Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 28 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES EL QUESO AGUJEREADO IELES al criterio del sobrio ministro del Interior, José Antonio Alonso, las Fuerzas de Seguridad continúan deteniendo comandos etarras para mantener la estrategia de Zapatero: la rama de olivo en una mano, las esposas en la otra, parafraseando al difunto Arafat. Ocurre, sin embargo, que en los últimos tiempos las detenciones registran algunas sorpresas; digamos que ciertos componentes de los comandos resultan demasiado familiares a sus captores. ETA es un queso gruyère, y si las negociaciones por las que suspira el presidente se retrasan, los negociadores del Gobierno acabarán sentados en una mesa frente a unos colegas del ministerio. Y entonces a lo mejor hay que preguntarse si ese viaje tan incierto era del todo necesario. MARCO AURELIO F LEER Y PENSAR CON HONOR Y COHERENCIA EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA DERECHA... DE PEDRO C. GONZÁLEZ CUEVAS Editorial Tecnos Madrid, 2005 285 páginas 17 euros S Inmovilistas o regeneracionistas La derecha española es un protoplasma histórico que a veces se sale de cauce a sabiendas de que su continuidad más provechosa ha circulado por el amplio canal que va de Jovellanos al moderantismo y a la Constitución de 1978. Todas las aristas y arrugas de esa historia accidentada quedaron enunciadas en la Historia de las derechas españolas de Pedro Carlos González Cuevas, quien ahora se concentra en la etapa que va de 1898 al 2000 en El pensamiento político de la derecha española en el siglo XX En el orden arcaizante, las tentaciones han sido el autoritarismo, la derecha teológicopolítica o el desbordamiento exaltado. Al final, frente a las otras derechas, la idea popperiana de sociedad abierta ha sido muy higiénica, por contraste con etapas intrínsecamente dispersoras. El profesor González Cuevas analiza el conservadurismo de Ortega, la Marsellesa de la autoridad según D Ors o los entresijos doctrinales del autoritarismo franquista. Como desenlace, el futuro de la Nouvelle Droite en España es algo mucho más ponderable. Lo fundamental es que existe un pensamiento de la derecha española, seguramente más vario y abierto que la doctrina de izquierdas. VALENTÍ PUIG E puede vencer con dignidad, con coherencia, con serenidad, incluso con tranquilidad. Y con buenos servicios de inteligencia. Si se pierde el decoro, los occidentales perderán su mejor baza. Entonces sí podría llegar la victoria de su adversario, el terrorismo. Victoria en realidad poco probable. En momentos graves los pueblos saben cuáles son sus bases y salen en su defensa. Se ha escrito incontables veces: un drástico recorte de las libertades daría un tanto a los asesinos- suicidas, además de remover uno de los grandes fundamentos occidentales, conseguido durante los últimos 230 años (en realidad desde el Renacimiento, o desde Pericles, a través de túneles de siglos) Una cosa es el recorte de los derechos individuales y otra distinta los accidentes, hijos de azar. Tony Blair defendía el lunes con razón a la Policía británica, después de declarar su desesperada tristeza por la muerte de un DARÍO inocente, un muchacho brasileño con VALCÁRCEL visado de estudiante caducado, Jean Charles Menezes, que al ser confundido con un terrorista recibió siete disparos en la cabeza. Acabamos de ver los ataques de Londres y de Sharm el Sheik. Estamos en el centro de una secreta e insidiosa guerra, precisamente porque no hay estados atacantes ni se sabe quién nos ataca. Es cierto que el peligro cuantitativo es pequeño, muy pequeño. Pero conviene prever riesgos psicológicos y amenazas de escalada. Los atacados, es decir los occidentales, han comenzado a concertar, hace ya años, una respuesta común, en sus servicios de inteligencia y defensa, en sus opiniones públicas y sus minorías dirigentes. Algunas opiniones públicas son volátiles y propensas al catastrofismo, aunque la británica, por ejemplo, lo sea en menor grado que la argentina. No estamos ante ninguna catástrofe, como la ocurrida en el océano Índico en marzo (XYZ) Cuatro reglas tomadas de distintas fuentes resumen una posible línea: -Conseguir una buena coordinación entre servicios de inteligencia (aunque no sea posible la coordinación total) Es necesario que las opiniones públicas sepan cómo se las defiende, cuál es el grado de articulación entre Estados Unidos y la Unión Europea. -Evitar las torpezas, no buscar venganza contra el islam. Si mil millones de hindúes se volvieran contra el mundo cristiano por el accidente de la química DuPont de Nemours en Bopal, India, 1984, sería tan torpe como el choque de civilizaciones propuesto por Samuel Huntington. En tiempo de guerra se debe hilar fino. -Hacer los sacrificios, no solo económicos, que gobiernos y parlamentos propongan. Estamos en guerra. Pero rechazar nuevas leyes, no justificadas, contra los derechos individuales. Los gobiernos occidentales no deben buscar éxitos fáciles, mediáticos y de corto plazo. Hay que pedirles logros verdaderos, no mediáticos, y defender el largo plazo. -Rechazar el miedo colectivo, despreciar a los terroristas. Reforzar la solidaridad. Mantener el mismo sistema de vida. Ser conscientes del peligro y no asustarse: estamos en guerra. Este es, perdonen, el espíritu de Atenas, de la Roma republicana, de los españoles de Bernal Díaz, de los ingleses frente a Hitler, de los franceses de la Resistencia. Todos nos recuerdan lo mejor que hay en el hombre. Necesitamos recuperar el orden templado. Salir de ese orden es perder la partida. La receta es una mezcla de dignidad, información, veracidad, tranquilidad, alergia a la exageración y al aspaviento. Un gran escritor británico, John Le Carré, analizaba la situación la semana pasada: en la mundo islámico, el sentido colectivo de que han sido humillados, explotados, engañados, divididos y enfrentados unos a otros es muy poderoso. La clase media se siente heredera de esta carga; cuando algunos caen en el lavado de cerebro radical, se creen los escogidos para cometer los atentados... El camino hacia el extremismo militante, añade Le Carré, no se da sólo en el islam, sino también en la extrema derecha de algunos movimientos cristianos...