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ABC JUEVES 21 7 2005 25 El Gobierno checo aprueba un proyecto de ley para regularizar la prostitución La Policía y el Ejército abortan la marcha de los radicales israelíes sobre la franja de Gaza Cocinero antes que fraile John G. Roberts tiene 50 años. Nació en Buffalo y estudió en Harvard. Casado y padre de dos hijos. El matrimonio ha sido descrito por sus amigos como católicos devotos. Como socio de la prestigiosa firma Hogan Hartson y letrado del Departamento de Justicia ha defendido 39 casos ante sus futuros colegas con 25 victorias. Durante su ascendente carrera en Washington ocupó puestos de confianza en los gobiernos de Reagan y Bush padre Bush, en el momento de anunciar la designación de Roberts, quien acudió a la Casa Blanca con su mujer y sus dos hijos REUTERS Bush designa a un juez conservador, pero no militante, para el Supremo Pulso en la cúspide judicial de EE. UU. por el delicado balance ideológico b Con Roberts, la Casa Blanca intenta satisfacer a la ortodoxia de su base pero sin generar una batalla campal durante el proceso de confirmación en el Senado PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. En el pionero engranaje constitucional de Estados Unidos, el Ejecutivo y el Legislativo tienen que sincronizarse de alguna manera para cubrir los vitalicios nueve puestos del Tribunal Supremo, mezcla de corte constitucional y máxima instancia de apelación donde tarde o temprano terminan por desembocar los constantes dilemas judicializados que genera el gigante americano. En uno de los actos de mayor trascendencia para los inquilinos de la Casa Blanca, el presidente Bush ha puesto fin a tres semanas de cábalas, especulaciones y anticipadas polémicas nominando al juez federal John G. Roberts para ocupar la vacante creada por la voluntaria dimisión de la magistrada Sandra Day O Connor. Para evitar una batalla política de coste e intensidad comparable a unas presidenciales, Bush se ha decantado por un conservador pero sin la carga ideológica que hubiera garantizado una batalla sin cuartel para lograr su confirmación por el Senado. Con un impecable historial profesional, la selección de Roberts ha sido recibida con bastante respeto, tanto en las filas del Partido Demócrata como en las pági- nas editoriales de los grandes diarios estadounidenses. No obstante grupos pro- aborto y organizaciones de izquierda no han tardado en protestar ante lo que consideran como una cimentación de la hasta ahora relativa mayoría conservadora en las filas del Supremo. Conservadores y liberales Hasta la fecha, la cúpula de la pirámide judicial ha estado ocupada por tres miembros claramente conservadores y cuatro liberales. Dejando a los magistrados Anthony H. Kennedy y, sobre todo, Sandra Day O Connor con votos tan impredecibles como decisivos. Con todo, aunque actualmente siete de los nueve magistrados del Supremo han sido nominados por presidentes republicanos, la máxima corte ha venido preservando el derecho al aborto y otras controvertidas políticas sociales mientras que se ha pronunciado parcialmente en contra de la pena de muerte y ha eliminado leyes que discriminaban contra homosexuales y lesbianas. El presidente Bush, en su primera oportunidad desde su llegada a la Casa Blanca para determinar la composición del Supremo, ha presentado al telegénico Roberts como un jurista que se limitará a interpretar las leyes de EEUU, en lugar de caer en la tentación de activismo judicial que a su juicio usurpa las funciones de otros poderes constitucionales. Tras dos intentos fallidos en 1992 y el 2001, la carrera ascendente de Roberts con la Administración de Bush se remonta a hace dos años cuando fue nominado con éxito para ocupar una vacante en la prestigiosa Corte federal de Apelaciones en Washington. Puesto para el que recibió el respaldo unánime del Senado. En este caso, la limitada experiencia judicial de Roberts parece jugar a su favor. Al no tener un voluminoso historial de sentencias, sus opositores no van a disponer de abundante y gratuita munición. Se espera que la Cámara Alta aborde el proceso formal de confirmación en septiembre, con el objetivo de alcanzar una decisión para cuando el Supremo reanude su calendario de actividades en octubre. Para pastorear este debate- -que posiblemente se calentará en torno a las posiciones del candidato con respecto a la polémica del aborto- -la Casa Blanca ha confiado en un veterano y cinematográfico insider Fred Thompson, ex miembro del Senado con una amplia carrera como actor secundario en Hollywood.