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10 MARTES 19 7 2005 ABC Nacional Los equipos de identificación, en el lugar del suceso, donde se encontraron con unas escenas escalofriantes REUTERS Un joven confiesa a la Guardia Civil que una negligencia suya provocó el incendio Admite que prendió la barbacoa pese a la advertencia y que el fuego se me fue de las manos b Ayer, Cristina Narbona, como el domingo María Teresa Fernández de la Vega, fue increpada por vecinos y familiares; y el PP se suma a las críticas al Gobierno F. ROJO J. HERNÁNDEZ R. PÉREZ GUADALAJARA. A las siete de la mañana de ayer, con las primeras luces del día, los agentes de Policía Científica llegaban hasta el paraje conocido como Otero de Santa María, en La Riba de Saelices (Guadalajara) para participar en el levantamiento de los cadáveres de los once guardas forestales muertos el domingo por la tarde al quedar atrapados por las llamas tras un inesperado cambio en la dirección del viento. La escena provocaba escalofríos incluso a estos agentes, que han tenido que enfrentarse a todo tipo de situaciones. Los cuerpos carbonizados de varias víctimas yacían en el suelo, junto a los esqueletos de hierros retorcidos de sus vehículos. Los expertos se volcaban en las identificaciones, porque sabían que, aunque eso no paliaría el dolor de las familias, al menos sí les llevaría una mínima tranquilidad. Al cierre de esta edición ya habían conseguido poner nombre y apellidos a nueve cuerpos. No obstante, el Equipo de Identificación de Grandes Catástrofes del Instituto Armado tomó ayer por la tarde muestras de ADN a los familiares en primer grado de las víctimas para cotejarlo con los extraídos a los muertos. Los entierros, por tanto, tendrán que esperar al menos 36 horas. El alivio de los psicólogos Mientras, en el polideportivo de Guadalajara los equipos de psicólogos, algunos de ellos con experiencia en tragedias como la del 11- M, atendían a los allegados de las víctimas. Se trataba de que pudieran asimilar poco a poco el brutal choque que produce la muerte, en estas circunstancias, de un familiar. No podemos aliviar su dolor, sólo apoyarles en estos momentos comentaba uno de estos sanitarios, consciente de que aún quedan por delante muchas horas de tristeza, de llanto incontenible, de angustia insoportable. Lo absurdo de la tragedia la hace todavía más incomprensible para muchos de ellos. Cómo es posible, reflexionan en voz alta, que todo haya comenzado por la imprudencia de unos jóve- nes que desoyeron la advertencia de un guía sobre lo peligroso que era encender una barbacoa con el viento que hacía en esos momentos: No se preocupe, yo controlo, sé lo que estoy haciendo le respondió uno de ellos. Ahora, cinco jóvenes madrileños, plenamente identificados por la Guardia Civil desde el pasado sábado, han tenido que declarar en el cuartel de Maranchón, un dato que se mantuvo hasta por la tarde en el más absoluto secreto para evitar posibles represalias. Uno de ellos, cuya edad supera los 30 años, confesó que había sido una negligencia suya la causa del siniestro; que había encendido la barbacoa a pesar de las advertencias y que el fuego se me fue de las manos Sus amigos lo corroboraron. Agentes del Seprona y especialistas del Equipo de Toma de Manifestaciones de la Unidad Central Operativa (UCO) del Instituto Armado realizaron ayer los interrogatorios. De una asociación cultural La Benemérita no quiere facilitar dato alguno sobre estos jóvenes- -en realidad todos ellos personas que rondan la treintena- aunque anoche trascendió la identidad de uno de ellos, Marcelino H. miembro de la Agrupación de Amigos de la Cueva de Los Casares y del Arte Paleolítico dedicada a estudios sobre la conservación de este paraje natural del Alto Tajo donde fueron hallados en 1928 grabados de reconocido valor arqueológico. Las fuentes consultadas por ABC afirman que todos están destrozados, sobre todo el que ha confesado la negligencia. Les va a ser muy difícil asumir lo ocurrido y poder superarlo, porque no se trata de delincuentes, sino de unas personas que han cometido una terrible imprudencia El presunto responsable de la negligencia repetía que nunca pensó que Los cinco excursionistas se mostraron destrozados en sus testimonios La Benemérita ocultó, por temor a represalias, el lugar donde prestaron declaración