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ABC MARTES 19 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES UNA NOCHE EN LA ÓPERA la misma hora en que el presidente del Gobierno salía de La flauta mágica y cuando en los muros del Real aún vibraba el coro en honor a Sarastro con que termina la ópera de Mozart, los teletipos comenzaban a escupir la primera noticia de alcance de la muerte de los once agentes forestales. Es de suponer que el gabinete de comunicaciones de La Moncloa sabía desde tiempo antes las dimensiones de la tragedia. Claro, que sólo es una suposición. El asunto es que, si fue así, quizá nadie en el complejo gubernamental quiso interrumpir la audición presidencial. Porque peor es pensar que en La Moncloa se enteraran por los teletipos de lo ocurrido en Guadalajara. Mejor, pues, no acudir al y él mientras en la ópera ni empezar la cacería. ¡Uy! ¿Les suena esto de la cacería? MARCO AURELIO A LEER Y PENSAR LA GRAN JAULA DEL PP EL MAL MENOR DE MICHAEL IGNATIEFF Taurus Madrid, 2005 286 páginas 21 euros Contra el terrorismo Nueva York, Casablanca, Bagdad, Bali, Riad, Estambul, Madrid o Londres son algunas de las ciudades que han padecido la barbarie del terrorismo islamista. Frente a ello hay, grosso modo, dos actitudes: la ingenua, que sostiene que los ataques son fruto de un mar de injusticia universal y la realista, que- -además de no encontrar causa que justifique o explique el terrorismo- está dispuesta a defender la vida, libertad y dignidad del ciudadano. Michael Ignatieff pertenece a este segundo grupo. ¿Qué hacer? Hay que aceptar la teoría del mal menor para impedir que venga uno mayor. Traducción práctica: la derrota del terrorismo requiere un cierto grado de engaño, coacción, violencia, guerra preventiva e incluso violación temporal de algún derecho. Y que nadie se escandalice, porque el mal menor ha de someterse a criterios y controles: las medidas de excepción deben dirigirse a un objetivo meticulosamente elegido y aplicarse al menor número posible de personas; hay que poner límite al recorte de derechos; cualquier decisión ha de someterse a la discusión pública. El angelismo reinante dice que no y propone la alianza de civilizaciones y las ansias infinitas de paz. Así nos va. MIQUEL PORTA PERALES A bicefalia lleva los partidos políticos a una fase agónica, como saben muy bien los electores españoles. Para la derecha que históricamente fue un paradigma de desunión, la carencia de liderazgos plenamente consolidados- -en el parlamento, mediáticamente, en la opinión pública, entre caricaturistas y sobre todo ante los enemigos internos- -tendría actualmente más gravedad que en un PSOE que cuenta con siglas y homologaciones mucho más perdurables en el tiempo, y con una ideología que ya significa más bien poco pero que le es útil como etiqueta y franquicia. De no poco le sirvió al socialismo español evocar el dóberman franquista por contraste con los lirios y gladiolos de sus cien años de honradez. En su Historia de las derechas españolas el profesor Pedro Carlos González Cuevas cita la definición que el espléndido personaje que fue VALENTÍ Antonio Alcalá Galiano hizo de la PUIG Unión Liberal y de su líder el general O Donnell. La veía como una familia feliz, comparándola a lo que había visto de adolescente en la feria de su pueblo, una gran jaula en la que convivían cordialmente ovejas, lobos, perros, gatos, gallinas, zorras y toda clase de animales antitéticos, gracias a las habilidades del domador que los alimentaba y les enseñaba el látigo. La mayor eficiencia y durabilidad del centro- derecha en España se ha dado siempre cuando las cosas andaban así en la gran jaula que sería de alguna manera el equivalente de la gran tienda -la carpa- -que permitió por suma ideológica las victorias de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher. Quizá por eso la universidad de verano de FAES en Navacerrada este año estrenaba carpa junto a la piscina, con el aire refrigerado a chorro. Por lo mismo debió de ser por lo que Rajoy clausuró los cursos de Navacerrada anunciando ante Aznar sus ejes de acción para el próximo curso políti- L co. Pasen, señores, pasen: el domador Mariano Rajoy va a poner a cada fiera en su sitio procurando evitar pisotones. Prosigue la lluvia fina, pero de vez en cuando caerá un chubasco. Rajoy ha elegido las contradicciones de la morfología política de Zapatero para dar un paso que no sea en dirección unívoca al gran agujero del 11- M. La terapia es elemental: que el PP pase de no saber por qué perdió el poder a pensar que puede recuperarlo. Con el estatuto de autonomía catalán, la jaula del PSOE está levantisca: un día es Guerra, otro Bono, anteayer Chaves. Ya se sabe que el nuevo Estatuto catalán importa escasamente a la opinión pública, pero sirve de pretexto para otras cosas, generalmente ajenas a la realidad y embutidas por la virtualidad de la play station En estos momentos, la política catalana es una charada y nadie se acuerda de quien la puso en circulación. De no captarlo el establishment político, querrá decir que el particularismo le ha blindado la autoestima a prueba de bomba. Pero no es del todo así, porque la autoestima anda muy devaluada por los salones de Barcelona. En la escenificación quirúrgica del pacto del Tinell, el tripartito catalán vio la luz: en su partida de nacimiento una cláusula muy explícita conjuraba a los nuevos gobernantes de Cataluña a dejar al PP totalmente al margen del juego, como antiguamente se dejaba a los presuntos apestados en el lazareto, a la entrada del puerto. Asombra que esas cosas se olviden tan fácilmente. O tal vez sólo se habían olvidado transitoriamente y por eso ahora Rajoy dicta una enmienda a la totalidad del nuevo Estatuto catalán, más equiparable al arca de Noé o a un catálogo de venta por correspondencia que a un texto jurídico. Enmienda, que algo queda. Pasen, señores, pasen: el jefe de pista chasquea el látigo, rugen las fieras, palidecen los aspirantes de siempre, sacan pecho los elegidos. En el otro circo, la gacela todavía en cierto estado de gracia va sacando los dientes. vpuig abc. es