Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
82 LUNES 18 7 2005 ABC Deportes Hincapié venera la última montaña de Lance Armstrong El neoyorquino de Central Park, único gregario del boss en sus siete Tours, se impuso al ingenuo gallego Óscar Pereiro JOSÉ CARLOS CARABIAS SAINT LARY SOULAN. Han pasado siete años desde que esta frase salió de los labios de George Hincapié. Merde. Tenemos el maillot amarillo. ¿Y ahora qué hacemos? La pronunció desde el desconcierto de un puñado de yankis en un prólogo del Puy du Fou, el teatro medieval que lanzó a Armstrong al panteón de las estrellas. Eran nuevos, americanos y no sabían qué hacer. La banda postal. Han pasado siete años, su jefe ha ganado seis Tour- -casi siete- -y nadie le puede explicar a Hincapié cómo son los entresijos de esta carrera. Tiene callo. El círculo se ha cerrado. Armstrong se despidió ayer de los grandes colosos, de esas rampas imposibles coronadas a toda velocidad, de su paraíso en los Alpes y los Pirineos. No más finales en alto con este campeón omnipresente. No pudo ganar y en su nombre venció Hincapié, el único gregario que ha aguantado siete años a su sombra. LA ETAPA GANADOR 1 George Hincapié (EE. UU. Discovery) PRIMER ESPAÑOL 2 Óscar Pereiro (Phonak) LÍDER 1 Lance Armstrong (EE. UU. Discovery) PRIMER ESPAÑOL 5 Francisco Mancebo (Baleares) 6.06: 38 a 6 s. 62.09: 59 a 6: 31 ABANDONOS David Herrero (Euskaltel) y Cretskens Incidencias: Serrano sufrió agobios de respiración. Gárate tiene dolores en la rodilla izquierda. Y Benjamín Noval, problemas digestivos. trampas y vaya usted a saber cuántos cometidos más, encontró ayer una pasarela para su éxito personal. Fue, cómo no, en una misión doméstica. Sorprendió Óscar Sevilla al dedicarse una fuga en compañía de otros y apareció un celador, el freno contra la maniobra T- Mobile. Hincapié traspa- El acoso del público provocó este accidente en plena escapada de Pereiro e Hincapié só todos los puertos de la colosal etapa pirenaica (Mente, Portillón, Peyresourde, Val Louron y el final en Saint Lary) en función auxiliar. Un intruso sin acreditación. La presencia de Hincapié tenía un efecto disuasorio. Armstrong estaba allí en espíritu. Observando, controlando, el gran ojo que todo lo ve. El bravo gallego Óscar Pereiro, el envejecido Sevilla y unos cuantos busca- fortunas más (Cauccholi, Boogerd, Brochard... no concedieron todo el valor que tiene a este gigante de 1,93 y 87 kilos que subió Saint Lary con un tanque. Hincapié fue puntuando en cada baliza. Atento, sereno, con la experiencia de seis Tour en la trastienda, condecoró el ataque de Óscar Pereiro con su asistencia puntual a rueda del gallego. Era el elegido. La exuberancia perdió a Pereiro. Creyó que su arrancada, la que machacó a los adversarios, serviría para traspasar ese muro de hormigón. Fue pardillo en su actitud. Hincapié se ha manejado en cabeza de la París- Roubaix, la Gante- Wevelgem, el Tour de Flandes. Y Pereiro fue generoso en grado extremo, siempre a la cabeza, cortando el aire, marcando el paso. Cuando Hincapié saltó a su espalda, no halló respuesta. Es la primera victoria del neoyorquino de padre colombiano. La última estación de Armstrong en un final cuesta arriba. Hay algo más que resignación en los enemigos de Armstrong. Un punto de sumisión ante lo irremediable. Basso soltó amarras en Val Louron y Saint Lary. No quiso irse del Tour sin ser abofeteado dignamente por la insultante superioridad del boss Lo intentó y Armstrong se le grapó a la espalda como una sanguijuela. Nada que hacer. Sólo quedan siete días para que se haga la luz y el Tour 2006 reciba a un heredero menos pertinaz. Amigo para siempre Todos los héroes americanos, desde el aventurero Tom Sawyer al apestoso Snoopy, trascienden a la memoria por sus amigos. Huckleberry Flin se ha reencarnado en el Tour en George Hincapié, un rara avis en el equipo azul, antes Postal ahora Discovery. La historia de Armstrong se puede entender a partir de su mejor compañero, este neoyorquino criado en Central Park. Por el cordón de seguridad del texano pasaron a lo largo de siete julios Tyler Hamilton, Kevin Livingston, Roberto Heras, Floyd Landis o Víctor Hugo Peña. Lo mejor de lo mejor. Por razones x ganas de prosperar, dinero o visiones de iluminado, abandonaron a Armstrong sin críticas, sin malas caras, pero con aquella expresión grabada en la frente, tanta paz lleves como gloria dejas. Sólo Hincapié levantó el puño de la fidelidad. Ese mismo Hincapié que ha despedazado pelotones, elevado el listón de la velocidad en los puertos, llevado agua a su jefe, olfateado el aire, evitado ¡AQUÍ SIGO Y ESTOY VIVO, AMIGOS! ALBERTO CONTADOR Dorsal 93 La irracionalidad de parte del público, que abarrotó la última subida, estuvo a punto de provocar accidentes Aquí estoy todavía, quince etapas y en el segundo día de descanso que tanto hemos esperado Luis León y yo. Estamos sobreviviendo al Tour, pero ya se notan los kilómetros en el cuerpo y cómo nos baja la chispa. Lo bueno es que también se han rebajado las bromitas de los veteranos. Por suerte para nosotros, que veníamos de novatos. El artífice de casi todas y sin ánimo de señalar es Vicioso, que se pasa el día maquinando en su cabecita una broma tras otra. Hace unos días, Luis León estuvo a punto de salir sin dorsales porque aparecieron en la taza del water del autobús. No lo vi, pero me lo imagino. Otra vez me cogieron despistado cuando estábamos de paseo después de cenar. Estaba tan tranquilo sentado en un banco tomando el fresco y cometí el error de quitarme las chanclas. Ocurrió lo que tenía que pasar, me desapareció una y ahí me ven, volviendo a la pata coja al hotel, como si no tuviera bastante con el dolor de piernas de cada día. A pesar de que las cosas no nos están saliendo todo lo bien que queríamos, el ambiente en el equipo es muy bueno. Así todo se hace más llevadero. En el Tour se sufre, pero siempre hay algo que viene a aliviarte. Como el sábado. La primera etapa de Pirineos fue durísima, un calor asfixiante, pero me esperaba la alegría de ver a toda mi gente, que había venido de Pinto para animarme. No saben lo que se agradece que vengan hasta aquí a pintar la carretera con tu nombre. Ver de repente a tu familia y a tus amigos con camisetas y tu apellido, dándote ánimos, no es que te haga subir más fácil, pero lo parece.