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ABC MARTES 26 7 2005 Opinión 7 orillas del Atlántico que merman la eficacia de la cooperación eneste terreno. En elinterés de todos los paísesoccidentales está ganar la paz en Irak, hacer avanzar al proceso palestino- israelí y promover reformas democráticas en los sistemas de gobierno de los países musulmanes, también mediante la influencia sin complejos para que los medios de comunicación y los sistemas educativos promuevan un modelo de sociedad compuesta por individuos iguales y libres. LA ESPUMA DE LOS DÍAS TIRAR A MATAR IRAR a Londres este dramático mes de julio resulta tan sobrecogedor como instructivo; allí se está desarrollando a toda velocidad un modelo de respuesta de las democracias occidentales en su guerra contra el terrorismo yihadista y a nosotros, que fuimos incapaces de elevarnos sobre la magnitud de la tragedia del 11- M, nos ofrece un espléndido objeto, si no de emulación, al menos de análisis y estudio. La última lección del manual que se empezó a escribir el 7- J tiene por título: Tirar a matar Más allá de la muerte accidental y trágica de un ciudadano inocente, que tendrá que ser investigada hasta el final, lo que está en discusión son las instrucciones de la Policía británica para hacer frente a la amenaCARMEN za terrorista. Los agenMARTÍNEZ tes tienen orden de tiCASTRO rar a matar Muchos consideran que se ha consagrado el estado policial y que Gran Bretaña ha sido la primera democracia en sucumbir al ataque del islamismo criminal. El análisis podría ser válido si no olvidara algo fundamental, como es la naturaleza del riesgo al que hacen frente los policías británicos. No están ante un peligro lejano, genérico e inconcreto, sino ante la certeza de que otro comando terrorista anda suelto en Londres con la intención de provocar una nueva matanza similar al 7- J. No se trata de un debate conceptual sobre la manera de atajar el extremismo islámico, se trata de evitar que quienes fracasaron la semana pasada puedan lograr su macabro objetivo cualquier día de estos. Ésa y no otra es la naturaleza de la amenaza: el asesinato inmediato de varias decenas, tal vez cientos, de personas. Desde esa perspectiva, acaso la respuesta de Scotland Yard no resulte tan desmesurada. Curiosamente la sociedad británica parece estar mucho menos alarmada que nosotros por la calidad de su democracia, tal vez porque nunca han dudado de ella. Tampoco cuestionan su política exterior, sus intereses nacionales o su historia. Aquí, por el contrario, andamos enfangados en la revisión permanente, en la estéril tarea de tejer y destejer los consensos más elementales. Del mismo modo, nos pasamos la vida extendiendo y retirando certificados de pureza democrática, ahora también a los ingleses y siempre a las Fuerzas de Seguridad. Cualquier individuo uniformado en España está obligado a demostrar en todo momento su impoluta fe democrática. Treinta años después de la muerte de Franco tantos recelos resultan miserables; en democracia el policía no es un enemigo, ni un sospechoso liberticida, es el funcionario que garantiza nuestra seguridad y, por tanto, nuestra libertad. No parece que Inglaterra se vaya a despeñar por los abismos del totalitarismo; no estamos ante la resurrección del estado policial sino ante el desentumecimiento de una sociedad en guerra por su legítima defensa. Ellos ya han comenzado, nosotros seguimos sin enterarnos. Finalmente, cualquier medida debe afirmar valores occidentales en su planteamiento y no sólo en su justificación. El terrorismo es un ataque a la dignidad humana, a la libertad y la tolerancia y a los derechos fundamentales. La respuesta europea debe simbolizar todo este mundo axiológico. Joseph Weiler ha sugerido que la esencia ética del proceso de integración europeo es el tratamiento respetuoso del otro, desde la no discriminación hasta el rechazo de la xenofobia y el odio colectivo. Los europeos hemos aprendido que contra el terrorismo no sirven los atajos. Imponer un estado policial sería dar la razón a los terroristas, más aún cuando se trata de una lucha en la que la victoria completa sólo aparecerá a largo plazo, los resultados positivos son poco vistosos y las buenas noticias con frecuencia no son noticia. Al mismo tiempo, el enemigo está en casa no sólo bajo la forma de minorías fanáticas. En Europa debemos combatir la barbarie por la que se deconstruye en clave postmoderna cualquier visión sustantiva de los valores democráticos. No hay justificación posible de ningún terrorismo. Parte del problema para vencer esta