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ABC SÁBADO 23 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES EL CUARTO TURNO DE MORATINOS C UNDE en la carrera diplomática un cierto temor sobre los planes que Moratinos prepara para la reforma del Servicio Exterior. Por ahora, cuando alguien se lo topa de frente por los pasillos del palacio de Santa Cruz y le pregunta al respecto, el ministro se pone a silbar. Pero igual que se inventaron el acceso a la judicatura por el cuarto turno -para juristas de reconocido prestigio- -parece que en Exteriores piensan en algo parecido para los diplomáticos. Corren malos tiempos para los concursos de oposición. Si se cumple el vaticinio, en breve comenzará a funcionar el método digital y por este atajo llegará a la carrera (nunca mejor dicho) la infantería de afines, embajadores sin oposición a la medida de un partido en el Gobierno pero no de un país. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR MANIPULACIONES BURDAS EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO DE VIKTOR FRANKL Herder Barcelona, 2004 158 páginas 12 euros Sentido de la vida ¿Tiene sentido el sufrimiento? ¿Podemos aprender de él, hacernos, a través de él, mejores? Dostoievski definió al hombre como el ser que se acostumbra a todo Incluso a los campos de exterminio. Víctor Frankl, psicólogo y neurofisiólogo, estuvo recluido en Auschwitz, y pudo salir con vida. En este libro memorable no nos ofrece su experiencia personal de la vida en el campo de concentración, sino un análisis de la vida humana en sus condiciones más inhumanas, a la luz de la psicología; en suma, una psicopatología de la vida en cautiverio. Pero no se trata sólo, ni acaso principalmente, de eso, sino de encontrar el sentido de la vida incluso allí donde parece imposible encontrarlo, en el más atroz sufrimiento. Lo que debe importarnos no es lo que podamos esperar de la vida, sino lo que ella espera de nosotros. Algo muy esencial de la condición humana palpita en este libro, al que el éxito ha hecho justicia. El hombre decide siempre lo que es. Es el ser que inventó las cámaras de gas, pero también es el ser que entró en ellas con paso firme y musitando una oración IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA BC no logrará convertirse en un periódico respetable mientras no se decida a impulsar una purga entre sus colaboradores. Ayer mismo, los señores Herrera y Martín Ferrand hacían uso del espacio que liberalmente les concede este periódico para ensartar sendas piezas de una tendenciosidad grosera. Afirmaba el primero, con su desenfado característico, que durante la Guerra Civil, y aun en sus vísperas, también se cometieron crímenes y tropelías en el bando republicano. Y el segundo, en un alarde de irresponsabilidad sectaria, se atrevía a reprochar a nuestras autoridades el desdén con que han obsequiado la memoria de cierto autor teatral que desarrolló su obra durante el franquismo. Un periódico serio no puede cobijar tamaños dislates, nacidos sin duda del resentimiento más obtuso y de cierta tentación de revisionismo demagógico que, por fortuna, JUAN MANUEL nuestros muy ecuánimes gobernanDE PRADA tes están consiguiendo contener. Sólo deseo que los lectores del periódico, en quienes presumo una mínima capacidad de discernimiento, no se dejen intoxicar por tan demenciales mistificaciones. Escribe el señor Herrera que la recuperación de la memoria exigiría considerar a todos SIC los muertos, también a los que mató el bando que perdió y a los que empezó a matar, incluso, antes de que golpeara el ejército contra el orden establecido A esto se le llama reinventarse la Historia. Pues como todo el mundo sabe (o debería saber) la llamada Guerra Civil no fue en realidad sino una matanza unidireccional, en la que las alimañas de un bando se dedicaron durante tres años al exterminio de los corderos del otro. Jamás he oído que se fusilara en el bando republicano, jamás he leído que en el bando republicano triunfaran los desmanes y ajustes de cuentas a los que habitualmente se entregaba la A canalla fascista. Cualquier persona mínimamente instruida sabe que las checas, los asesinatos indiscriminados de clérigos, las sacas al amanecer con destino a Paracuellos son fantasmagorías de la propaganda facciosa. Como sabe, también, que la Segunda República fue un paraíso en la tierra, la expresión más acabada de la democracia social, un oasis de concordia que sólo personas tan extraviadas como el señor Herrera pueden atreverse a negar. ¿O es que el señor Herrera ignora que durante aquellos años gozosos la paz campeaba en las calles, los conventos gozaban de seguro contra incendios y los partidos de izquierda (con los socialistas a la cabeza) mostraban un respeto indubitable hacia las instituciones parlamentarias? A ver si nos informamos un poco, señor Herrera, antes de segregar tanta bilis por la pluma. Y, para completar este festín de falacias insostenibles, llega el señor Martín Ferrand y se pone a reivindicar la memoria del dramaturgo Miguel Mihura, que aunque nos lo pinten algunos como un ácrata, era en el fondo un derechista, puesto que de derechas era el régimen que permitía el estreno de sus obras. Pero, vamos a ver, señor Martín Ferrand, ¿es que no se ha enterado usted de que no se puede ser buen escritor y de derechas? ¿A quién trata usted de convencer con imposibles ontológicos? ¿Qué méritos puede lucir ese tal Mihura que lo hagan acreedor de reconocimiento? ¿Hubo de exiliarse, acaso, después de la Guerra Civil? ¿Militó en alguna formación clandestina, aunque fuese de mentirijillas? ¿Padeció, siquiera, el llamado exilio interior Produce cierto rubor enunciar ciertas verdades de Perogrullo, pero quizá convendría recordarle al señor Martín Ferrand que las bondades literarias y artísticas las define la ideología. Con personas tan obcecadamente sectarias como los señores Herrera y Martín Ferrand este periódico acabará yéndose al garete. Menos mal que aquí estoy yo, para reprimir y afear sus excesos.