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ABC MARTES 26 7 2005 61 FIRMAS EN ABC tiana resignación al soportar una durísima agonía, besando constantemente el crucifijo, hasta morir con el nombre de Dios en los labios. Ellos recordaban la emoción de emigrado que sintió dos semanas antes al regresar a España después de muchos años en México. Emigrados era el título de la película que hizo con más cariño. Su ilusión patriótica se fundía con una juvenil ansiedad de ofrecer a España las primicias de El Cantar de los Cantares, su primera dirección cinematográfica, en la que a la poesía bíblica se unía la del traductor y protagonista, Fray Luis de León y la suya propia. Tal película había sido calificada como el mejor mensaje católico que México podía enviar a España. Pío XII había mostrado deseos de admirarla, y Altolaguirre iba a ofrecérsela cuando la presentase al premio de la Oficina de Cine Católico, en la Bienal de Venecia, pero antes pensaba tomar un descanso de quince días en su tierra de Málaga. Había llegado a crear con ella la novedad de la poesía mística en imágenes, a la que seguiría el rodaje de El libro de Job, ya a punto de comenzar, también dirigida por él en la traducción de Fray Luis. En otro aspecto, quería dejar terminado el guión de La turné romántica, más en la línea de sus anteriores producciones mexicanas, que ya sumaban una docena, la mayor parte de ambiente español, de las cuales Robinson Crusoe se había visto últimamente en España. Buen poeta moderno, de la escuela de Juan Ramón Jiménez, de la promoción de García Lorca, Gerardo Diego o Vicente Aleixandre; fundador en Málaga de revistas poéticas perdurables, y aún cuidadoso impresor de sus obras: Este libro ha sido editado en la séptima imprenta de Manuel Altolaguirre, se dice en el colofón de un tomo londinense. Su nombre y sus poemas figuran en todas las antologías contemporáneas, en los textos escolares mexicanos, en las publicaciones extranjeras... Dejó a medio terminar una novela y un tomo de versos. En ambos, como en su poesía cinematográfica, había puesto la renovada pasión juvenil con la que venía a España. Desnudó su espíritu de las glorias que en su viaje iría paladeando, para presentarse al Creador en la humildad de su barro, como desnudo se arrancó de la afilada chapa del vehículo a aquel poeta que un día, escribiendo la Canción del alma, soñaba que al morir, el río del Crepúsculo llevaría su alma al mar de la eternidad: Ven muerte, que soy un niño y quiero que me desnuden, que se fue la luz y tengo cansancio de estos vestidos. Porque mañana temprano, desnuda de mi desnudo, iré a bañarme en un río Su cultura era un anhelante humanismo, su vocación artística una pura tensión. En nuestra plegaria esperábamos confiados aunque Dios colmaría sus ansias con el infinito gozo del alma, desnuda y limpia, bañada en la luz eterna JOSÉ MARÍA GÁRATE CÓRDOBA ESCRITOR A PESAR DE LA CENSURA Me telefoneó su inefable director, don Luis Calvo, pidiendo que me interesase por la salud de Manuel Altolaguirre E L 24 de julio de 1959, siendo en Burgos corresponsal de ABC, me telefoneó su inefable director, don Luis Calvo, pidiendo que me interesase por la salud de Manuel Altolaguirre, ingresado en la Clínica San Juan de Dios por un accidente de automóvil, advirtiéndome que se trataba de pura amistad, pues no sería político darlo como noticia nacional tratándose de un poeta exiliado. Se le había concedido la entrada en España y contados días de estancia para presentar al Festival de Cine de San Sebastián su película bíblico- poética El Cantar de los Cantares, basada en la versión de Fray Luis de León del texto salomónico. Cumplí el encargo con gran interés personal. En la clínica, sentado a la entrada de la habitación de Altolaguirre, estaba su sobrino, Julio Mathías, con quien mantenía amistosa relación a través del Tercer Programa de Radio Nacional, del que yo era colaborador y él secretario, siendo aún director Victoriano Fernández de Asís, o ya Antonio Manuel Campoy, su sucesor. Mathías me informó con detalle del accidente, en el que fue tan lento y difícil sacar a Altolaguirre de entre la chatarra en que se convirtió el coche, hasta el punto de salir desnudo del agudo roce de los hierros; de ahí mi posterior alusión a su nudismo poético. Al día siguiente me dijo que acababa de morir la acompañante, que Mathías parecía ignorar tratarse de una segunda esposa de su tío. Tomé alguna nota y al morir Altolaguirre al tercer día, pese a lo impolítico preferí, por si acaso, hacer del informe una crónica, cuya copia