forma de crimen organizado son el relativismo de nuestras sociedades y la falta de creencia en los valores ilustrados que deberían cohesionarlas. Como ha explicado Alain Finkielkraut, este relativismo lleva a igualar de modo adolescente y peligroso a las civilizaciones y culturas y desemboca en el elogio de la servidumbre y la prevalencia del grupo arcaico sobre el individuo. Volvamos al principio. La actual crisis de la Unión enbuena medida es una crisis de identidad, relacionada con el crecimiento imparable de competencias y de número de estados en los últimos veinte años. Se critica a Bruselas porque hace demasiadas cosas, pero también por sus omisiones. La falta de eficacia en la lucha contra el terrorismo del nivel europeo dañaría aún más su aceptación social, mientras que el acierto en este terreno sería su mejor justificación. Permitiría a medio plazo dar el paso de una Unión concebida como un conjunto de políticas a una Europa imaginada como una comunidad política atractiva. M CARLOS KILLIAN Por otra parte, en cuestiones de inteligencia todos los occidentales, y no sólo los europeos, caminamos a tientas. Es necesario generar y compartir nueva inteligencia sobre el terrorismo islamista. Hace años un informe del Congreso de EE. UU. sobre las amenazas a la seguridad mundial tras la guerra fría alarmaba sobre aquello que no sabemos que no sabemos La falta de información y análisis sobre el terrorismo islamista de origen europeo parece confirmada por los atentados de Londres del 7 de julio, realizados por ciudadanos británicos suicidas bien integrados en su país. En un plano más general, ha llegado el momento de superar las absurdas divisiones entre europeos y entre ambas PALABRAS CRUZADAS ¿Considera aceptable la estrategia de tirar a matar contra el terrorismo? DESGRACIADAMENTE, HAY QUE TIRAR S todo lo políticamente incorrecto que se quiera, va contra quienes estamos contra la pena de muerte, es algo que nos revuelve desagradablemente por dentro, que nos cuesta confesar en voz alta. Es una decisión que no se tiene en pie, que va contra el Estado de Derecho y contra las normas de la democracia. Pero en determinadas ocasiones es la única posibilidad de salvar vidas. Ante un suicida fanatizado es difícil poner a funcionar el sentido común; ante un terrorista dispuesto a morir matando no se puede dudar: hay que abatirlo para que no cometa una salvajada. Es fácil argumentar que se debe disparar a las piernas, la experiencia- -mala- -de los últimos años demuestra que PILAR en milímetros de segundos el hombre o CERNUDA la mujer terroristas pueden hacer estallar los explosivos incluso cuando se encuentran malheridos en el suelo. Ésa es su fuerza, ésa es su ventaja, saben que la policía democrática, los cuerpos y fuerzas de seguridad de los estados democráticos no matan, y los terroristas islámicos están entrenados precisamente para inmolarse cuando se descargan contra ellos las metralletas, cuando se les da el alto, cuando se les impide correr. Si se trata de salvar vidas, es evidente que se debe ser implacable contra los terroristas. Aunque nos repugne la contundencia para evitar que maten. LA IMPORTANCIA DE UNA VIDA E N OS conmocionan a veces con preguntas como ésta: ¿se puede tirar a matar contra quien existe sospecha razonable de que va a cometer una masacre? O esta otra, aún peor: ¿es lícito torturar a quien creemos que tiene información que podría salvar vidas? O aún: ¿deben callar los informadores ante los atentados, para evitar ser altavoces de los terroristas? Mi respuesta, en los tres casos, es no La superioridad del Estado de Derecho, de la democracia, es el alto valor que se da a la vida humana, incluso a la de delincuentes y terroristas; estemos contra toda pena de muerte innecesaria- -y ¿cuándo es necesaria? Me pareció monstruosa, cínica, la declaración policial en Londres: volverán a ocuFERNANDO rrir errores como el del joven brasileño JÁUREGUI porque seguiremos disparando a la cabeza de los sospechosos. ¿Dónde terminan las pruebas concluyentes para dar paso al indicio, a la mera sospecha? ¿Quién decide en qué momento apretar el gatillo? Claro que hay que defender a las poblaciones, a toda costa, de ese terror suicida del islamismo fanático. Pero cinco tiros al que yace tendido e impotente, ¿es defender al Estado? ¿No será una victoria del terror que renunciemos a libertades y seguridades que creíamos garantizadas? Quizá vemos demasiadas películas americanas de heroicos policías duros esos de gatillo fácil y compasión difícil. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate