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ABC DOMINGO 24 7 2005 Espectáculos 71 Principales conciertos ROCK Los Veranos de la Villa Concierto de Colin James Little Big Band. Lugar: Conde Duque. Fecha: 21 de julio CONCIERTAZO LUIS MARTÍN Keith Jarrett 24 de julio: Keith Jarrett, Gary Peacock Jack DeJohnette (Auditorio del Kursaal) Kenny Barron Quartet, Medeski, Martin Wood (Plaza de la Trinidad) 25 de julio: Phil Woods (Auditorio del Kursaal) Amos Lee y Joe Cocker (Plaza de la Trinidad) 26 de julio: Kenny Barron- Mulgrew Miller Duo (Auditorio del Kursaal) Dave Holland Big Band y Mingus Big Band (Plaza de la Trinidad) 27 de julio: Van Morrison (Auditorio del Kursaal) Cuarteto de Bebo Valdés y Gilberto Gil (Plaza de la Trinidad) Eric Burdon, durante su actuación en la apertura del Jazzaldia La 40 edición del Festival de Jazz de San Sebastián se inauguró el sábado con las poderosas presencias de dos mitos de la música, Eric Burdon y Maceo Parker Burdon y Parker arrancan con buen pie el Jazzaldia TEXTO: IÑAKI ZARATA FOTO: AFP SAN SEBASTIÁN. Con precisión horaria arrancó en la suave tarde del viernes la fiesta de inauguración del Jazzaldia 2005. De negro integral, incluidos sombrero y gafas de sol, sentado, el tejano Tony Joe White arrancó en solitario en el recogido recinto a rebosar. Se le uniría pronto Jeff Hale a la batería. Sensible y correcto en lo vocal, punteando con soltura, y apoyándose también en la armónica, el de Texas cantó a cómo llovía en Georgia (y de paso, en todo el mundo Pocas veces se va a dar en todo el Festival una comunicación tan cercana entre escenario y público. Tras la escapada a los pantanos del sur yanqui, los argentinos de Porteña Jazz Band, siguiente cita en la carpa, hicieron caer en la cuenta a quien estuviera despistado que se trataba mayormente de disfrutar de música jazz. El suyo es tradicionalmente perfeccionista y agradablemente ortodoxo. Entonaron con Jubilee Stomp y cerraron terna con Sugar Foot Stomp. Sin respiro, la Big Band del 40 aniversario, elegantemente uniformada en negro, fue la primera gran formación del evento en actuar. Sólidos, compactos, seguidos con cierta incomodidad por el trajín humano del lugar, desgranaron gemas como Short Story o Queen Bee Elegancia jazzera. Los catalanes de La Locomotora Negra prolongarían una lógica similar de big band en el mismo escenario. En su caso con mayores lucimientos individuales y explicación del recital por parte de su director, Ricard Gili. Impolutamente antiguos en Rockin in Rhythm For Bop- pers Too Made- up Blues etc. recordaban los elegantes bailes de cualquier casino a la antigua usanza. La tercera y última visita a la carpa tenía por razón el reencuentro con los veteranos Clunia, sólido cuarteto español que desgranó un set de una media docena de temas Marea negra Paso de piedra Historias de aves Very Metal Carpe Diem con plena hondura jazzística y excelentes escapadas autónomas del soplador Roberto Somoza y del sólido contrabajista Baldo Martínez. Un rostropálido y un moreno Mas la masa y el interés mayor estaban en la arena, con el rostropálido Eric Burdon y el moreno Maceo Parker. Según cifras oficiales el británico agrupó a unas 6.000 personas y el norteamericano a unas 8.500. Sumados, los espectadores de los ocho conciertos habrían sido unos 21.500. Burdon siempre fue bajito y ahora es triponcito. Cantó pletórico, con su profunda garganta de siempre, incluso más limpio en la dicción; a ratos sobre un taburete. Vistió una camiseta del Jazzaldia y tiró de hits Boom Boom Don t Let Me Be Misunderstood When I Was Young We Gonna Get Outta This Place Spill The Wine It s My Life sin apenas novedades. Se alargó sicodélicamente a ratos y remató obligadamente con House of the Rising Sun Con Parker la playa fue un gentío. Centrado, insistente y plano To Be or Not to Be Gimme Some More My Love y hasta machacón Born Funky Advanced Funk What You Know about Funk? en su funk estándar, sus planes eran claros: que la mayoría moviera el esqueleto: Shake Everything We re on the Move Lo logró. a sido el estreno en Madrid de la pequeña big band del guitarrista y cantante canadiense Colin James. Veintidós años de fulgurante carrera que, en otros lugares, llenan teatros y auditorios hasta la bandera. En Madrid, no. Un magistral cuerpo a cuerpo con el blues, con el rugiente arrebato del rock and roll y con el woogieboogie y el rhythm and blues hechos a mano, que- -lástima- -no ha sido bien comprendido por los responsables de la programación. Para conocerlo bien, hay que molestarse en saber que este Jack Dempsey de los escenarios fue apadrinado una vez por Stevie Ray Vaughan, y que, a sus 41 años de edad, es un auténtico veterano en fase de plenitud creadora. A Colin James le ayudan seis instrumentistas cuya estrategia de combate alfombra el camino de facilidades, hacen que la temperatura ascienda hasta conseguir que el mercurio salte. Y arranca la maquinaria rítmica del rhythm blues y el personal queda boquiabierto. Colin rasca las cuerdas de una guitarra acústica y llega un espléndido exorcismo de Van Morrison. Más tarde, la explosiva carga del rock: Freedom I ll see it through y Riding in moonlight Y, a petición de la audiencia, un boogie twist que tiene efectos adictivos. Los metales, cuyo trompetista Terry Townson alguna vez ha sido visto en discos de Delbert McClinton y Clarence Gatemouth Brown, empujan fuerte. Órgano y batería disponen de formas atléticas. Y la guitarra de apoyo y el bajo son la arteria rítmica imprescindible. Desde su compatriota Jeff Haley, no había visto nada igual. Guiños a Canned Heat, a la Memphis Jug Band, a los Stones, a John Lee Hooker, a Hendrix, hasta a Stevie Wonder. Bien puede darse Colin James un baño de masas mientras pulsa las cuerdas de su guitarra y se pasea entre las gradas, saludando al público. Una auténtica pirotecnia de precisión apegada a la propia música, siempre atendida en primer término, ya sea en pasajes de energía exuberante o en esos tramos de lírico melodismo soul que tampoco faltaron en el concierto. A los artistas de verdad, en ocasiones se les descubre en los brotes de complacencia. Lo de Colin James sólo es puro placer. Una entrega cargada de vida y emoción, digna de las atronadoras ovaciones que el público dedicó a una sesión absolutamente encomiable. Conciertazo. H