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12 Nacional INCENDIO TRÁGICO EN GUADALAJARA MIÉRCOLES 20 7 2005 ABC EL BUEN ECOLOGISTA l naturalista que provocó once muertes y la desolación de miles de hectáreas en el entorno de Alcolea del Pinar pertenece a esas gentes del progresismo que con toda la buena fe del mundo están regando de incendios la sociedad de nuestro tiempo. Como los multiculturalistas, los predicadores de la alianza de civilizaciones, los defensores del amor sin fronteras... Este ecologista estaba orgulloso de su misión, se tenía por superior moralmente al burgués estabulado en lujosas residencias con setos y club social y, por supuesto, al vulgar dominguero frecuentador de restaurantes con olor a gambas a la CÉSAR ALONSO plancha y una insufriDE LOS RÍOS ble algarabía de niños... No seré yo quien le juzgue. Ya está condenado. Aprovecho el caso, eso sí, para denunciar, a propósito del egoísmo de este ecologista, el de tantos otros provocadores de incendios sociales y culturales. Hablo, por ejemplo, de los defensores del multiculturalismo que al abrirse a las poblaciones inmigrantes dejan a la sociedad huérfana de criterios y normas. ¿Acaso es usted un seguidor de Arana Goiri- -podría decirme alguien- que prohibía el acceso a euskaldún a los que venían bailando la jota y la sevillana? No, evidentemente: yo soy partidario de los que en Estados Unidos han sabido integrar a los negros a partir de una conciencia de blancos y cristianos. Así ha sido posible Condoleeza Rice. Provocadores de incendios, de atentados, de masacres, son aquellos que por oportunismo o con buena fe- -da igual- -predican la alianza de civilizaciones Como Zapatero. Tienden la mano a los propagandistas de la guerra santa. Tanto como hacer barbacoa en un bosque, con cuarenta grados a la sombra y la jara pidiendo amor. Vivimos tiempos de irresponsables. Criminales de buena fe. Reparten contratos matrimoniales con derecho a adoptar hijos, esto es, a experimentar con criaturas para el propio goce. Veremos arder hogares, pero ya será tarde. Iban de buena fe, los zerolos. Iban de ecologistas que hacen la barbacoa en el sitio más peligroso y en la hora más peligrosa. Este naturalista que ha calcinado los dominios de varios pueblos de Guadalajara era, a buen seguro, un ser consciente del calentamiento del planeta y por ello enemigo del turismo, el desarrollismo urbanístico y la energía nuclear... Gozador de la naturaleza sin mediaciones, le gustaría rozarse con el romero y la jara, hundir las botas en la alfombra abundosa que hace la pinocha y meter unas botellas en la friura del manantial bien protegido por ortigas. ¿Quién podría tener más derechos que él a gozar de la naturaleza tal cual, sin mediaciones, con esa mezcla seductora de primitivismo y civilización? ¿Quién sino él para hacer barbacoa sobre un polvorín? E Un tocón, todavía humeante, simboliza la devastación que ha dejado el fuego a su paso Sólo pusieron medios cuando hubo muertos, y para entonces ya estaba todo perdido La indignación popular crece en los pueblos rodeados por cenizas b Ya no hay fuego que sofocar, pero la tensión quema en Santa María del Espino, Villarejo, Ciruelos, Luzón... Sus habitantes se sienten abandonados MIGUEL ÁNGEL BARROSO SANTA MARÍA DEL ESPINO. Es el fin para estos pueblos Rufino, 77 años, analfabeto pero con una cultura enciclopédica de su mapa del mundo, de los montes que rodean Santa María del Espino, aún recuerda sus tiempos de guarda forestal, en los años 50 del pasado siglo, cuando se quemó un pinar cercano a su pueblo. Mire, fue aquí mismo dice, señalando un grupo de árboles que aún parecen adolescentes. Estos pinos se plantaron tras aquel fuego, y medio siglo después aún no valen nada. Esta vez ha faltado el salto de un piojo para que ardieran. Necesitan la vida de un hombre para alcanzar un porte como Dios manda. Yo no los veré así Rufino, uno de los cuatro habitantes invernales de Santa María del Espino- -en verano la cosa se anima más- se conoce todos los caminos del entorno. También el que conduce a Villarejo de Medina, otro de los municipios que ha perdido su piel. Aventurarse por ese sendero tortuoso y polvoriento es descubrir postales de naturaleza muerta. Tocones humeantes, pinos quebrados, pequeñas lumbres aquí y allá... En el suelo alfombrado de cenizas surgen pequeños volcanes Si uno se asoma a esas bocas, descubre con estupor cómo el fuego consume las raíces de los árboles, como si una mano misteriosa y siniestrza hubiera decidido no dejar ningún cabo suelto en su empeño por destruirlo todo. En el camino aparece un ciclista en bicicleta de montaña, una imagen que hubiera resultado normal hace cuatro días y que parece surrealista hoy. Soy vecino de Villarejo. He venido a ver el paisaje después de la batalla La batalla se libró el domingo por la noche en unas peñas cercanas. Allí las gentes de Villarejo defendieron su hogar con lo puesto, con ramas de pino y un coraje rayano en la desesperación. Lo que logramos en toda una noche, las máquinas lo hicieron al día siguiente en diez minutos denuncia este paisano, que prefiere mantenerse en el anonimato (es notorio que muchos habitantes de la zona, con razón o sin ella, temen represalias y también se quejan de que los medios de comunicación no cuentan toda la verdad No hubo ayuda cuando se podía haber atajado el desastre. Y, además, los retenes están formados por chavales sin experiencia. La mayoría de ellos se han puesto el mono de faena por primera vez en su vida. Esto nos pasa porque es-