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ABC MIÉRCOLES 20 7 2005 95 Deportes El gallego logra la primera victoria del Phonak en el Tour; Andrey Kashechkin fue golpeado por un espectador cuando iba escapado LA ETAPA GANADOR 1 Óscar Pereiro (Phonak) SEGUNDO ESPAÑOL 2 Xabier Zandio (Baleares) LÍDER 1 Lance Armstrong (EE. UU. Discovery) PRIMER ESPAÑOL 5 Francisco Mancebo (Baleares) 4.38: 40 m. t. 66.52: 03 a 6: 31 Zidnae, Guti y Soldado, protagonistas del segundo triunfo del Real Madrid en su gira americana, 0- 2 ante el Galaxy El Aubisque compensa a Pereiro PERFIL ÓSCAR PEREIRO Ciclista del Phonak Es el primer gallego que gana en el Tour. Proviene del ciclocross y hacía exhibiciones en discotecas Cascarilla promociona el albariño J. C. C. ABANDONOS Backsted y Bortolami Incidencias: Andreas Kloden, el segundo clasificado de 2004, tiene una pequeña fractura en la muñeca izquierda y hoy decidirá si toma la salida. JOSÉ CARLOS CARABIAS PAU. Un aura invencible acompaña a Armstrong. Cuentan los veteranos del pelotón, finos analistas que han hecho de su vida un ejercicio de subsistencia, que el americano maneja el Tour con precisión quirúrgica. Cuentan, porque en la maquinaria del grupo todo se escucha, que Armstrong no necesita la comprobación de las clasificaciones, la ratificación auditiva de su director. Se escapa alguien y su mente procesa el dato con velocidad cibernética. Frases durante la primera semana del estilo está a siete minutos, déjale El eco del boss resonó también en la clausura de la montaña. Aún le quedaba aliento al T- Mobile y al CSC para alzar una guillotina sin filo, en la que nadie cree: la caída del mito. El Aubisque evoca un escalofrío. Activa algún sensor que desplaza la mente hacia las madrigueras de los osos, aquel 21 de julio de 1910, cuando se subió por primera vez. Es una carretera cortada a cuchillo sobre un macizo majestuoso, un desfiladero de túneles antediluvianos que sacuden el cerebro. Octave Lapize tardó catorce horas y diez minutos en recorrer el Peyresourde, el Aspin, el Tourmalet y el Aubisque en la etapa Luchon- Bayona, 326 kilómetros de nada. Alphonse Steines, el periodista al servicio del fundador del Tour- -Henri Desgrange- se adelantó a la zona para ejecutar la idea. En la inspección, su coche se quedó bloqueado por la nieve. Subió a pie los últimos cuatro kilómetros y llegó a las seis de la mañana al otro lado de la montaña. Y no dejó que la realidad estropease la noticia de su hallazgo. Escribió un telegrama al patrón. Montaña en perfecto estado. Muy buena ruta. Practicable Lapize, el ganador en Bayona, se liberó con aquella frase célebre: Henri Desgrange es un asesino Desde el pasado miércoles la mujer de Óscar Pereiro, María, utiliza el índi- Pereiro grita su triunfo al cruzar la meta ce contra su ansiedad según el trazado. Apaga el televisor cuando su marido desciende un puerto y lo enciende cuando empieza a subir. Al ciclista de Mos (Pontevedra) le pierde el estómago. Bajaba la Madeleine y dio prioridad a un pastelillo antes que al equilibrio sobre la bici. Desapareció de la imagen como un globo con piernas que se lleva el viento. Prefiero caerme a no comer dijo el gallego glotón. EFE Lejos de la ciudad El día invitaba a conquistar el Aubisque en una sesión de aventureros en forma. El coloso está siempre muy lejos de cualquier ciudad reciclable como final de etapa. No ganan escaladores. Pereiro probó sus piernas en la compañía de los últimos días. No hay fuga del Tour 2005 sin Vinokourov. Junto a ambos se escabulló Andrey Kashechkin, el ucraniano del Credit Agricole que presentaba cierto vigor en la clasificación, decimonoveno a veinte minutos del líder. El eslavo padeció en su carne la estupidez, tan pro- clive en los Pirineos a un deporte de raíz noble, sin incidentes de público, que aplaude al primero y al último. Un chiflado se puso a jugar con un rodillo y golpeó al ciclista en el cráneo. Era cabeza de carrera y, ofuscado por el dolor y, claro, la rabia, se dio media vuelta, pedaleó en contra del pelotón y buscó el coche del médico. Mientras el T- Mobile y el CSC apretaban las clavijas a Armstrong en un decoroso arranque de voluntad, Pereiro navegó competente entre fugas y fugados hasta encontrar una buena reunión. El navarro Zandio, el redescubierto Cadel Evans y el italiano Mazzoleni, envidia del pelotón por su novia, la hermana de Ivan Basso. En esa concurrencia halló Pereiro la recompensa. Tantas escapadas sin buen puerto y, sobre todo, el recuerdo amargo de su derrota en el mano a mano ante Hincapié. Pereiro tenía más energía que nadie, tal vez más personalidad, para dedicarle el triunfo a su mujer, embarazada de seis meses, que no aguanta sus descensos lunáticos por el Tour. Eclipsado por otras jerarquías, el esplendor de Valverde, las tres Vueltas de Roberto Heras, el fulgor de Iban Mayo o la regularidad compulsiva de Paco Mancebo, a Óscar Pereiro le tocó navegar contra corriente. No es una primicia en su vida. Está acostumbrado. Vecino de la triple P- -Padrón, Porriño y Ponteareas- de donde salieron ciclistas estimables como Álvaro Pino, Blanco Villar, Ángel Vidal o Manuel Carrera, Pereiro rompió ayer de un plumazo unos cuantos estereotipos. Es el primer gallego que gana una etapa en el Tour y también el primer corredor del Phonak. Eclipsado en el ciclismo hasta el Tour del año pasado, cuando acabó décimo y patentó su nombre y apellidos. Óscar Pereiro Sío, habitante de Mos, en el extrarradio de Vigo, hijo de Servando, un empleado de la factoría Citröen, y de Carmen, ama de casa. Eclipsado por una trayectoria invisible a efectos mediáticos en Portugal, miembro del Porta da Ravessa, hasta que su paisano Álvaro Pino le hizo llorar de alegría cuando le comunicó que tenía un hueco para él en el Phonak. Fue entonces cuando a Cascarilla le cambió el chip. Y casi el apodo de niño. Así le llamaban porque era un alfeñique- -con catorce años medía 1,50 y pesaba 38 kilos- Corrió el Giro 2002 y acabó duodécimo. Se convenció entonces de que su motor diésel comenzaba a funcionar a partir del sexto o séptimo día. Un abonado a las pruebas de resistencia, a trayectos de aliento largo. Álvaro me obligaba a sufrir todos los días ha dicho. Una tortura agradable. No como el despido de Pino por los positivos de Hamilton y Santi Pérez, sino como el ciclocross, su deporte de origen, en el que se proclamó campeón de Galicia, el que le llevó a dar brincos en exhibiciones de discoteca bien pagadas, el que le impulsó a la carretera y al Tour.