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ABC JUEVES 28 7 2005 Opinión 7 como la primera necesidad del país la promoción del empleo estable tanto en el sector privado como en el público) así como mejorar los servicios públicos, especialmente la sanidad y la educación. En este ámbito subrayó la necesidad de ofrecer en la escuela pública una enseñanza de mayor calidad, sobre todo en el ámbito de la informática y en el aprendizaje del inglés. El último eje se refería a la defensa de la lengua. Como suele ocurrir en los debates de investidura, resulta difícil no suscribir la mayor parte de esos principios programáticos. El contenido de las promesas parecería sugerente a cualquier observador atento. El problema, como siempre, será el grado de cumplimiento y la forma como se pretenda abordar. Máxime, cuando el que lo pretende llevar a cabo es un gobierno bipartito con un frágil apoyo parlamentario. LA ESPUMA DE LOS DÍAS RETÓRICA DE LEÑADORES I ÁNGEL GONZÁLEZ la solidaridad que en la del separatismo, como refleja su afirmación: Tenemos mucho que recibir, pero también mucho que ofrecer El tercer eje se refiere a la mejora de la calidad de la democracia. Intentará lograr ese empeño potenciando la participación ciudadana y la comunicación con los administrados por internet, mejorando el control de los poderes públicos y erradicando algunos vicios administrativos, como la opacidad, la discrecionalidad y el clientelismo. El Gobierno bipartito también pretende lograr un crecimiento económico rápido, sostenible y equilibrado (citó Touriño insistió en que el que iba a presidir era un Gobierno sustentado por dos partidos, pero no dos partidos repartiéndose las áreas de gobierno Como declaración de intenciones no está mal, aunque nos tememos que la realidad no tardará en ponerla a prueba. Por ejemplo, cuando llegue el turno de la reforma del Estatuto. Es lógico que los dos partidos coincidan en la voluntad de reformar un Estatuto que se aprobó en 1981, cuando el Estado de Autonomías estaba en su fase embrionaria. Aunque, habida cuenta de los desequilibrios que todavía padece esta tierra o de su déficit de infraestructuras, se nos antoja que la reforma estatutaria es una necesidad, pero no una emergencia. Existe también consenso en la forma. La modificación del Estatuto no se planteará en un proyecto de ley del Gobierno sino creando, dentro de los primeros seis meses de la legislatura, una ponencia parlamentaria. Dicha ponencia elaborará un anteproyecto que será examinado por la correspondiente comisión y, sucesivamente, aprobado por el Parlamento gallego y por el Congreso de los Diputados, y ratificado por un referéndum popular. Aunque coinciden en el carácter prioritario y en la forma de llevarlo a cabo, es posible que las divergencias afloren cuando se concrete el calado de la reforma: ¿bastará con la mera profundización en el autogobierno en el marco del Estado de las Autonomías, como propugna Touriño, o exigirán los nacionalistas avanzar hacia una España de naciones, que no de nacionalidades, tal como propugnaba Anxo Quintana en el día de Galicia El tiempo dirá... PALABRAS CRUZADAS ¿Cree que va a durar el gobierno de coalición de Galicia? CORTO RECORRIDO L entusiasmo en las filas del PSdeG es perfectamente descriptible, la euforia brilla por su ausencia y a nadie se escapó que Anxo Quintana aplaudió simplemente con cortesía el discurso de investidura de Pérez Touriño. Los socialistas están satisfechos con llegar al Gobierno, como no podía ser menos, y además creen sinceramente que Galicia necesita el cambio que ellos defienden... pero la alianza con el BNG es lo que ya no tiene tan claro mucha de la gente del PSdeG, que sabe cómo se las gasta este bloque independentista y bronco que ha quedado como tercera fuerza y ha perdido un cuarto de sus votos precisamente porque los gallegos saben que el BNG de Quintana y Rodríguez es independentista y bronco. PILAR Lo dijo Paco Vázquez antes de que empeCERNUDA zara la campaña electoral, que con el beenegá no se podía ir a ninguna parte, pero al alcalde de La Coruña le han puesto esparadrapo en la boca para que no suelte más lo que de verdad piensa. Esto no puede durar, o al menos para muchos como la abajo firmante, que confundimos deseos con realidades, no debería durar. Porque es un secreto a voces que Quintana no va a renunciar