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ABC MARTES 19 7 2005 Opinión 7 de los nuevos populismos que a derecha e izquierda tratan de edificar una suerte de Leviatán transversal a través del cual Occidente sufra la impostura de renunciar a sí mismo: bien transformarse en una especie de Arcadia conservadora que la bunkerice frente al exterior cultivando internamente una falsa fortaleza unitaria en torno a esencias superadas gracias a la Ilustración y la Modernidad, bien convirtiéndose en una pseudo- utopía finlandizada que nos haga vivir instalados en una cultura de apaciguamiento que doblegue nuestro orgullo de sociedades libres y abiertas. En este sentido, los ataques islamistas buscan provocar nuestro miedo. Saben que a través de él los fantasmas de Occidente pueden volver a poblar nuestros imaginarios políticos. Son conscientes de que, como decía Popper, la civilización liberal puede perderse con el hecho de que una sola generación renuncie a ella al no estar a la altura de su merecimiento. Es más, creen que nuestro hedonismo utilitario y el clima de bienestar generado por el capitalismo técnico en el que vivimos instalados han secado las fuentes de nuestra fe en la libertad y en los principios anudados a ella: la igualdad, la tolerancia y el pluralismo. LA ESPUMA DE LOS DÍAS DE LONDRES A GUADALAJARA T intolerable para los islamistas. Tan intolerable que tratan de ennegrecerlo a brochazos terroristas con el fin de evitar que su colorido plástico acabe despertando deseos de emulación en las sociedades islámicas. Los terroristas buscan destruir nuestra resistencia. Conocen bien nuestros malos humores colectivos. Digamos que han leído a Hobbes y lo han reinterpretado en clave posmoderna. Quieren que Occidente renuncie a su identidad liberal e igualitaria, a su proyecto colectivo de progreso cosmopolita. Buscan inocular el miedo entre los occidentales. Desean que éstos anhelen refugio bajo las alas protectoras Se equivocan. El Reino Unido nos ha dado una lección de libertad y heroísmo liberal tras el 7- J. Incólume ante la adversidad, segura de sí misma y consciente de la superioridad moral de los valores que sostienen su modo de vida y sus instituciones democráticas, la sociedad británica ha soportado el embate del terror con unidad, entereza y dignidad. Han sufrido, pero no se han visto traumatizados por el dolor colectivo. Han respondido a la agresión con la normalidad, insistiendo en que la defensa de la libertad no exige golpes de pecho sino esa pasión sosegada en palabras de Hutcheson, que la afirma en el día a día de una cotidianidad que habla el lenguaje de quien no está dispuesto a renunciar a seguir viviendo dentro de la benevolente atmósfera colectiva de una sociedad abierta. Quien crea que va a doblegar a Occidente, que piense que son muchos los que nos vemos representados en lo que ha sucedido en el Reino Unido tras los atentados de Londres. Los británicos tienen defectos, y muchos. Pero a la vista de su historia hay algo que resulta motivo de sana envidia: son orgullosamente libres, y eso se nota. A buen seguro que los leones de la plaza de Trafalgar sintieron en su piel la mordedura cobarde de Al Qaida, pero respondieron tensando su rostro y acerando un poco más su desafiante mirada hacia el incierto destino. Lo dicho: toda una lección. PALABRAS CRUZADAS Incendios: ¿tiene el Gobierno responsabilidad en la catástrofe? FALLÓ EL SOCORRO NON PIOVE, PORCO GOBERNO IEMPRE he sido contrario al piove, porco governo Ahora sería non piove, porco governo La pertinaz sequía no es cosa de Zapatero, ni tiene la culpa la ministra de Medio Ambiente de que a algún imbécil, con perdón, se le ocurra hacer una fogata en el secarral, o a algún niñato tirar la colilla encendida sobre lo que un día fue hierba y hoy seco matojo. Los españoles tenemos poco amor al medio ambiente: no hay más que ver los papeles, botellas, mondas, tirados en los pinares. Al Gobierno le toca hacer campañas de prevención y aviso. También instar al follón autonómico y local para que limpie de matorrales abrasados por el sol nuestros campos. Y la vigilancia. Año FERNANDO tras año repetimos: falta un plan de coorJÁUREGUI dinación de tanto poder periférico y centralista. ¿Para qué, si no, sirve el Ministerio de Medio Ambiente, que ni pone paz en la guerra de las aguas? Pues claro que el Ejecutivo central ha fallado. Y los autonómicos, y tantos locales. Pero ya digo: poco se puede hacer contra el pirómano, aparte de