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60 MIÉRCOLES 20 7 2005 ABC Cultura y espectáculos Sarah Lee Guthrie: Sin gente como Elvis o mi abuelo, nuestra música no sería lo que es La nieta de Woody, el gran trovador y maestro de Dylan, presenta en España su genial Exploration b La minigira, en la que le acompaña su marido, el reputadísimo Johnny Irion, recala hoy en Pirineos Sur; mañana, en El Sol de Madrid; y el sábado, en Guadalajara MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Diga Guthrie y dirá lo mejor de la música popular norteamericana. Y si lo dice al cuadrado multiplicará las posibilidades de encontrarse ante una de las más gratas sorpresas que ha dado el gigantesco granero del nuevo folk y el nuevo country de la Unión en las últimas temporadas: Sarah Lee Guthrie, hija de Arlo, el protestón cantor de los sesenta, y nieta de Woody, el legendario Woody, el mítico Woody, el trovador rebelde al que Dylan, veinteañero y recién llegado a Nueva York, visitó en el hospital a la búsqueda de un puñado de respuestas, aunque luego, ya saben, estaban en el viento. Durante su infancia y adolescencia Sarah participó ya con su padre en varias grabaciones, aunque en sus años universitarios prefería la contundencia de las bandas juveniles de punk y de garaje a las tonadas de sus progenitores. Pero la herencia pudo más y Sarah acabó juntando sus fuerzas con un músico bastante conocido en los ambientes independientes, Johnny Irion, también marcado en sus genes por otro grande de la cultura norteamericana, John Steinbeck, del que, curiosamente, es sobrino nieto. Curiosamente, porque una obra de Steinbeck, Las uvas de la ira y su protagonista Tom Joad, conectan directamente con la obra de Woody, aquel hombre que se encaramaba a los trenes para viajar con los jornaleros, que cantaba allí donde había problemas, que dejó estampada sobre la caja de su guitarra una frase que no deja lugar a dudas: Esta máquina mata fascistas Animados seguramente por el éxito entre nosotros de otros artistas (Steve Earle, Jason Ringerberg, Stacey Earle, Wilco, Mark Olson... que en los últimos meses han visitado España, esta semana Sarah y Johnny hacen lo propio llevando en su mochila Exploration uno de los mejores discos de americana de la temporada. Sarah Lee y Johnny, uno de los dúos más dinámicos de la actual música de raíces estadounidenses Taj Mahal sentó cátedra en Madrid de su sabiduría en torno al blues PABLO MARTÍNEZ PITA MADRID. Asistir a un concierto de Henry St. Clair Fredericks, alias Taj Mahal, significa contemplar por un rato el pasado, el presente y el futuro del blues. Este músico negro, multiinstrumentista y que hace gala de excelente humor y gran corpulencia, ha dedicado buena parte de sus más de sesenta años a investigar las raíces de la música que cautivó, en un cruce de caminos, a Robert Johnson. En ese afán no ha dudado en viajar La casa de la pradera Desde este lado del Charco se antoja que la gran pradera americana no deja de dar frutos de primera categoría musical y parece que la música de raíces está más arraigada (valga la redundancia campera) que nunca. Nosotros los americanos- -explica Sarah al otro lado del e- mail- -tenemos la gran suerte de que nuestra música sea conocida y al Caribe, a Hawai o, como ha ocurrido en su más reciente álbum, Mkutano a Zanzíbar. Podría decirse que él es el equivalente a lo que representa Enrique Morente en el flamenco. Es decir, una continua búsqueda de nuevos sonidos a través de un conocimiento preciso de las raíces de la música que interpreta. En la noche del martes se presentó en el madrileño escenario del Conde Duque con un repertorio para todos los gustos. Desde las profundidades del Mississippi, hasta los territorios del citado país del Océano Índico. Entre los temas escogidos se encontraron Annie May Everybody s got to change sometime y My creole belle Es normal que el público celebrara con vítores cuando Taj Mahal apretaba el acelerador, pero en sus momentos más experimentales es donde hacía gala de esa enorme cantidad de matices que es capaz de extraer de una música que a menudo ha sido calificada de inmovilista. No es, evidentemente, su caso. Le acompañaban en esta labor los mismos dos músicos presentes en su nuevo trabajo, Kester Winston a la batería y Eddie Wilbert al bajo. Este últi-