Nelson, que hacía las veces de piano, y la banda entera. No era un reparto escénico casual: Holland era el eje de aquel planeta sonoro, aunque dejó soltarse a toda su gente para hacer su solo al final del recital. Categoría. La vibrante Bring it on fue el comienzo de una fiesta que bajó el ritmo T en Blues for CM pieza para Charles Mingus, colega contrabajista al que se homenajeaba en la jornada. Volvería el nervio con The Razor s edge y para entonces saxofones y trombones habían pasado por el micro central, con pleno lucimiento. Last minute man acarició la tarde, dando vía a A Rio elegante ensamblaje de orquesta antigua, con el recuerdo en la ciudad brasileña del mismo nombre. Y fue en la pieza de cierre, Free for all cuando por fin el maestro Holland se dignó reservarse unos minutos de gloria, compartiéndolos con el batería. Para entonces, todos y cada uno de su doce otros instrumentistas habían desgranado el saber de esa perfecta big band. En la segunda mitad el colectivo reunido en torno al legado de Mingus demostró, además de una notable técnica, un sentido de la fiesta colectiva, de lo espectacular y hasta juerguista. Se En la pieza de cierre, Free for all por fin el maestro Holland se dignó reservarse unos minutos de gloria sirvió para ello del excelente trombonista, desgarrado intérprete soulblues y simpático animador Ku- umba Frank Lacy (boina, barba cana, poncho, gas oscuras... que cantó en la composición de ambiente varieté Paris in blue y en otros momentos de la noche. Fue el saxofonista Craig Handy encargado de ordenar el repertorio y presentar piezas y músicos (con la infrecuente presencia de una mujer en una big band) de una hermosa fiesta que arrancó aflamencada con Isabel s Table Dance dedicada al fallecido crítico madrileño Federico González. También pareció infrecuente que Handy dedicara el título Tensions a Bush un hombre que crea tensiones en este mundo la envolvente cascada sonora ofreció diversos lucimientos individuales. La estupenda sesión se serviría de varios títulos más de su reciente CD, I am three o de clásicos como el fino Goodbye pork pie hat antes de retirarse. Una buena parte de la plaza enfiló la salida, pero el núcleo más entusiasta no se rindió y consiguió la propina de un blues final. Se clausuraba el capítulo directamente jazzero de La Trinidad, que este año ha sido impecable.