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ABC MIÉRCOLES 20 7 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC EL ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR Y LA CONFUSIÓN REINANTE POR CARLOS BERZOSA RECTOR DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE Todavía padecemos un cierto complejo ante la UE por el que todo lo que nos viene de ella nos parece bien, lo aceptamos pasivamente sin pasarlo por la trituradora de la crítica o hacemos dejación de funciones no realizando aportaciones positivas... L proceso de convergencia con otras naciones europeas que, en cumplimiento del acuerdo de Bolonia, nuestro país trata de llevar a cabo en la educación superior empieza a ser cuestionado y a generar los primeros conflictos. Esta disconformidad tal como se está manifestando tiene dos niveles que, aunque relacionados, conviene diferenciar. Por un lado, la polémica y las manifestaciones se han desatado con las propuestas que las diferentes comisiones, en especial la de Humanidades, del Consejo de Coordinación de Universidades han realizado acerca del catálogo de los títulos de grado. Las diferentes propuestas no han sido todavía discutidas por el pleno del Consejo, pero aun así se han desatado las señales de alarma, fundamentalmente por la posible desaparición de titulaciones como Historia del Arte y Humanidades. La segunda crítica es de mayor calado porque se ponen en cuestión determinados principios que guían este intento de convergencia. La crítica ha surgido de un colectivo de la Universidad Complutense que, con el título de Estamos preocupados ha lanzado un manifiesto que están firmando profesores de diferentes universidades. Como rector asistí, como invitado, a la asamblea en la que este colectivo inicial dio a conocer los motivos de su preocupación. A partir de entonces me ofrecí para que sus propuestas fueran conocidas por el conjunto de la comunidad universitaria, de modo que han sido publicadas en el periódico Tribuna Complutense, se han difundido a través del correo electrónico a todos los profesores, e invité al colectivo a exponer sus ideas en un claustro universitario. Se ha abierto, además, un foro de debate en la página web de la universidad. E Europea, y considero adecuado que no se vuelvan a cometer los mismos errores, como los llevados a cabo en la elaboración del Tratado Constitucional. La enseñanza que hemos recibido desde hace algún tiempo, aunque los dirigentes no la llegan a asumir, es que no se puede construir una Unión Europea de espaldas a los ciudadanos, de igual forma que no se puede construir un Espacio Europeo de Educación Superior de espaldas a los universitarios, así como de la propia sociedad. En el caso que nos ocupa, de ser así y que la Universidad aceptara sin más, sin debate, las normas emanadas desde arriba, nos haría pensar que la Universidad está realmente muerta y despreocupada de todo. Algo que afortunadamente no está ocurriendo, aun cuando el debate no se ha extendido todavía lo suficiente. Esta actuación mía ha respondido a tres principios. En primer lugar, porque comparto parte de las ideas expuestas en el manifiesto. En segundo lugar, porque creo y he creído siempre que la Universidad debe ser un lugar para el debate, la controversia y la confrontación de ideas. Parece lógico, por lo tanto, que un proceso de cambio sea debatido y confrontado y no simplemente aceptado sin más. En tercer lugar, porque creo que la Universidad es de todos y todos tienen el derecho de utilizar los propios medios de comunicación de la Universidad, y que éstos no sean exclusivos de las autoridades académicas. Parece obvio, pero, sin embargo, conviene enfatizar, porque a veces no se tiene en cuenta lo obvio, que el proceso de construcción de un Espacio Europeo de Educación Superior nos incumbe a todos, y todos debemos participar en su implantación, sobre todo cuando es a nosotros, profesores, estudiantes y personal de administración de servicios, a quienes corresponde su aplicación. El cambio no se puede hacer sin que los actores reales participen, y, en consecuencia, no podemos aceptar sin más las directrices de los burócratas de turno, o que las cosas se impongan desde arriba sin más. Sobre esto ya tenemos varias experiencias amargas en la Unión No obstante, y admitido lo enriquecedor que está siendo el debate surgido a partir del colectivo Estamos preocupados los problemas que están afluyendo se deben, en mi opinión, a que no se están haciendo del todo bien las cosas y a que es necesaria una mayor implicación en la dirección de este proceso. Por lo que concierne al problema de las titulaciones, lo grave es que las comisiones del Consejo de Coordinación de Universidades hemos actuado sin ninguna coordinación entre unas y otras, y sobre todo sin ningún principio unificador. De ahí que se haya llegado a resultados distintos en las diferentes comisiones. Lo más preocupante de todo es que se quiere llevar a cabo una reforma sin un proyecto global. Imagínense ustedes que quieren reformar su casa tirando tabiques para hacer más grande la cocina, por ejemplo, y cambiar el cuarto de baño de sitio, e inician la obra sin saber exactamente cómo lo van a hacer, esperando a ver qué sale. Desde luego, no ca- bría esto en una cabeza racional, pero esto es lo que está ocurriendo. De forma que sin el catálogo de títulos de grado resulta muy difícil, por no decir imposible, iniciar los posgrados porque no se sabe cuáles de estos pueden tener el carácter de título oficial. La conclusión a la que se llega es que la presión se ejerce en las titulaciones de grado por el riesgo de no estar luego en los posgrados oficiales. Por otra parte, parece que hay excesiva prisa por implantar los posgrados sin haber puesto en marcha los grados. Así como también por extinguir el doctorado actual, con el que llevamos poco tiempo, para aplicar los nuevos posgrados, como si todo lo que se hubiera hecho hasta ahora estuviera mal. Hay que reformar para converger, pero también para mejorar, y en ese sentido la Universidad debe estar abierta al cambio y a la innovación. Pero nadie nos asegura que la reforma sea una garantía de éxito por sí misma. La reforma no consiste en modificar el catálogo de títulos sin más, sin explicar el porqué, y pasar de lo que antes llamábamos diplomatura o licenciatura a denominarlo ahora grado, o posgrado a una parte de lo que eran la licenciatura y el doctorado. La reforma profunda lo que tiene que plantearse es lo realmente importante, esto es, qué es lo que hay que enseñar, cómo enseñarlo y quién tiene que enseñar. De esto se discute muy poco y lo que nos llega a través del informe Tuning resulta realmente pobre, simple, lleno de cuestiones obvias, eso sí, revestidas con el uso de nuevas terminologías docentes sin contenido real alguno, que al final hacen más mal que bien a la enseñanza. Me da la impresión de que nos hemos liado de mala manera en esto de la convergencia, y observo que no ocurre igual en otros países, lo que se debe a mi modo de ver a que todavía padecemos un cierto complejo ante la UE por el que todo lo que nos viene de ella nos parece bien, lo aceptamos pasivamente sin pasarlo por la trituradora de la crítica o hacemos dejación de funciones no realizando aportaciones positivas, sin darnos cuenta de que nosotros también somos parte de Europa. En relación con esto, lo peor es que aparecen los predicadores de la convergencia. Vienen a contarnos la buena nueva que nos espera, y se encargan de hacer seminarios, jornadas a lo largo y ancho del país, y nos narran todo como si esto de la convergencia fuera un tema complejo que necesita un máster para enterarse. Se erigen en expertos y quieren practicar una especie de despotismo ilustrado, sin llegar a ser esto último. Hablan de que estamos ante un cambio radical de la enseñanza y al final lo complican todo, y hacemos de una cosa sencilla todo un mundo. En fin, pongamos orden y no generemos un conflicto universitario en torno a la convergencia, admitamos en el catálogo de titulaciones las que sean necesarias, siempre que estas existan en un número suficiente de países, y evitemos divergir en la duración de los grados, que es también en lo que tenemos que equipararnos.