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4 Opinión MIÉRCOLES 20 7 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil DILACIÓN IMPRUDENTE QUE EXIGE EXPLICACIÓN OS detalles que se van conociendo sobre la tragedia forestal del Alto Tajo dejan ya claramente en mal lugar a las autoridades de Castilla- La Mancha, que ayer cayeron en una cascada de contradicciones sobre las horas en que fueron conociendo los pormenores del mortal incendio. El dato que hoy aporta ABC sobre una llamada de los servicios de emergencia manchegos a sus colegas valencianos, en la que se comunicó el avistamiento de víctimas antes de las cinco de la tarde, arrasa las versiones oficiales sobre la gravedad del suceso. Hasta dos horas después no activó el Gobierno regional la alerta de petición de ayuda, una secuencia temporal que da una idea del desconcierto en que se movieron las autoridades durante las horas cruciales del fuego. Sin que ello deba servir para culpabilizar a nadie de una tragedia desencadenada por la combinación siniestra de imprudencia y casualidad, parece cada vez más claro que la Junta de Castilla- La Mancha no estuvo a la altura de las circunstancias en la reacción requerida por una emergencia de proporciones descomunales. También casa semejante tardanza con la sensación de desprotección y falta de medios que denuncian los vecinos, cuyo testimonio sigue asentado en la indignación. Queda por conocer el momento en que el Gobierno central fue informado de la magnitud de la tragedia. La ramplona explicación ofrecida ayer por Rodríguez Zapatero Viene una racha de viento y en un segundo... ¡plaf! no ayuda a la necesaria serenidad que deben transmitir las autoridades, y recuerda demasiado- -traidora paradoja de las circunstancias- -a los famosos hilillos de plastilina del Prestige L EL ENCUENTRO QUE SÍ FUE POSIBLE L final se produjo el encuentro en el despacho oval de la Casa Blanca. Pero no fue el esperado, ya que los protagonistas fueron George Bush y Mariano Rajoy. Es cierto que la reunión se dio en el marco de una visita de grupo, aunque lo reducido del mismo hizo posible que intercambiaran palabras afectuosas y no simples clichés de salutación; que ha sido lo que hasta ahora ha venido cosechando el presidente del Gobierno siempre que ha tratado de aproximarse al (para él) esquivo inquilino de la Casa Blanca. En este sentido, que el líder de la oposición española consiga reunirse en un clima de cordialidad distendida con el presidente de los Estados Unidos no tendría que ser noticia. Pero lo es desde el momento en que no puede hacer lo mismo el jefe del Ejecutivo español. Alguien podría sufrir la tentación de considerar este hecho como una anécdota. Desgraciadamente, no lo es. De hecho, revela cuál es el estado de la posición de España en el mundo desde hace más de un año y, con ella, las debilidades y carencias que exhibe nuestra política exterior. El problema realmente estriba aquí: en que las decisiones que ha protagonizado el presidente Rodríguez Zapatero respecto a los Estados Unidos nos han conducido a un callejón en el que hasta el momento es imposible apreciar salida alguna, y que nos mantiene alejados de cualquier hipótesis de entendimiento fluido con la única superpotencia del mundo. Este hecho, por sí solo, tendría que preocupar a cualquier persona con sentido común. Sobre todo en el contexto internacional en el que nos movemos, ya que los Estados Unidos, además de haber sido un país tradicionalmente amigo de España con el que se han roto los vínculos especiales que se urdieron durante los gobiernos del Partido Popular, es la única democracia planetaria capaz de liderar una política de seguridad multilateral contra la amenaza que ejerce el terrorismo islamista sobre las sociedades abiertas. A Es indudable que este escenario es fruto de una serie de circunstancias que están ahí y que no pueden olvidarse fácilmente, tal y como reconoció días atrás el nuevo embajador de EE. UU. en Madrid, Eduardo Aguirre. La principal de todas es la abrupta y precipitada retirada de nuestro contingente en Irak. El reproche norteamericano no descansa sobre el hecho en sí de la decisión, sino en el cómo se hizo. Esta circunstancia, sumada a otras que casi cansa relatar debido a su increíble torpeza (la sentada irrespetuosa de Zapatero ante el paso de la bandera estadounidense) nos sitúa en un contexto desagradable para dos países que están obligados a entenderse por el peso