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ABC MIÉRCOLES 27 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES TOCADO L OS movimientos sísmicos de la política, los tsunamis que se llevan por delante al bañista y la playa de la cosa pública, responden a los caprichos de la naturaleza y el destino. Un mes al frente de la manifestación, gastando suela en la calle, le rentó al PP- -según los expertos en demoscopia- -apenas unas décimas en intención de voto, por mucho ruido que se oyera en la calle. El mes negro de Zapatero es este julio que no acaba de doblar el calendario y que ya ha marcado al presidente a sangre y fuego. En Génova, la consigna es morder y no soltar, aunque se queden sin dientes. Los más optimistas creen que Zapatero, por primera vez, está sin aire en los pulmones, seriamente tocado en mitad del cuadrilátero. Y aunque el destino es un futurible imposible de cuadrar, algunos echan cuentas y hasta les salen los números. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR EL TONTO ENTUSIASTA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA DE RUBÉN DARÍO Prólogo de Felipe Benítez Reyes Visor Libros Madrid, 2005 14 euros Déjà vu A finales de diciembre de 1898, comisionado por La Nación de Buenos Aires, Rubén Darío se embarca rumbo a España. Acaba de suceder el Desastre, y la opinión argentina está interesada en tomarle el pulso a la madre patria. Darío toca puerto en Barcelona. Se entretiene un rato en la ciudad, y aunque los sátiros, las ninfas y demás artículos de la fauna parnasiana no le dejan ver el bosque, hace algunas observaciones interesantes. En Barcelona rige el separatismo. Resume así Darío el razonamiento que más veces ha oído: Vea usted, somos como una familia. España es la gran familia compuesta de muchos miembros; éstos consumen, éstos son bocas que comen y estómagos que digieren. Y esta gran familia está sostenida por dos hermanos que trabajan. Estos dos hermanos son el catalán y el vasco. Por eso protestamos sólo nosotros; porque estamos cansados de ser los mantenedores de la vasta familia Añade Darío: Los unos quieren que Cataluña recobre sus antiguos derechos y fueros... los otros pretenden la anexión a Francia... los otros sueñan con una separación completa, con la constitución del Estado de Cataluña libre y solo... La España de entonces, y la de ahora, son por completo distintas. El País Vasco no transfiere renta, ni Madrid es el poblachón en que las mudanzas se siguen haciendo en carros tirados por bueyes. Pero los argumentos persisten, intactos al tiempo y la evidencia. Curioso. ÁLVARO DELGADO- GAL Paloma le pasa como quizá le ocurra a usted. Y a mí. Sigo echando de menos a Jaime Campmany. Me sigo acordando de Jaime, querida Conchita. La columna de entrada de esta página me parece varal de luto por el hermano mayor de la Cofradía de la Columna. Nos faltan en estas fechas sus artículos desde el lago italiano, que le llamaban Mayor porque Jaime engrandecía cuanto tocaba. Y mi lectora Paloma añora las lecciones campmanianas sobre lo que dominaba como pocos: la Estultología o ciencia de los tontos. Y su conexa Estulticiología, la Estultología aplicada. La Estulticiología es a la Estultología como la Sociometría a la Sociología: la técnica de aforar tontos, de clasificarlos, de observar su comportamiento, de comprobar cómo suben el ITC (Índice de Tontos Contemporáneos) y el PIT (Producción Interior de Tontos) Tanto el ITC como el PIT han subido muchísimo ANTONIO en España. Hasta tal punto, que los BURGOS catedráticos de la asignatura han consultado bibliografía y recordado la máxima del profesor Santiago Amón: -En España es que no cabe ni un tonto más... Paloma me tiene como metadona para el mono de su enganche a aquella irrepetible, bendita droga dura que era Campmany, y me dice: -Leo sus artículos y me da mucha rabia tener que darle la razón. A ver si escribe usted del tonto entusiasta que tenemos que padecer. ¿El tonto entusiasta? -Sí, el que cada día hace una tontería mayor, pero con mucho mayor entusiasmo que el día precedente. El que está tan encantado de ser tonto, que a nadie oculta su entusiasmo. El tonto entusiasta sonríe tanto por eso: por lo entusiasmado que está con ser tan tonto. Una persona normal sonríe cuando vive una situación agradable, cuando alguien hace una gracieta, cuando le dicen que le ha tocado el combote. En A cambio, cuando le dan una mala noticia, le reclaman el pago de una factura o su mujer le dice que le han dado un golpe en el coche, deja de sonreír y pone la cara que hay que poner. El tonto entusiasta, no. El tonto entusiasta, por muy desastrosa que sea la situación, sigue sonriendo. Y aquí aplicó Paloma, en los más puros cánones campmanianos, su conocimiento de la Estulticiología: -Por eso te queda la duda de si el tonto es tan entusiasta como tonto o más entusiasta todavía que tonto. Cuanto mayor es la desgracia, más sonríe. Sonríe por tierra, mar y aire, demostrando el profundo entusiasmo de su tontería. Una máxima de la Estultología dice que el que es tonto aquí, es tonto en todas partes El tonto entusiasta lo confirma. Cuanto más lejos de España está, más sonríe. El tonto entusiasta está por ahí, junto a los que dedican su entusiasmo a otros asuntos porque no tienen un pelo de tontos. Y a él, ni lo miran. ¿Que no lo saludan? A él la da igual. Sigue sonriendo. Desde los albores de la Humanidad la ciencia trata de descubrir el movimiento continuo. Problema que la Estultología Hispánica ha resuelto. El tonto entusiasta, de momento, ha descubierto la sonrisa de sesión continua (con la percha dentro de la chaqueta) Mas a pesar de la importancia científica de estos descubrimientos, ninguna Universidad de Verano ha organizado un curso de Estultología, con la falta que hace. El tonto de curso de verano (otra especie importantísima) podría aportar mucha luz sobre el tonto entusiasta. Que no, que no es el tonto del yate. El tonto del yate es otra clase de tonto. Es aquel que aunque se hunda el mundo, cuando llega la hora estival, a él nadie le quita de irse a su yate a pegar barcazos. Hablo, por supuesto, del tonto de yate de Marbella. Que como todos los tontos de yate, al yate le dice barco. Con mucho entusiasmo. Ahí el tonto de yate rompe en tonto entusiasta. Ya lo creo. Pero de los socorridos tontos yalocreos hablaré otro día.