Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 28 7 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA GUERRA DE LAS PALABRAS POR DONALD H. RUMSFELD SECRETARIO DE DEFENSA DE EE. UU. En Oriente Próximo tenemos un enemigo que está utilizando los diversos tipos de medios de comunicación para intentar contaminar la mente de la gente de esa región respecto a las intenciones y acciones de EE. UU. y otros países... T ODOS los conflictos de la historia han tenido su ración de rumores, propaganda y desinformación. Vienen a la mente el periodismo amarillo que ayudó a lanzar la guerra hispano- estadounidense y las impopulares emisiones radiofónicas de Tokyo Rose durante la Segunda Guerra Mundial. Pero la tecnología de la información del siglo XXI ha hecho que librar una batalla global ideológica contra el extremismo sea especialmente complejo. La clase política, los medios y la ciudadanía en general deberán aceptar el efecto de estas nuevas realidades. El viejo adagio de que una mentira recorre medio mundo antes de que la verdad se haya puesto los pantalones es doblemente cierto con la tecnología actual. Pero cabe señalar que la disponibilidad de los nuevos medios de comunicación puede informar e iluminar, además de presentar nuevos desafíos. Pienso en cuántas cosas han cambiado durante mi vida. En guerras anteriores, los estadounidenses en su mayoría estaban limitados a unas pocas fuentes de noticias definitivas- -Edward R. Murrow durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, o Walter Cronkite durante Vietnam- -para obtener una información que había sido preparada y aprobada para su presentación al público. Pensemos en todas las nuevas vías que se han abierto desde entonces. Hoy tenemos múltiples redes globales de televisión por satélite; informativos las 24 horas del día, docenas de canales de televisión nacionales e internacionales dedicados a noticias, crónicas y análisis; debates radiofónicos; bloggers e internet; y cobertura en directo de atentados terroristas, desastres y operaciones de combate. Y pensemos también en algunos otros cambios que estamos experimentando en la actualidad. En guerras anteriores, hasta la Operación Tormenta del Desierto de 1991, los familiares y seres queridos se comunicaban con las tropas utilizando lo que ahora se denomina desdeñosamente correo caracol Las cartas solían tardar semanas en llegar a su destino. Hoy, el correo electrónico, los teléfonos móviles y las cámaras digitales proporcionan a cada ciudadano y soldado un alcance mundial casi instantáneo. Algo que está ocurriendo, o que una persona crea que está ocurriendo en un lugar, se transmite de forma inmediata a varias direcciones de medio mundo a través de redes digitales. El Departamento de Defensa se esfuerza por encontrar formas de adaptarse a estas nuevas realidades, como es su deber, e intentar informar mejor a la ciudadanía de las numerosas y variadas actividades que desempeña en su nombre. Y, al igual que otras grandes burocracias poco flexibles, lo hace mediante un proceso de ensayo y error, y, por tanto, de manera imperfecta. Al inicio de la Operación Libertad Iraquí, el Departamento de Defensa decidió insertar a cientos de periodistas en unidades del ejército de EE. UU. con pocas restricciones sobre lo que podían retransmitir o publicar. Fue un riesgo, pero ha sido considerado un enorme éxito por la mayoría y, desde luego, un gran avance. En consecuencia, los periodistas- -y gracias a ellos, muchos más estadounidenses- -pudieron comprender mejor las realidades del conflicto, además de los sacrifi- cios realizados a diario por los hombres y mujeres uniformados de Estados Unidos. Ello aportó una considerable textura al detalle y la perspectiva de la información mediática en general. También hemos publicado cada vez más información- -incluidas transcripciones de entrevistas y discursos- -en la página web del Departamento (www. Defenselink. mil) para permitir que los ciudadanos se informen directamente sobre las actividades militares. Tras la publicación de alegaciones de abusos contra presos, el Pentágono incluso desclasificó y publicó memorandos relativos a técnicas de interrogación y políticas respecto a los presos. Siempre he creído en la importancia de garantizar a la ciudadanía un mayor acceso a la información sobre su gobierno, la buena y la mala. Hace casi cuatro décadas, cuando trabajaba como miembro del