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56 Espectáculos LUNES 18 7 2005 ABC TEATRO La decente Aut. M. Mihura. Dir: M. Canseco. Esc. y vest. L. Collado. Coreog. C. Palomo. Int: Luis Varela, Cristina Juan, Paco Racionero, Julia Trujillo, Juan Carlos Talavera y Cristina Palomo. Lug. Jardines del Galileo. Madrid LAS TRAMPAS DE LA VIRTUD JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN o es mal plan, con lo que está cayendo, pasar una noche al fresco en compañía de un grupito de criaturas sacadas a paseo por Miguel Mihura (1905- 1977) un autor que impregnó sus creaciones de un humorismo suave y brillante teñido de melancolía y ternura, una apariencia bajo cuya placidez se agazapaban componentes de rebeldía irónicay escepticismo crítico. La decente comedia que mezcla costumbrismo e indagación policíaca, presenta a una mujer casada tan decente que, para evitar el adulterio, propone a sus galanteadores que maten previamente a su marido. A finales de los sesenta, recordémoslo, no existía en España el divorcio. La decente fue el último éxito de Mihura, que la estrenó en septiembre de 1967 en el Teatro Infanta Isabel, protagonizada por Manolo Gómez Bur, Elena María Tejeiro, Fernando Delgado y Rafaela Aparicio. El montaje que puede verse en el agradable entorno de los Jardines del Galileo ha sido empaquetado por Manuel Canseco de manera tan aseada como eficaz, atento a que no se pierda la sutileza humorística de los diálogos y a mantener el equilibrio de la acción en un difícil espacio escénico al aire libre en el que todas las paredes son la cuarta pared. N Antonio Vega, sobre el escenario del Conde Duque El Conde Duque fue el escenario del reencuentro de Antonio Vega con el público madrileño, ante el que presentó su nuevo disco 3.000 noches con Marga De Madrid al cielo de Vega y Orión TEXTO: JESÚS G. CALERO FOTO: ANDRÉS DE GABRIEL Entre Mihura y Jardiel Luis Varela- -que encarna a Roberto, ese solterón que está justo en el momento en el que las mujeres necesitan dinero para meterlo en el bolso que les regaló otro y al que sorprende la insólita proposición erótico- criminal (primero lo segundo si quiere llegar a lo primero) de Nuria- -tiene perfectamente cogido el pulso a este tipo de personajes frecuentes en el teatro de Mihura y que se asoman también al de Jardiel; o sea, que el papel le va como un guante. Cristina Juan es una encantadora y peligrosa Nuria; Paco Racionero borda el papel del inspector de policía que investiga el caso del marido asesinadito con un aire de castizo Colombo que no perdona una cervecita con aceitunas; y Julia Trujillo está también bien como María, la sirvienta que regaña a su señorito como, al parecer, hacía con Mihura (que deja caer algún detalle autobiográfico) su fiel Carmen Tuñón. Como aperitivo de la función se ofrece Mihura por dónde un breve y divertido espectáculo musical con textos del autor, en el que colaboran los estupendos QuésQuísPás, Ángel Ruiz y Mariano Marín. MADRID. Aún no era de noche. En pleno atardecer del sábado Antonio Vega subió al escenario del Conde Duque, a la hora de las sombras largas, donde nacen los hechizos y presentó en los Veranos de la Villa su último disco: 3.000 noches con Marga un mar redondo de amor, pero también un océano de sol y soledad, que el fundador de Nacha Pop dirige directamente al cielo, a la constelación de Orión. Delgadísimo, casi invisible entre la densa música, y algo encorvado, Antonio se encaramaba al mástil fiel de su guitarra, concentrado, casi sin hablar al principio; apenas un hola, chicos cuando llegó a escena. Abría fuego con un tema ya viejo, Anatomía de una ola A apartir de este punto Antonio y su grupo realizaron una sabia mezcla de las canciones de su último disco con otras ya clásicas, casi todas gobernadas por los vientos del amor. Al principio el público los recibió con alguna frialdad. Antonio empezó vuelto hacia sí mismo, parado, con movimientos seguros, aunque mínimos, sobre la guitarra. Pero llenándolo todo con su cálida voz. Como un capitán Ahab persiguiendo su imposible, Antonio timonea lo que de lejos pudiera parecer una nave desvencijada pero que, de pronto, despliega las alas insólitas, grandes, inmensas de su música y- -a toda vela, a toda Vega- -alcanza los círculos lejanos de las estrellas donde vuela algún Ángel de Orión porque aún envía allí su amor por Marga. Y así, mientras la noche se extendía viajamos por la banda sonora de nuestra propia vida y llegamos hasta donde alguna vez nos llevó la imaginación con los ojos cerrados Fueron las primeras notas de El sitio de mi recreo el punto de inflexión que hizo estallar en aplausos entusiastas a los miles de personas que mostraron el cariño muy especial de Madrid por Antonio Vega. Para entonces la noche era rotunda y lucía un buen puñado de estrellas. Entre Vega y Orión, sobre el cielo de Madrid, se abrían ya los Caminos infinitos Se amontonan tantos años, uno a uno y diez a diez, la luz de la mesilla ilumina hoy letras de ayer... Escamas de la soledad Muchos y célebres amigos del cantante no se quisieron perder el concierto. Pero el Conde Duque rebosaba, y él seguía desgranando canciones, como Pasa el otoño Atados manos y pies al corazón que fui fiel ojalá me condenaran a la niñez Antonio fue recorriendo sin pausa su vida hecha música entre el pasado de Me quedo contigo Se dejaba llevar por ti o Elixir La música de Antonio Vega alcanza los círculos de las estrellas donde vuela el Ángel de Orión porque aún envía allí su amor por Marga. de juventud la luminosidad de Pueblos blancos y la premonición de Cada sombra en la pared sombras perdidas en la multitud, la multitud de las sombras un guiño a la oscuridad a ritmo de swing, con cuarteto de metales que se sumó a la formación en la que destacaba su siempre seguro y fiel Basilio Martí- Así la nave nos llevó hasta los límites de un Océano de sol En el Conde Duque, Antonio iba gastando púas, como quitándole escamas a su soledad, y cada vez miraba más directamente a la grada, que le jaleaba con mucho afecto. Él, chico solitario, lanzaba las púas rotas, las escamas de su soledad, hacia un público entregado, como regalos que acompañaba con una sonrisa. Parecía un niño que tirase piedrecillas a un estanque, a uno de los misteriosos lagos del tiempo, porque un día cualquiera no sabes qué hora es... Y pareció que mirase crecer los círculos en ese agua que lava los años con canciones y empapa nuestros poros, y rompe el sueño y la soledad, otros amores, discos que abrazan y luego circundan de silencio e inteligencia las palabras. Y estuvo presente, cómo no esta para que la cantéis le dijo al público) la Chica de ayer el himno madrileño de la movida que fue compuesto en la playa de la Malvarrosa, mirando al mar de un tiempo en fuga. ¿Qué decir? Dos horas que supieron a poco, tal vez faltó alguna canción, como Te espero porque como siempre, como es bueno, se quedó en el tintero la promesa de un mundo mejor