Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 Nacional INCENDIO TRÁGICO EN GUADALAJARA LOS TESTIGOS MARTES 19 7 2005 ABC Emilio Moreno, el guía que enseñó la cueva de los Casares a los excursionistas que inconscientemente provocaron el incendio con más víctimas mortales de los últimos años, reconstruye para ABC cómo sus advertencias cayeron en saco roto Les dije que no era día de hacer barbacoas TEXTO: JAVIER HERNÁNDEZ FOTO: JULIÁN DE DOMINGO LA RIBA DE SAELICE. Lo repetía una y otra vez. Sin cesar. Emilio Moreno no lo puede evitar en cuanto se acerca alguien a hablar con él. Lo veía venir, lo advirtió hasta donde pudo, pero no fue suficiente. Los nueve jóvenes que el sábado habían huido del calor de Madrid para ver la Cueva de los Casares, situada en el Valle de los Milagros de este pequeño municipio de la provincia alcarreña y justo donde empieza una de las zonas superprotegidas del Parque Natural del Alto Tajo, siguieron adelante en su intención de hacer también una barbacoa. Llevaban esa idea, que para algo habían hecho acopio de morcillas y costillares que hacer a la brasa. El sitio reunía los ingredientes perfectos. Al pie de la montaña donde está la entrada de la cueva, había una zona acotada y acondicionada con todo lujo de detalles: ocho parrillas dispuestas en batería, unos árboles que daban una buena sombra con la que resguardarse de los calores, una fuente con agua de manantial e incluso una presilla para darse un buen baño. Se dividieron en dos grupos desde primeras horas de la mañana: uno entró en la cripta con Emilio como guía, y el otro aprovechó para refrescarse en la presilla e ir preparando todas las viandas que iban a constituir el almuerzo. A eso del mediodía, el grupo que había entrado en las profundidades de los Casares se reunió con el resto de la expedición en la zona de descanso que se hizo posible gracias a la Diputación Provincial de Guadalajara. A Emilio Moreno, que ha estado enseñando durante 51 años las cavernas de esta montaña situada al sur del Puntal del Águila (a 1.350 metros de altitud) le dio muy mala espina que, al terminar la visita guiada, se hubiera retorcido el día, con un viento que se volvió enseguida demoniaco. La zona de la barbacoa quedó arrasada por el incendio, como se puede ver en la imagen La mayoría, de la empresa Tragsa ABC MADRID. Nueve de los once fallecidos eran empleados de Tragsa, sociedad pública dedicada al servicio del desarrollo rural y, entre otras labores, a la extinción de incendios. Tragsa se encargó en su día de trabajos de limpieza de las costas gallegas para hacer frente al desastre del Prestige Según su presidente, Josep Puxeu Rocamora, ha trabajado con 184 personas en el incendio. El comité de empresa de Tragsa expresó ayer su más profundo dolor y sus condolencias a los familiares. Siguen a lo suyo Sería mejor que lo dejarais, no es día de barbacoa le dijo a uno de los jóvenes. Pero el grupo, en lugar de hacerle caso, siguió a lo suyo tranquilamente. No te preocupes yo controlo y sé lo que estoy haciendo fueron algunas frases que escuchó de uno de los jóvenes. Incluso le ofrecieron una chuleta. Emilio optó por irse, a eso de la una y media de la tarde. Pero muy preocupado, pues sabe que allí, en una zona con desfiladeros y planicies, el viento se vuelve fuerte hasta dar la vuelta por todos los rincones de esta zona incluida en las áreas protegidas de CastillaLa Mancha. Desgraciadamente, se fueron cuajando sus miedos: su vigor no sólo prendió generosamente las llamas, sino que las empezó a esparcir, mientras ellos, pese a las sabias advertencias de Emilio, se descuidaron. El fuego se extendió por los pastos silvestres de alre- dedor: la zona de barbacoa no tenía un contorno limpio de pasto y, para remate, habían situado su cocina de carbón en la parte sur, la más pegada a la hierba seca. A las dos y media de la tarde, el incendio ya había cobrado unos cuantos metros, mientras los campistas intentaban apagarlo. Unos cientos de metros más abajo, un vecino de La Riba que estaba trabajando en la cosecha de cereal fue el primero en dar la voz de alarma. Al poco tiempo se multiplicaron las llamadas de sus paisanos, a la Consejería de Medio Ambiente, a los ministerios y al 112. Pero hasta las cinco y media de la tarde no vimos al primer helicóptero comentaba otro vecino- -que prefiere mantenerse en el anonimato- Las llamas rodearon la Cueva de los Casares y prosiguieron con dirección al norte rumbo al pinar que comparten varias localidades, entre ellas Santa María del Espino, Luzón, Ciruelos, Mazarete y Tobillo. La ayuda vecinal fue decisiva. Los equipos de extinción de incendios se resistían a ser ayudados, pese a que son los lugareños los que conocen fielmente el terreno. Pero entre todos, cuando se hizo la noche lograron tenerlo medianamente controlado. Buitres leonados y águilas reales Al tiempo, la Guardia Civil tomaba declaración a los excursionistas que, de forma fortuita, habían iniciado el fuego. Aves rapaces como el buitre leonado, el halcón peregrino o el águila real, y pájaros como el picapinos y el pinzón, perdían por mucho tiempo los pinares que les servían de casa. La ley prevé penas de prisión por los delitos de incendio N. C. MADRID. La investigación sobre las responsabilidades en el incendio de Guadalajara se encuentra aún en una fase inicial que no permite aventurar las sanciones penales a las que, en su caso, podrían enfrentarse los excursionistas que causaron el siniestro por no apagar bien una barbacoa. La Justicia dirá, además, si son o no res- ponsables de las muertes de los once guardas forestales. En cualquier caso, el Código Penal establece penas de prisión para aquellas personas que provoquen incendios. Así, los causantes de un incendio forestal que haya puesto en peligro la vida de las personas, podrían ser condenados a penas de entre 10 y 20 años de prisión (art. 352) La sanción se reduce a penas de entre 5 y 10 años si la causa del fuego es una imprudencia grave, presupuesto que parece más acorde con lo ocurrido en este caso. Más leve es la sanción que fija el artículo 353.1.1 para los autores de un incendio forestal que afecte a una superficie de considerable importancia (entre 5 y 7 años y medio si es intencionado; de 2 años y medio a 5 si es por imprudencia) Otra posibilidad es la imputación a los excursionistas de once homicidios imprudentes, cada uno de los cuales está castigado con penas de entre uno y 4 años de cárcel.