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ABC MIÉRCOLES 20 7 2005 Internacional 27 El general Westmoreland habla con sus soldados en Bien Hoa (Vietnam) en 1965 AP La tranquila muerte del veterano general de 91 años, comandante de las fuerzas de Estados Unidos en Vietnam, genera inevitables paralelismos con la situación iraquí Westmoreland y la comparación Vietnam- Irak PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Ante un conflicto como el de Irak, cada vez más impopular, (y que empieza a traducirse en una espiral de negativas encuestas sobre la gestión de Bush en su segundo mandato) costoso (más de 200.000 millones de dólares) y letal (que se ha cobrado la vida de 1.760 soldados) la tranquila muerte este lunes a los 91 años del general William Westmoreland, comandante de las fuerzas de Estados Unidos durante lo peor de la guerra de Vietnam, ha generado inevitables comparaciones entre dos encrucijadas históricas que, pese a su diferencia en magnitud y escala, han servido para cuestionar el prestigio internacional del gigante americano, generando inciertas perspectivas de seguridad y estabilidad. El general Westmoreland, responsable en Vietnam entre 1964 y 1968, insistió hasta el final de sus días en que Estados Unidos no había perdido el brutal pulso militar en el sudeste asiático. Declarándose carente de disculpas y lamentos este alumno de West Point consideraba que, gracias al sacrificio de 46.000 soldados estadounidenses muertos en acción, se había logrado conjurar la expansión en cascada del comunismo durante la Guerra Fría, y convertir a Vietnam en un caso perdido, dirigido por un grupo de viejos, y que no amenaza más que a sí mismo Durante sus responsabilidades en Vietnam, la presencia militar de Estados Unidos se multiplicó, pasando de los 16.000 asesores a la llegada de Westmoreland hasta llegar a medio millón de tropas en 1967, para aplicar su cuestionable estrategia de buscar y destruir al enemigo. Además de solicitar constantes refuerzos al presidente Lyndon Johnson, el general defendió sin éxito la necesidad de expandir el conflicto hacia los santuarios de Camboya, Laos y Vietnam del Norte. El final de la plena confianza de Washington en su general vendría con la ofensiva Tet de 1968, festividad en la que los comunistas lograron lanzar ofensivas simultáneas en varios puntos del país y atacar incluso la Embajada de Estados Unidos en Saigón. Tras la debacle que puso en tela de juicio todos los esfuerzos y estrategias aplicadas hasta la fecha, la Casa Blanca congeló el envío de 200.000 tropas adicionales y propinó a Westmoreland una especie de patada hacia arriba nombrándolo jefe del Estado de Mayor del Ejército de Tierra. En 1982, el jubilado general se querelló contra la CBS exigiendo 120 millones de dólares por un reportaje en el que se le acusaba de haber engañado sobre la verdadera fuerza del enemigo en Vietnam. Las partes llegaron a un acuerdo justo antes de que la disputa pasara a manos de un jurado popular. En contraste, Vietnam no ha tenido una solución tan fácil en la política y la opinión pública de Estados Unidos. Durante su mando en la guerra, la presencia militar de EE. UU. se multiplicó para buscar y destruir al enemigo