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12 DOMINGO 24 7 2005 ABC Nacional Los afectados por el incendio descargan sus iras contra Barreda y exigen su dimisión La Guardia Civil evitó que los vecinos agredieran al presidente de Castilla- La Mancha b Barreda, que no había acudido por la mañana al funeral de Sigüenza, se encontró en Luzón con unos paisanos exaltados que le increparon y golpearon su vehículo JORGE SÁINZ GUADALAJARA. Intentos de agresión, lluvia de objetos y golpes contra su coche oficial, insultos, peticiones reiteradas de dimisión, intervención de la Guardia Civil, tensión... José María Barreda vivió ayer, sin duda, su peor momento como presidente de la Junta de Castilla- La Mancha. Tras una crispada visita al municipio de Luzón, una de las localidades de Guadalajara afectadas por el trágico incendio de la semana pasada, Barreda se enfrenta ahora a días inciertos al frente de su gobierno. Si la gestión del Ejecutivo que dirige y su coordinación con la Administración central en la labor de extinción de las llamas están más que nunca en tela de juicio, Barreda tuvo que sumar ayer a la lista de suspensos el veredicto inequívoco de culpabilidad de un grupo de casi 300 ciudadanos que todavía olían a miedo después de luchar cara a cara y sin descanso contra el fuego para salvar todo lo que tenían. La película de este difícil trance se inició pasadas las cinco de la tarde. Los alcaldes de la zona, a instancias del primer edil de Luzón, habían convocado una reunión de urgencia en el Ayuntamiento de esta localidad. El objetivo, tratar de aunar esfuerzos, buscar responsables y, sobre todo, poner un remedio en forma de exigencia de cuantiosas ayudas económicas para intentar paliar en la medida de lo posible la crisis económica y sacar a la comarca de la uvi en la que quedó ingresada tras comprobar cómo ardían más de 12.000 hectáreas de sus pinares. oficial, la ira se desató. ¡Fuera! ¡Dimisión! ¿Por qué no trabajabas cuando se quemaban nuestros pueblos? fue lo más suave que escuchó. Los lugareños más viejos conseguían por un momento mirar frente a frente al sucesor de Bono y descargar en él su indignación. El jefe del Ejecutivo autonómico, descompuesta la cara, intentaba recorrer, con la ayuda de sus guardaespaldas y tres guardias civiles, el pequeño camino que separaba la puerta de su vehículo de la casa consistorial. La tensión cortaba el ambiente, mientras Barreda, absolutamente perdido entre el in crescendo de protestas, ganaba la entrada al Ayuntamiento. De puertas para adentro, de puertas para fuera, todo eran reproches y dolor. Nos han tratado como a perros decían algunos. Cuando habían pasado 30 horas desde el inicio del fuego, sólo había un pequeño hidroavión intentando extinguir el incendio comentaban otros. No queremos sus promesas, las buenas palabras no nos sirven ahora remachaban. Mientras tanto, la Guardia Civil, alertada ante tanta tensión acumulada, comenzaba a multiplicar sus efectivos para evitar que la situación se les fuera de la manos. A la entrada de Luzón, una pequeña barricada dificultaba el acceso de los vehículos. Dentro, los agentes de la Benemérita, muchos de ellos amigos de los vecinos, hacían de tripas corazón para montar un improvisado cordón policial que contuviera el enfado generalizado. Una hora y media después, el transitar de los agentes alertó a los vecinos A la salida de la reunión tocaron a clamor. Al callar las campanas, la bronca se reinició más virulenta de que Barreda estaba a punto de salir. El coche oficial, aparcado ante la puerta del Consistorio, sería el refugio, y un coche patrulla abriría el paso. Los gritos y los insultos volvieron con fuerza, pero entonces las campanas de la iglesia de Luzón comenzaron a tocar a clamores en memoria de los once muertos en el incendio. Los vecinos, como llamada de respeto, impidieron la salida del coche de Barreda mientras duró el tañido. El silencio sólo se rompía con algún insulto esporádico. Cuando las campanas enmudecieron, el drama volvió al ambiente. Exabruptos, gritos, golpes, carreras y mucha tensión. Nadie pudo frenar la ira de los vecinos. La reunión mantenida por Barreda con los alcaldes de la zona quedó prácticamente eclipsada por estos sucesos. Tras un encuentro que se prolongó durante dos horas y media en el consistorio de Luzón, en el que estuvo presente más de una docena de alcaldes, ade- Jugando al despiste Barreda había estado jugando al despiste durante todo la jornada. Incluso, llegó a no asistir al funeral por los once fallecidos del retén en Sigüenza porque, según explicó, se encontraba cansado y no terminaba de quedar claro si el presidente de la Junta iba a asistir o no a este encuentro de urgencia. Cuando su presencia quedó finalmente confirmada, los vecinos, con el fuego escrito en sus ojos y la ceniza cubriendo todavía sus pies, se acercaron a la plaza del pueblo para trasladarle su indignación al hombre que los representa. Cada uno tenía su historia y cada historia conducía a un mismo final: Dejaron arder nuestro bosque Cuando Barreda salía del vehículo Alta tensión. Arriba, un vecino se encara con Barreda al llegar CARLOS MONROY a Luzón. Sobre estas líneas, el presidente manchego junto a los alcaldes. A la derecha, la Guardia Civil intenta contener a los paisanos enfurecidos