conservo archivada desde hace medio siglo. Inteligentemente, ABC la incluyó en su edición de provincias que, por anticipada a la de Madrid o escurrida de la censura de mi amigo Zugazaga, se publicó sólo en esa, atacada en la segunda por una de las puntas censoriales del lápiz bicolor, que mataba de rojo o de azul, según los casos. Cubo de Bureba era entonces el pueblo burgalés de los accidentes de coche. Dicen que allí, reposando de uno de ellos, inició La venganza de Don Mendo don Pedro Muñoz Seca. Conversé del accidente con mi amigo Cuéllar, en su desaparecida librería de teatro y cine- -calle Benito Gutiérrez- y días después me dijo que a una estudiante de filología, que hacía su tesis sobre Altolaguirre, le interesaba mucho mi crónica, conocida sólo en provincias. Le di una copia y me lo agradecieron ambos; ahora pienso que la doctoranda pudo ser esa sobrina, Margarita Smerdou, que publicó en ABC un artículo sobre su tío. Mi crónica decía así: Burgos, 26 de julio de 1959. A las tres de la tarde ha fallecido en la clínica San Juan de Dios el poeta y productor cinematográfico don Manuel Altolaguirre Bolín, de cincuenta y cuatro años, a consecuencia de las heridas sufridas en el accidente de automóvil ocurrido el jueves pasado en Cubo de Bureba, donde perdió la vida su esposa, cuando regresaba a Madrid desde San Sebastián. Desde que fue recogido en un trigal junto a la carretera, iluminado por los faros de un camión, había conservado plenas facultades mentales, gracias a lo cual pudo recibir los Santos Sacramentos al ingresar en la clínica. En la noche de ayer se le apreció una ligera mejoría, pero, a la madrugada, una complicación abdominal hizo perder toda esperanza. Cuando a la una del mediodía acudí a visitarle, le confortaba el capellán y le acompañaban su hijo, sus hermanos Carlos y María de la Concepción, y sus sobrinos llegados de Madrid y Málaga. Ellos me hablaron después de su cris- TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO PERIODISTA LA DROGA COMO ATENUANTE O sé si a muchos les causa hartazgo oírlo tanto y tanto; si demasiados ya pasan del asunto con el cansancio propio de lo que parece no tener remedio; si algunos están dispuestos a que la situación cambie... Pero, ¿cuál es esta situación en concreto? Nada menos que el empleo de la droga como atenuante en casos de crímenes. Lo más preocupante, lo que de veras estremece, es que el criminal parece haberse aprendido una lección fatal que le beneficia pudiendo llegar, cuando se le detiene, a pronunciar como primeras palabras sobre el acto terrible que haya cometido que estaba bajo el influjo de las drogas frase que desea traducir por un no sabía lo que hacía ¡A estas alturas hay ángeles que ignoran sus efectos! Que las drogas van y vienen como N monedas fáciles es cosa archisabida, que existe la duda persistente acerca de si se ponen todos los medios para erradicarlas, también. Que hay personas que pretenden ponerle puertas al campo cuando éste es ya para él ilimitado, convirtiéndose en alguien a quien puede darse por desaparecido, tanto es el cambio que en él se produce. Ya forma parte de un universo cuajado de realidades de desolación, entre las que no es la menor la terrible captación de niños para el consumo. Y he aquí que haber consumido drogas se está usando, ya queda dicho, como atenuante: Señor juez- -dice el criminal- que yo no sabía lo que hacía, que estaba como loco, que me había hartado de coca y alcohol O sea, que si alguien quiere justificar explicar algún crimen abomi- nable, ya tiene pistas para la receta que podrá esgrimir: Una mezcla repugnante de elementos que consiguen cambiarlo... Lo suficiente como para cometer con más facilitad el crimen que uno ya tenía pensado y más que pensado Se han leído en la prensa últimamente casos que han recorrido cuerpos y almas con escalofrío de hielo invernal. Tipejos repugnantes disfrazados de seres humanos no han pronunciado ni una palabra de arrepentimiento, no se han dado un golpe de pecho en gesto de dolor, en gesto de horror por lo realizado, en gesto que delatara un mínimo de piedad por su víctima, el más mínimo deseo de poder devolver una vida arrebatada, porque ése fue su capricho, su placer malvado. Eso sí, faltaría más, con ayuda de la droga. Busquemos, en honor de la situación, un eslogan de esos que tanto se prodigan hoy y que bien podría ser: Si odias a alguien, no bebas, no te drogues No estaría mal justificarse ante el juez con causas que retraten mejor la maldad humana en su plenitud, sin aditivos que se conviertan en una burla para las víctimas.