de sus intereses y afinidades compartidos. En este sentido, que España no pueda desarrollar con normalidad sus relaciones con Washington no es sólo un hecho inaudito en el marco de nuestra historia diplomática reciente, especialmente a partir de la Transición. Es, sobre todo, una peligrosa irresponsabilidad que exige de nuestro Gobierno una estrategia de aproximación inteligente que debe ser activada con éxito lo más rápidamente posible. No sólo porque nos sitúa en una marginalidad propia de un país caribeño, sino porque introduce en nuestra política exterior una nota de anormalidad inquietante. Vivir alejados de las coordenadas de amistad que exhiben hacia los Estados Unidos todos los países de nuestro entorno- -incluso de nuestro vecino Marruecos- -no es bueno para los intereses estratégicos españoles. Y menos aún si, además, nos sitúa fuera de la longitud de onda de nuestros socios de la Unión Europea, incluyendo aquí a Francia y Alemania, que, desde la visita del presidente Bush a Europa, han sabido recomponer hábilmente sus relaciones trasatlánticas con la Administración a la que, precisamente, se enfrentaron durante la guerra de Irak. ENTRADA EN ESPAÑA E L Tribunal Constitucional ha dictado una primera sentencia, llamada a marcar una línea jurisprudencial, acerca de la inexistencia de un eventual derecho fundamental de los extranjeros a la entrada en España. Se desestima, en este caso, el recurso de amparo interpuesto por un ciudadano marroquí, lo que lleva al supremo intérprete de la Constitución a realizar un análisis certero y matizado de sus artículos 13 y 19. Se trata, sobre todo, de descartar la equiparación del acceso al territorio nacional con la libertad de residencia y circulación en dicho territorio, que sólo puede otorgarse- -según razona la sentencia con buen criterio- -a los extranjeros que ya se encuentran en España. Debe añadirse al respecto que la vigente legislación sobre derechos y libertades de los extranjeros admite la existencia de limitaciones a esas libertades de desplazamiento y de arraigo en un lugar determinado por medio de decisiones administrativas, sujetas como es obvio al pertinente control judicial. Por otra parte, la resolución- -de la que ha sido ponente el magistrado Delgado Barrio- -precisa la diferente posición jurídica de los nacionales y los extranjeros, puesto que los primeros deben ser aceptados por su propio Estado en todo momento. A ello son equiparables otras situaciones, como la ciudadanía de un país de la UE, el asilo, la residencia legal en España o el reagrupamiento familiar, lo que demuestra que no se trata sin más de cerrar las puertas, sino de aplicar con seriedad la norma. La sentencia del TC se apoya en los tratados internacionales sobre la materia (en especial, el Pacto de Derechos Civiles y Políticos de Nueva York, de 1966) y resulta particularmente oportuna en las circunstancias actuales. La política irresponsable de papeles para todos fuertemente criticada por nuestros socios comunitarios, produce un evidente efecto llamada que podría convertirse en un desfile interminable si se acepta el derecho sin restricciones a entrar en España. Con los efectos- -hay que insistir- -que de ello se derivan para toda la Unión Europea, singularmente para el espacio Schengen Europa vive una situación de extrema gravedad a consecuencia de la agresión terrorista: por supuesto, no cabe generalizar ni hacer imputaciones globales que chocan con los principios morales y jurídicos más elementales de nuestra civilización. Pero el Estado de Derecho tiene que defenderse sin complejos y, en este sentido, es importante que se precisen los límites a los derechos fundamentales y que se lleve a cabo una adecuada ponderación entre unos y otros. Así lo ha hecho el TC con muy buen criterio. José María Barreda HUERTAS FRAILE LA BARBACOA OFICIAL C IERTO es que uno de los excursionistas ha confesado su negligencia y que desatendió las recomendaciones de un guía que desaconsejó hacer fuego. La Justicia determinará su responsabilidad en la génesis del incendio. Pero también lo es que todo ocurrió en unas barbacoas de obra, puestas por la Administración en un parque natural e instaladas en una zona acotada para tal menester. Parece indudable la imprudencia de los excursionistas. Pero también resulta sorprendente que fuera legal hacer fuego en una zona potencialmente peligrosa y que incluso las autoridades lo facilitaran poniendo la cocina