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18 Nacional DOMINGO 24 7 2005 ABC Blanco reconoce que las diferencias entre el PSOE y el BNG les darán problemas Touriño y Quintana prometen un salto histórico para Galicia al firmar su pacto b El secretario de Organización Fraga: Reformar el Estatuto no es urgente ABC SANTIAGO. El presidente de la Xunta en funciones y portavoz parlamentario del PP gallego, Manuel Fraga, aprovechará el debate de investidura de Emilio Pérez Touriño para advertir al bipartito de que la ejecución de las infraestructuras pendientes y el avance en las políticas sociales son cuestiones más prioritarias para la VII Legislatura que la reforma del Estatuto. Según informaron a Ep fuentes del gobierno saliente, Fraga incidirá en su discurso de despedida del poder en que la reforma del Estatuto de 1981 es necesaria, pero no urgente y, en su programa de Gobierno alternativo al de la coalición del PSOE y BNG, defenderá como prioridades proseguir con la ejecución de las infraestructuras y, sobre todo, reforzar las garantías sociales de los gallegos. socialista asume que habrá debates por la distinta concepción de ambos partidos, aunque confía en que se superen con diálogo E. PÉREZ SANTIAGO. A cuatro días de celebrarse la sesión de investidura del que será el futuro presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, la preocupación socialista por futuros problemas con el BNG ya es pública. El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, admitió ayer, en declaraciones a Radio Lugo, que no descarta que surjan debates en el bipartito gallego y consideró factible que dos formaciones con una no idéntica concepción de país puedan llegar a chocar y tener problemas Dejando a un lado las especulaciones, señaló que lo importante es el compromiso de diálogo y entendimiento adquirido por PSOE y BNG, un debate que hace extensivo a la ciudadanía gallega, de la que esperan que participe como una fuerza más El secretario socialista reconoció que la reforma del Estatuto no es la Pérez Touriño y Quintana, ayer, tras la firma del pacto de gobierno más importante de las actuaciones previstas, a pesar de ser un acuerdo de gobierno. Pero lejos quedan los rumores que apuntaban a una falta de entendimiento entre los partidos que dirigirán Galicia, en principio durante los próximos cuatro años. El líder del PSOE gallego, Emilio Pérez Touriño, y MIGUEL MUÑIZ el del BNG, Anxo Quintana, ratificaron ayer el pacto por el que ambas fuerzas gobernarán en coalición. El contrato palabra con la que se refieren al acuerdo ambos dirigentes, supondrá, según dijeron, dar un salto histórico a Galicia. Ante unos 250 simpatizantes y car- gos de ambas fuerzas políticas, como la ministra de Agricultura, Elena Espinosa, los futuros inquilinos de la Xunta recordaron el esfuerzo de reconocimiento mutuo que han tenido que hacer los dos partidos tras la muestra de confianza depositada por los electores en las urnas el pasado 19- J. ÁLVARO DELGADO- GAL LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA oan Tardá i Coma, portavoz del grupo parlamentario de ERC en el Congreso, lamenta profundamente que nuestra democracia no haya sido alumbrada por una revolución. Tal se desprende al menos de un artículo que ha publicado el miércoles pasado en La Vanguardia ERC y la memoria histórica Fue preciso pactar en condiciones no democráticas los fundamentos del régimen actual, y eso, según Tardá, ha traído servidumbres intolerables. Pero conviene empezar por el principio: ¿por qué es nefasto que una democracia surja del pacto entre agentes no atenidos aún a las reglas formales del juego democrático? La pregunta resulta tanto más pertinente cuanto que las reservas del señor Tardá rozan lo ininteligible. En efecto, resulta imposible instaurar una democracia por procedimientos democráticos. Si los procedimientos fueran democráticos, tendríamos ya una democracia, y entonces no sería menester instaurarla. Estaría instaurada ante factum Suárez no gozaba J de un pasado democrático; ni disfrutaba de él Carrillo; los jóvenes socialistas mantenían con el PSOE histórico una relación accidentada y más simbólica que cuajada en ejecuciones concretas; y por supuesto, la autodisolución voluntaria de las Cortes franquistas no fue acordada por diputados salidos de unas elecciones libres. ¿Qué alternativa quedaba? La revolución, por ejemplo, era una alternativa. Pero no era una alternativa democrática. Ni siquiera las revoluciones que generan democracias son democráticas, si hemos de entender por democráticas las acciones políticas impulsadas por partidos regulares o expuestas al escrutinio de magistrados expertos en derecho constitucional. Antes de que se instale la democracia, no hay democracia. El problema que atormenta a Tardá carece de solución. Está mal planteado, o si se prefiere, no es un problema sino una tontería. ¿Cómo pretende remediar el señor Tardá su no problema? El señor Tardá propugna un gigantesco auto de fe, en cuyo transcurso se quemara a la dere- cha en efigie. No se llegaría al punto de fusilar a los falangistas provectos que aún siguen con vida, pero sí de ponerlos en su sitio, encasquetándoles el capirote penitencial con que antes se paseaba sobre un burro a los reos de la Inquisición. Lo que vale para los falangistas, vale igualmente, por elevación, para los conservadores, máxime si han incurrido en el pecado horrendo de españolismo. En el fondo, y hasta en la forma, Tardá estima que ser de derechas es una tara hereditaria. La reflexión es desdichada, precisamente porque toca una fibra sensible. La derecha, ya lo sabemos, fue predemocrática o no democrática antes de ser democrática. Pero se dio la suerte de que se considerara representada por quienes, provenientes o no de las filas franquistas, negociaron la democracia, e inmediatamente después, la Constitución del 78. Afirmar, como hace el señor Tardá, que todo esto fue una estafa, y que es urgente inventarse otra cosa, supone deslegitimar a las muchedumbres que entonces determinaron sumarse al proceso constituyente. E implica, de rebote, deslegitimar al sistema. Un sistema dejará de ser legítimo si la mitad de la población descubre que su inserción en él no es válida o ha tenido lugar por vías que sólo merecen el desprecio de los demás españoles. Vale más no meneallo. El demócrata Tardá, por cierto, no acepta la Constitución, o si la acepta, no se le nota. No aceptar la Constitución no es lo mismo que considerarla mala. Usted puede pensar que una mala Constitución exige ser reformada, en proporciones tales que la Constitución resultante terminaría pareciéndose poco a la de partida. Pero si usted acepta la Constitución, no hará nada que no esté previsto constitucionalmente, entiéndase bien, que no esté sujeto a normas que para los adversarios son garantías y que aseguran que también ellos tendrán voz y voto en los cambios venideros. Y Tardá se niega a entrar en este juego de caridades recíprocas. Lo que el cuerpo le pide al diputado republicano, es la aniquilación del adversario. El señor Tardá no se siente comprometido por el acuerdo de no agresión que inspiró la redacción de la Carta Magna. Reclama una restitución del pasado, anterior al desenlace de la Guerra Civil. E intima que es necesario invertir de algún modo el desenlace de esa guerra, la cual, al no haber sido ganada por los que deberían haberla ganado, merece ser escenificada de nuevo, aunque alterando el reparto. Tardá llama a esto la recuperación de la memoria histórica lema que ha hecho fortuna y al que no siempre se apela con la cautela debida. La memoria, apresurémonos a señalarlo, no se ha perdido nunca. Lo que se había perdido, y bien perdido estaba, es la injerencia oportunista de la memoria en el debate político actual. Tardá ocupa un cargo de responsabilidad en el partido que cogobierna Cataluña y sostiene a Zapatero en Madrid. No es el mejor de los mundos posibles.