Congreso, fui copromotor de la legislación que posteriormente se llamó Ley de Libertad de Información que permite a los ciudadanos y a la prensa obtener acceso a documentos públicos, siempre que el Gobierno no manifieste la necesidad de mantener en secreto cierta información. Esa ley ha propiciado una avalancha de nueva información, pero también ha planteado nuevos desafíos a los políticos que intentan cumplir con dichas peticiones. Por ejemplo, sólo el año pasado, el Gobierno federal recibió casi tres millones de solicitudes de documentos. Y aunque muchos de los documentos publicados eran informativos, la publicación y la posterior cobertura mediática de otros en realidad han tenido el efecto contrario a informar plenamente a la opinión pública cuando se han presentado de forma selectiva sin un contexto relevante. de EE. UU. y otros países. Lo vemos en páginas web que promulgan el odio y la desesperación, y que han convertido el horripilante asesinato de inocentes en algo útil para los terroristas. Lo vemos en retransmisiones intencionadamente engañosas que dicen, por ejemplo, que las fuerzas de EE. UU. tienen como objetivo a civiles. Pero incluso en esa región, en la que la información históricamente ha estado controlada de forma rigurosa, el avance de la tecnología está propiciando un mayor flujo de información. Están apareciendo blogs de internet en países en los que la prensa sigue estando controlada por el Gobierno. Las fuerzas prodemocráticas se están comunicando por correo electrónico, buscas y blackberries. A medida que más ciudadanos obtienen acceso a nuevas formas de información, a nuevas vías para saber del mundo exterior, a los gobiernos les resulta mucho más difícil cimentar su mandato en la monopolización de noticias y crónicas. El reto de transmitir una información precisa y completa se ve multiplicado cuando se trata de la batalla de las percepciones fuera de nuestras fronteras. En Oriente Próximo tenemos un enemigo que está utilizando los diversos tipos de medios de comunicación para intentar contaminar la mente de la gente de esa región respecto a las intenciones y acciones Mientras Estados Unidos se adapta a esta nueva Era de la Información, sugiero las siguientes ideas como parte del debate. Primero, los funcionarios del Gobierno deberán comunicarse con claridad y frecuencia. Cuando se descubre que un funcionario gubernamental ha publicado información que no es del todo correcta o completa- -aunque haya sido de buena fe- eso juega a favor de nuestros enemigos, que aprovechan cualquier error para intentar perjudicar al sistema estadounidense. Segundo, debe instaurarse una cultura sana de la comunicación y la transparencia entre el Gobierno y los ciudadanos. Debido a las omnipresentes fuentes de información y acceso, se acaba sabiendo casi todo (ya sea controvertido o no) pero servirá de poco que se sepa cuando sea poco sistemático o a través de extractos muy selectivos, a diferencia de si se presenta pronto, completo y en un contexto apropiado. Sin embargo, esta apertura no elude la necesidad de proteger el secretismo de la información confidencial que, en caso de revelarse, podría perjudicar a la seguridad de EE. UU. Aunque siempre he creído que por norma general se clasifica demasiado material en el Gobierno federal, una actitud cada vez más caballeresca hacia la información delicada en diversos ámbitos también puede someter la vida de nuestras tropas a un riesgo cada vez mayor. Por último, los funcionarios gubernamentales deben encontrar nuevas y mejores formas de transmitir la misión de Estados Unidos en el extranjero. Esto implicará adoptar nuevos modos de atraer a la gente de todo el mundo, como hicieron el Servicio de Información de EE. UU. y Radio Libre Europa durante la Guerra Fría. Deberán encontrar vías para utilizar las capacidades ofrecidas por la Era de la Información para responder a las imágenes y mentiras tóxicas que asuelan EE. UU. y de informar mejor al mundo sobre las iniciativas de nuestro país. No me cabe duda de que la gente libre y bien informada puede realizar y realizará una criba del creciente volumen de información, y con el tiempo desarrollará una idea equilibrada de nuestro gobierno, nuestro ejército y nuestros valores y principios. El sistema estadounidense de apertura funciona, y sé que nuestro país acabará beneficiándose, como siempre ha ocurrido, de estar del lado de la libertad.