Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 Opinión JUEVES 21 7 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JAVIER JUNCEDA PROFESOR DE DERECHO ADMINISTRATIVO. UNIVERSITAT INTERNACIONAL DE CATALUNYA ZAPATERO Y EL SURREALISMO O peor de la vida pública española, tras el mazazo del 11- M, es que aquí ya nadie se sorprende por nada. El talante presidencial, hermoso contenedor del vacío absoluto, sirve de narcótico colectivo mientras un PP desconcertado y sin rumbo aporta la almohada para una inmensa siesta nacional. Aquí no pasa nada. Hemos llegado a un punto de insensibilidad tan alarmante que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero se permite escribir en el Financial Times que el terrorismo es fruto de un mar de injusticia universal y no suenan las sirenas ni repican las campanas para avisarnos de la proximidad del peligro. ¿Se puede decir impunemente, M. MARTÍN desde un país que lleva FERRAND más de treinta años soportando el terrorismo etarra y que conoce la brutalidad del islámico, que ese es un fruto de la injusticia universal? Por respeto al presidente del Gobierno estamos obligados a sospechar que su equipo de amanuenses interpretó mal, muy mal, las ideas de Zapatero y que su trascripción para tan prestigioso periódico internacional no refleja, ni de lejos, el pensamiento del líder leonés. Si se toma en serio lo escrito, o firmado, por Zapatero no le falta razón a Mariano Rajoy para, después de calificarlo como una tontería muy importante decir que eso, además de buscarle excusas a los asesinos, es tanto como decir que la culpa, en el fondo, es de las democracias occidentales Quizás ocurre que la vocación tercermundista tantas veces evidenciada por el presidente del Gobierno y muchos de sus próximos, la que le lleva a halagar a Fidel Castro o a Hugo Chaves y a ofender a George Bush, ha alterado en su cabeza el orden en la prioridad de los valores. Parece que los que nos corresponden, los occidentales, los de la tradición cultural grecolatina y cristiana, le resultan distantes y prefiere otros que, para mayor incomprensión del momento, no nos confiesa ni predica. La concentración en los debates accesorios, los que no coinciden con la tabla principal de las inquietudes ciudadanas, como es el caso del Estatut que concentra las energías del Parlament, está desviando la atención y el entendimiento de lo principal. Eso, que ya sería perturbador en la dirección de un club de amiguetes, pasa a ser grave cuando afecta a la gobernación de un Estado complejo y empuja al surrealismo. Si alguien recuerda Las tentaciones de San Antonio, de Salvador Dalí, España es hoy como el santo desnudo del lienzo que trata de parar el avance de una rara fauna de patas largas, formas inquietantes y caprichosas y colores agresivos como impone la dictadura del realismo fantástico. La diferencia reside, únicamente, en que el santo de Dalí tiene una cruz en la mano y Zapatero se basta con el talante. Sabemos que San Antonio, que era egipcio y se llama Abad, superó sus tentaciones; pero Zapatero, pobrecito, parece dispuesto a caer en todas. DE BOSQUE A SELVA El autor apunta como solución a la situación que atraviesan los bosques unir la presencia sobre el terreno, como mano de obra cualificada, de quienes conocen los bosques, y el aprovechamiento empresarial de las masas forestales como hacen otros Estados ALVO contadas excepciones, quienes han vivido, generación tras generación, en las zonas naturales a las que la sociedad urbana contemporánea tanto presta hoy atención han sido los primeros y últimos custodios de sus arcanos, de sus riquezas, de sus esencias más profundas. En buena medida puede afirmarse que las bondades que nos sigue brindando nuestra naturaleza han sido posibles debido a las atenciones y esmeros de estas modestas gentes, de estos auténticos agentes ambientales que, pese a inclemencias de todo género, se han mantenido unidos a ella mimándola como algo propio. Con todo, se ha convertido en un hecho múltiples veces denunciado que nuestros extraordinarios bosques llevan camino de convertirse en selva. Cada vez resulta más habitual en las comarcas forestales españolas detectar un progresivo abandono de los lugareños, y el paulatino avance anárquico de las especies vegetales que, desde siempre, tanto habían enaltecido su entorno. Así, a la ausencia actual de interés energético de la madera (utilidad que, dicho sea de paso, diezmó al menos hasta el siglo XVIII nuestra cubierta vegetal, junto con la construcción naval o la actividad de La Mesta) se ha venido a unir últimamente la obstaculización y continuo gravamen de las actividades silvícolas inocuas y tradicionales practicadas desde tiempos inmemoriales por los vecinos de esas zonas, lo que ha supuesto, aquí y ahora, habituales escollos para acudir al bosque a velar por L S su identidad botánica, la renuncia forzada a ocupaciones forestales clásicas o, en fin, la ausencia de una debida limpieza invernal de los montes, plagados de una biomasa capaz de ejercer como excepcional acelerante de los pavorosos incendios de cada canícula, como acaba de suceder en Guadalajara. Hoy, en suma, amplias extensiones de espacios forestales de España corren patente riesgo de pérdida como consecuencia de estrategias ambientales en las que aún se ignora y hasta desdeña la huella humana. En buena medida por un apriorismo infundado, muchas de nuestras normas y sus subsiguientes actuaciones públicas continúan partiendo del equívoco de considerar la intervención de los campesinos como sinónimo de depredación, cuando ello no siempre ha sido así, sino justamente lo contrario. De modo que en los incendios forestales, cuyas luctuosas secuelas hoy lamentamos, no procede tanto desentrañar sus orígenes inmediatos criminales o negligentes como descubrir el invariable contexto en que, año tras año, se producen: una notable desatención a nuestros bosques que alcanza a las cuatro estaciones, y muy significativamente al invierno, donde se obliga a crecer desordenadamente y entre rastrojos, maleza y broza, lo que antaño se cuidaba espontáneamente como un recoleto jardín. Por todo ello, y reviviendo un verano más en nuestro país estos estragos forestales, no resulta trivial reabrir -Busco intermediarios para recuperar mis relaciones con Rajoy; necesito a Mariano para restablecer mi trato con el presidente Bush.