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ABC MARTES 26 7 2005 Espectáculos 57 Little Richard, durante el concierto J. PAÑEDA ROCK Festival Crossroad de Gijón Concierto de Little Richard. Lugar: Campos de la Universidad Laboral de Gijón. Fecha: 23 de julio EFE LA EDAD NO PERDONA NI A LAS ESTRELLAS JOSÉ CEZÓN DOMÍNGUEZ Keith Jarrett con la melodía principal, fue uno de los mejores momentos del concierto. Tras el descanso, Jarrett parecía haber renovado energías, con una velocidad endiablada sobre el teclado, pero con su característica finura. Cada tema terminaba con un silencio absoluto seguido de un estallido de aplausos por parte de un público entregado de principio a fin, que consiguió sacar al trío un segundo bis con un precioso When I Fall in Love as alarmas se dispararon ya entre bastidores. La estrella de Macon recorrió en coche los cien metros que separan el camerino del escenario. Bien podría tratarse de la típica extravagancia de una rock n roll star pero iba a ser que no. Era todo un vaticinio. A uno le han inculcado desde siempre un profundo respeto por las personas mayores, pero estos artistas legendarios deberían hacer lo propio con promotores hones- L tos e ilusionados, que se juegan muchos cuartos y el prestigio profesional contratando en exclusiva a Little Richard. Y, por supuesto, deberían pensar en su público. Ahora ya puedo decir que Dios existe decía un emocionado rocker nada más ver aparecer al predicador de Georgia. Y es que a este tipo de conciertos, la gente acude emocionada, llena de benevolencia y se conforma con unos mínimos, pero San Ricardo no los alcanzó. Fueron noventa minutos por el reloj- luna de la Laboral, pero con más interrupciones que un derbi de la liga italiana. Entre parrafadas y mensajes de amor, la cosa quedaría en no más de cuarenta minutos. Y en ese tiempo sí pudimos escuchar algunos destellos de lo que el público esperaba presenciar y su maestría al piano. En verdad resultó emocionante su interpretación del Lucille que enlazó con un cariñoso homenaje a su amigo Ray Charles. Pero a la lasciva edad de 69 años el artista posee menos gas que un refresco de máquina. Hubiera sido facilísi- mo. Podría haber tomado aire dando paso a la extraordinaria banda que le arropaba, con dos baterías sincronizados hasta la perfección y unos músicos sensacionales. Pero Richard prefirió la verborrea mientras deambulaba por el escenario con andares de humorista malagueño. Repartió libros religiosos y subió por dos veces a la gente al escenario. Eso sí, con dos gorilas vigilando celosamente para que nadie se acercara a la estrella. Tampoco hubo imágenes en las pantallas del festival, supongo que por aquello de los primeros planos. Tutti Frutti fue quizás la mayor decepción, ya que se la cantó casi entera uno de sus machacas El mismo que le hizo la cobertura vocal durante todo el concierto. Lo cierto es que el tío se recuperaba por momentos y volvía a rayar a una altura estimable. Sucedió con Jenny, Jenny It s only rock n roll y Long tall Sally con la que cerró. Las canciones duraban menos que en los discos originales. En Ohh! my soul se nos ahogaba. Está claro que no se puede llegar a vieyu