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ABC JUEVES 21 7 2005 Opinión 7 tos racionales, acaso muchos de los problemas que nos ocupan nunca tendrían lugar. Y no sucederían por dos razones: porque tendríamos entonces una leal y continua vigilancia y cuidado todo el año y porque, además, obtendríamos beneficios económicos y ecológicos nada desdeñables (mediante una producción forestal adecuada, y sus paralelas mejoras, repoblaciones, pistas forestales, cortas o podas apropiadas) Por consiguiente, y dejando a un lado situaciones episódicas que desenmascaran tras un incendio una intención de cambio de uso del suelo a efectos urbanísticos o agrarios, un fraude con la madera quemada, una enfermedad mental o una negligencia grave- -circunstancias para las que nuestro ordenamiento penal y administrativo cuenta con los debidos remedios, más o menos mejorables- -es cierto que lo que acontece un verano sí y otro también en nuestros bosques puede encontrar vías de solución en estrategias como las apuntadas: convirtiendo de una vez nuestras masas forestales en un recurso de primera magnitud susceptible de aprovechamiento empresarial como sucede en muchos otros estados- -de los que, por cierto, adquirimos muebles en conocidas grandes superficies- sin recelar administrativamente de sectores que son, además, los primeros interesados en la cantidad y calidad de su producto. LA ESPUMA DE LOS DÍAS JUGAR CON FUEGO C aquí un doble debate que ya se ha avanzado en otras latitudes sobre esta materia. Por un lado, el derivado de la discutible aplicación de medidas ambientales que prosiguen descuidando de sus agentes colaboradores en el propósito ecológico (la población rural) y de otro, el propio de la desconfianza y recelo que continúa existiendo en no pocas instancias públicas a la adecuada puesta en valor empresarial de los recursos silvícolas. Indudablemente, si arraigamos a las gentes en su entorno natural, dotándolas de la suficiente confianza para velar por lo suyo, y las incentivamos además para sacar partido de los montes a través de aprovechamien- Si a esto unimos la presencia sobre el terreno, como mano de obra cualificada, de quienes conocen desde niños los bosques, ningún peligro existirá de respuestas tempranas ante los incendios, entre otras razones porque serán ellos mismos los que los evitarán a lo largo del año, también como principales protagonistas. Sin embargo, los que desgraciadamente no contribuyen demasiado a todo este estado de cosas son bienintencionados e ingenuos planes y más planes en Power Point diseñados desde la moqueta de la ciudad, en los que lo único que muchas veces parece importar son las necesarias previsiones de medios aéreos o terrestres para acabar con los incendios, pero rara vez las adecuadas medidas para evitarlos al gestarse, que es cuando el verano está aún lejos. Las consecuencias son y deben ser tenidas en cuenta, máxime cuando hay víctimas. Pero también es preciso aproximarse a las auténticas causas, y singularmente cuando llevan delante de nuestros ojos desde hace décadas sin que queramos- -o sepamos- -verlas. PALABRAS CRUZADAS ¿Debe haber ceses o dimisiones en Castilla- La Mancha? A CASA casa, deberían irse a casa quienes no supieron reaccionar con eficacia ante una catástrofe. Tendrían que dimitir los que no supieron reaccionar a tiempo, los que rechazaron la ayuda que se les ofrecía, los que decían tener todo bajo control mientras las llamas avanzaban kilómetro a kilómetro a velocidad de vértigo y destruyendo todo a su paso. Debería dimitir la consejera que no supo medir la importancia del incendio devastador y apenas reaccionó durante las primeras treinta horas. Pero no es la única. En cualquier empresa se despide a quien demuestra no estar capacitado para ejercer el cargo, y en política debePILAR ría ocurrir lo mismo. Si no resuelves, te CERNUDA vas; si no reaccionas con prontitud, te vas; si no sabes, te vas; si no demuestras eficacia, te vas. Si tienes en tu mano los medios para actuar, o tienes en tu mano la posibilidad de pedir ayuda a quien cuenta con esos medios, y no lo haces, es evidente que no puedes continuar en tu puesto de trabajo. Empieza el espectáculo de echarse la culpa unos a otros para eludir responsabilidades. Pero los españoles sabemos perfectamente quién o quiénes no estuvieron a la altura de las circunstancias. Que se vayan. Del