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32 Internacional OFENSIVA DE AL QAIDA EL CONFLICTO DE IRAK MARTES 26 7 2005 ABC La estrategia de traspasar responsabilidades de seguridad fracasa ante una insurgencia cada vez más letal y organizada, lo que bloquea una eventual reducción de las tropas del Pentágono y sus aliados EE. UU. no llega al final del túnel en Irak TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Dentro de la evolucionada retórica de la Administración Bush para justificar la guerra de Irak- -de las armas de destrucción masiva a la democratización de Oriente Medio pasando por la ventaja de luchar contra el terror fuera del territorio de Estados Unidos- -la posibilidad de una retirada para los 160.000 efectivos del Pentágono y sus aliados parece alejarse por momentos ante una insurgencia más letal que nunca. Sobre todo, ante el documentado fracaso durante los últimos 27 meses de ocupación en la estrategia central de traspasar responsabilidades de seguridad a los iraquíes para hacer realidad cuanto antes un escenario de salida. El propio Departamento de Defensa, en un pesimista análisis remitido la semana pasada al Congreso de Estados Unidos, ha reconocido que a estas alturas todavía no se han podido organizar efectivamente la mitad de los batallones policiales previstos en Irak. Y la otra mitad de las fuerzas policiales establecidas, y dos tercios de los batallones militares iraquíes en funcionamiento, presentan una mínima capacidad para realizar misiones de contrainsurgencia sin ayuda de efectivos estadounidenses. Un militar norteamericano interroga a varios iraquíes en un taller de Mosul, cerca del lugar de un atentado de casi quinientos por semana- -se mantenga por lo menos durante seis meses. De acuerdo a los más recientes análisis de inteligencia que circulan por Washington, las fuerzas insurgentes en Irak barruntan que Estados Unidos sólo puede aguantar un determinado tiempo antes de retirarse, con estimaciones cifradas incluso en cinco años como máximo. El Pentágono tambien considera que el liderazgo de sus adversarios en territorio iraquí se encuentra monopolizado por una minoría de extranjeros bajo el liderazgo del jordano Abu Musab al Zarqaui, vinculado a Al Qaida, con cálculos de que cada mes, entre 100 y 200 de estos brigadistas árabes se introducen en Irak por la frontera de Siria, con un generoso flujo de financiación. Pese a todo, el Pentágono sigue contemplando la opción de una reducción gradual de sus tropas, con reiterados planes para salir de al menos 3 de las 18 provincias iraquíes durante los próximos meses. En paralelo, los sondeos de opinión en Estados Unidos apuntan un creciente pesimismo popular sobre la intervención en Irak. Según la ultima encuesta realizado por el prestigioso Pew Research Center, sólo un 27 por ciento de estadounidenses, el índice más bajo registrado hasta la fecha, cree que el presidente Bush tiene un claro plan para lograr una conclusión exitosa a la situación en Irak En el terreno de la prometida reconstrucción, otra pieza central de la estrategia de Estados Unidos, Irak continúa en una situación de colapso económico. El propio gobierno iraquí ha empezado a criticar las inversiones de Washington en programas que no han ofrecido resultados evidentes. REUTERS Nuevas fuerzas policiales Hasta ahora, la cúpula del Pentágono había evitado por razones de seguridad cuantificar detalladamente las capacidades de las nuevas fuerzas policiales y militares de Irak, creadas tras la controvertida decisión de desmantelar por completo todo el aparato de seguridad organizado por el régimen de Sadam Husein. Las previsiones numéricas solamente indican el objetivo de lograr una plantilla operacional de 270.000 efectivos policiales, paramilitares y militares para el verano que viene. Pero dentro del poco fructífero esfuerzo por desplegar fuerzas iraquíes, un reparo creciente es la cuestionable calidad de sus miembros y reclutas. Especialmente entre las fuerzas policiales embrionarias, algunos análisis críticos insisten en la existencia de un apreciable y cuestionable número de individuos con antecedentes penales, apenas alfabetizados, problemas físicos e incluso conectados directamente con grupos de insurgentes. Frente al fracaso en los esfuerzos por iraquizar rápidamente la seguridad, los insurgentes vienen lanzando una ofensiva de violencia cada vez más sofisticada que ha logrado cobrarse la vida de una media de 800 iraquíes durante los últimos meses, entre masivos atentados y ataques selectivos. Las expectativas entre los comandantes estadounidenses en Irak son que esta sangrienta ofensiva terrorista- -con casi 65 atentados diarios y una media Unas gotas de autocrítica P. R. WASHINGTON. Con declaraciones más bien triunfalistas como las del vicepresidente Cheney insistiendo en que la insurgencia en Irak tiene los días contados, la Administración Bush no se ha caracterizado hasta la fecha por reconocer errores en su empeño por terminar con el régimen de Sadam Husein. Entre las pocas dosis de autocrítica han destacado este mes las declaraciones de Douglas Feith, subsecretario del Departamento de Defensa y uno de los cerebros de la invasión de Irak, quien aprovechando su jubilación ha reconocido problemas con la estrategia aplicada hasta el momento. A juicio de Feith, se habría retrasado excesivamente la transferencia de poderes y la constitución de un gobierno independiente, al igual que la formación de fuerzas de seguridad iraquíes. En su opinión, también se habría utilizado una fuerza terrestre de invasión demasiado pequeña para evitar el clima de inseguridad generado desde la toma de Bagdad en abril del 2003. El Pentágono sigue contemplando la opción de una reducción gradual de sus tropas para salir de al menos tres provincias iraquíes