a reivindicaciones que van contra la Constitución, porque va a obligar a Pérez Touriño a gobernar en el filo de la navaja, y porque le va a apretar del cuello todo lo que puede y más. Y nada de eso es bueno para Galicia. OJALÁ CUMPLAN E E STUVE ayer en el Parlamento de Santiago, escuchando el discurso de investidura de Pérez Touriño. Pronunció creo que ocho veces la palabra España contra una del término Estado español Habló del Estado de las Autonomías, de colaboración con el Gobierno central, vadeó escrupulosamente el polémico término nación para Galicia y sustituyó deuda histórica -que tanto nos escandalizó en boca del nacionalista Anxo Quintana- -por déficit Todo muy edulcorado. Fue, en suma, un discurso para no molestar demasiado; ni a los que se alarman por la unidad de la patria ni a los socios del BNG, una parte de los cuales padece ocasionales tentaciones soberanistas. FERNANDO Moderado y meditado. Tendiendo maJÁUREGUI nos al consenso y hablando de cambios con gaseosa. Ni Touriño es Maragall, ni Quintana Carod, ni Galicia es Cataluña, ni el Mediterráneo el Atlántico, ni el PP gallego es el catalán. Si el tono contenido que yo escuché ayer al prudente Touriño, de cambio calmado al galaico modo, se cumple en la realidad (las palabras son la antesala de los hechos) si los del Bloque no sacan los pies del tiesto, me parece que la era posfraguista será tranquila. Ojalá que las meigas, que siempre hay que contar con ellas, porque haberlas haylas, me escuchen. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate NÚTIL introducir matices en el discurso. La brocha gorda emborrona cualquier trazo esbozado sobre un argumento por el pincel de punta fina. Se trata de una de las estrategias más practicadas en el desfalleciente y bobalicón debate político español: a falta de contraargumentos suficientemente sólidos se desfigura la proposición del oponente, hasta el extremo de la caricatura, para formular después un anatema absolutamente obvio que casi nadie puede dejar de compartir. Con ardid de tamaña grosería se traslada al contrario la carga de la prueba de lo que no dijo y se sitúa el debate en el plano de las intenciones, ese embarrado terreno de juego en el que EDUARDO los leñadores de la retóSAN MARTÍN rica más primitiva se desenvuelven con total comodidad. Seguramente un espíritu desprejuiciado habría encontrado razones de peso para desautorizar las opiniones del presidente del Tribunal Supremo sobre la muerte de un inocente durante una operación antiterrorista en Londres sin necesidad de convertirle en el adalid del tiro en la cabeza Tan grave acusación no resiste la lectura cuidadosa de sus palabras. Las afirmaciones del presidente del Gobierno de los jueces evocan vagamente la eximente completa de estado de necesidad, o del mal mejor, establecida en el artículo 27 de nuestro Código Penal. Una doctrina de aventurada aplicación en el caso aludido, aunque no fuera más que porque el citado precepto exceptúa de su cobertura al que tuviere, jurídicamente, el deber de afrontar el mal... Expertos más cualificados podrían insistir, con mejores argumentos técnicos, en los riesgos de justificar públicamente la desproporcionalidad de una respuesta policial con razones jurídicas no suficientemente depuradas. Y en que tales justificaciones son tanto más inadecuadas e inoportunas si provienen de la cúspide misma del poder judicial. Pero de ahí a atribuir a Francisco José Hernando la defensa del asesinato legal media un abismo interpretativo que en España, por desgracia, se salva con tanta frecuencia como inusitada facundia. Dicho lo cual, la virtud más exigible en un magistrado debería ser la prudencia, una cualidad que no adorna precisamente al presidente de los jueces españoles. Con demasiada asiduidad, su señoría desciende al debate político, o jurídico, sometiendo al juicio de las contingencias del momento la independencia de la alta magistratura a la que representa. En el caso que nos ocupa, además, la reserva de cualquier juez tendría que ser absoluta en la medida en que, tarde o temprano, puede ser llamado a resolver sobre un asunto tan delicado que no admite ni la más mínima sospecha de contaminación. La propensión a hablar de todo, y en todo momento, cuenta también en nuestro país con una legión de devotos. Sabedores, quizás, de la fragilidad de nuestra memoria.