todo, definitivamente, a un destino en el que su falta de eficacia no tenga consecuencias tan dramáticas. PAGA EL PATO, PAZGUATO NA tragedia humana y ecológica no debe convertirse, pienso, en pelea política. Nunca sobre la dolorosa estela de los cadáveres. Tiempo habrá para reflexionar qué hemos hecho (qué venimos haciendo desde tan atrás) mal. ¿Quién es culpable de que se queme el monte? Primero, el imbécil de la barbacoa. Y sus cómplices domingueros que dejan latas, botellas, papeles, estigmatizando los pinares. Segundo, quienes, desde tiempos inmemoriales, se ocupan poco o nada de rastrojos, de campañas de concienciación, de prevención. Estos irresponsables están en el Gobierno central, en la administración periférica, en las comunidades autónomas, en FERNANDO los ayuntamientos. Tan resguardados JÁUREGUI ellos, en sus despachos. ¿Dónde han de empezar los ceses? ¿En la Junta castellano- manchega, por lenta? ¿En algún ayuntamiento, por torpes? ¿En el Ministerio de Medio Ambiente, incapaces de coordinar las labores de extinción? Eso: ¿para qué está el ministerio, que ni se le nota? ¿Y dónde Zapatero, que voló a China? ¿Y la oposición, que tampoco estuvo? ¿Hay alguien a quien, para lavar la conciencia colectiva, debamos cortar específicamente la cabeza (de turco) ¿Una consejera de Medio Ambiente, un delegado del Gobierno, un currinche cualquiera? Qué fácil sería eso; hasta el próximo incendio. No, seguro que hay cosas más positivas que hacer. A U ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate ONSTRUIR una teoría de oposición política sobre las imprevisiones de los hombres comporta un riesgo cierto: que el rebote de la pelota, en un lance inmediatamente posterior, te destroce el cristalino. La fragilidad de la conducta humana es materia harto impredecible. Ninguna administración, ninguna autoridad, dispone en su manual de buenos usos de los recursos suficientes para ponerse a resguardo de toda veleidad concebida por los hombres. Acudir con diligencia a reparar los destrozos causados sí es una obligación exigible a los gobernantes; endosarles una parte sustancial de la responsabilidad por los daños perpetrados es recurso de picaEDUARDO pleitos buscafortunas o SAN MARTÍN de políticos depredadores que buscan en los errores del oponente remedio a sus propias debilidades. ¿A quién puede extrañarle que los portavoces del Partido Popular utilicen ahora la terrible desgracia de Guadalajara para tomarse cumplida venganza por los padecimientos que la oposición les hizo sufrir como consecuencia del accidente del Prestige en el nefasto otoño de 2002? Nadie estaba autorizado a poner en duda entonces, más allá de los errores inducidos por la urgencia de la situación o de una eventual laxitud en la normas preestablecidas (que nunca serían suficientes para prever todos los infortunios urdidos por el azar) la buena voluntad de los gobernantes de turno para paliar los efectos de la tragedia y remediar los daños provocados. La petición de cuentas por la mala gestión de una situación de crisis, de la que nunca puede abdicar una oposición leal con su propio papel institucional, desbordó todos los límites en aquellas infaustas jornadas de hace tres años. Al gobierno de turno se le endosaron no sólo determinadas actuaciones de dudosa oportunidad sino la responsabilidad misma de la tragedia. Y hasta tuvimos que asistir a oportunistas discursos relativamente exculpatorios de la lamentable actuación del capitán del barco. No sería justo que ahora se repitiera, con ocasión de las muertes provocadas por el incendio de Guadalajara, un espectáculo interpretado según el mismo libreto pero con los papeles invertidos. Dicho lo cual, los socialistas en el gobierno son quienes menos razones pueden esgrimir para dolerse del acoso político al que van a ser sometidos. Desde hace un decenio, el reñidero político de España carece de un reglamento de juego comúnmente aceptado. Todo es bueno para el convento. No importa lo que se pone en juego. Ya sean los servicios secretos, la lucha contra el terrorismo o el prestigio internacional del país; o, en un plano mucho más prosaico, las inmensas indemnizaciones que deben saldar unas aseguradoras navieras o el porvenir del turismo de una región española. Sólo importa desgastar al contrario; hasta que un día el azar se desquita convirtiendo la expresión metafórica jugar con fuego en una espantosa realidad.