endurecer la ley. Menos aún con el idiota (también con perdón) irresponsable de la paellera y la barbacoa, que, encima, dirá que es un amante del aire libre. Sí, ese mismo que cada domingo deja el campo convertido en un estercolero, si no lo convierte en carbón. Eso sí que no lo arregla ni el talante zapateril. N UNCA tendría que haber sido insultada y zarandeada la vicepresidenta, que demostró sensibilidad y coraje al presentarse en la zona incendiada. Aguantó el tipo con entereza, comprendiendo el dolor de los que no ocultaban su desesperación por el incendio devastador que se había cobrado tantas víctimas. Los culpables son los que de forma irresponsable encendieron un fuego y abandonaron el lugar sin comprobar que estaba total y definitivamente apagado; pero es indudable que falló la coordinación y que la ayuda no llegó a tiempo para impedir que las llamas se propagaran con tanta rapidez y de forma tan mortífera. Si hubieran acudido el sábado los efectivos del domingo, todo se habría evitado, clamaban los PILAR vecinos. A las víctimas siempre se les deCERNUDA be dar la razón, pero en esta ocasión además la tienen: los cortafuegos no estaban limpios, los toques de alarma sonaron tarde, los refuerzos llegaron cuando los campos y bosques eran pasto importante de las llamas, y no se llamó al Ejército hasta que los manchegos se vieron incapaces de apagar el fuego insaciable y devorador. No hay protocolo eficaz contra los incendios en los gobiernos autonómicos ni tampoco en el central, que sólo acude cuando el autonómico pide socorro. Ojalá Guadalajara signifique una llamada de atención para corregir errores que se cobran víctimas mortales. S ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate ERESA Fernández de la Vega es uno de los miembros del gabinete Zapatero que mejor se gana el sueldo que le pagamos; intenta gobernar y deja la demagogia para momentos muy concretos, habitualmente los mítines de fin de semana. Llegó a la vicepresidencia gracias a la cuota paritaria, pero, a diferencia de otras colegas, ha conseguido hacer buena esa discriminación positiva: trabaja todas las horas del día, se estudia los expedientes y siempre se la encuentra al pie de obra. La trágica noche del domingo sólo ella estuvo en Alcolea del Pinar. Ni Pepe Bono, ni Cristina Narbona ni José Antonio Alonso se pasaron por allí; los tres se CARMEN ahorraron el sofocón MARTÍNEZ que se llevó la vicepresiCASTRO denta. La cara de Teresa Fernández de la Vega ante las iras de los vecinos, ese gesto de no es posible que me esté ocurriendo esto a mí es la metáfora perfecta del final de la luna de miel. Se acabó el periodo de gracia. Es el fin de la inocencia. Zapatero ha empezado a sufrir las consecuencias no tanto de su desastroso gobierno como de su comportamiento cuando era líder de la oposición. Hasta ahora ha blindado su imagen gracias a una cuidada aleación de idealismo, inexperiencia y radicalidad; así ha resistido las manifestaciones multitudinarias, la enloquecida política territorial y el no menos irresponsable intento de negociación con ETA. Pero los atentados de Londres y la tragedia de Guadalajara son elementos de una naturaleza distinta, mucho más corrosiva porque apunta directamente al pecado original de este gobierno: su pasado en la oposición. Comparar el comportamiento de los políticos británicos después de los atentados del 7- J con lo que vivimos aquí, más que odioso, resulta casi subversivo. Por lo que se ve, si uno rasca un poco en la piel de la sociedad británica se encuentra con Churchill; a los españoles nos rascan y lo que nos sale es la Guerra Civil. Así de triste y así de cainita. Así fueron también los últimos años de oposición al PP: el Yakolev, el Prestige, la muerte de Couso y, por supuesto, el 11- M... todo fue culpa del gobierno Aznar; no su responsabilidad, sino su culpa. Los actuales gobernantes y sus socios compartieron manifestaciones, pancartas y una estrategia feroz: utilizar tragedias como munición política. Federico Trillo puede dar fe de que algunos aún están en ello. No hay gobierno ni sistema político que resistan tal perversidad. Ahora los socialistas se enfrentan a solas a las consecuencias de aquella conducta. El domingo, en Alcolea del Pinar no estaba Llamazares, ni Carod, ni la familia Bardem. Teresa Fernández de la Vega se encontró sola y rodeada de ciudadanos legítimamente indignados. Por fortuna para ella, nadie llegó a culparle de la muerte de los once agentes forestales.