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66 Los domingos DOMINGO 17 7 2005 ABC EXPLORADORES Ararat En la montaña sagrada Un grupo de montañeros españoles, con César Pérez de Tudela al frente, ha escalado la hasta ahora inaccesible cara norte del Ararat (Turquía) las aristas en las que, según la tradición bíblica, encalló el arca de Noé POR JORGE TRIAS SAGNIER a Biblia no sólo es un libro sagrado sino, también, científico e histórico. Frente a esos relatos fabulosos sobre la creación del mundo, el biblista circunscribe la divina obra universal dentro de la semana lunar, ordenando cada acontecimiento creador en un espacio y en un tiempo, de una forma similar a la que veinte siglos después hicieron los ilustrados enciclopedistas del XVIII. Benedicto XVI, desde su lúcida inteligencia y convincente fe, ha escrito que a los hombres de entonces debía parecerles un enorme sacrilegio caracterizar las grandes divinidades, que eran el sol y la luna, como astros para la medida del tiempo El Universo, ha escrito el Papa, no es una lucha de demonios, sino que procede de la razón, de la razón de Dios y descansa en la palabra de Dios Efectivamente, coetáneos o incluso anteriores al relato bíblico, nos encontramos con otros muy similares, como el poema babilónico de Gilgamesh, donde la figura de Utnapishtim se asemeja mucho a la de Noé; o el relato de Beroso, sacerdote de Marduk; o la versión sumeria del diluvio mesopotámico. Como afirma el profesor García Cordero, en su monumental obra Biblia y legado del antiguo Oriente (BAC, 1977) en distintos lugares de Mesopotamia hubo en esa época, por los desbordamientos de los ríos, grandes inundaciones; y una de ellas debió de ser de tales proporciones, que dio pie para la formación de una leyenda épico- religiosa que encontramos en la escritura cuneiforme y en la bíblica aunque sólo en nuestro libro apa- L rece la trascendencia de lo sagrado, el dedo del Dios creador, como ese, lleno de fuerza y convicción, que pintó Miguel Ángel en la Capilla Sextina, ese dedo capaz de dar aliento divino a la naturaleza frágil del hombre. Pues en busca del Arca salvadora, por las inaccesibles lomas de la cara Norte de la montaña sagrada, nos fuimos un grupo de expedicionarios españoles comandados por el explorador y alpinista César Pérez de Tudela, quien desde hace años busca por esos lugares el Arca perdida. Junto a él venían los dos míticos alpinistas que coronaron en febrero de 1973 la primera invernal del Naranjo de Bulnes, Pedro Ortega y Antonio Luis de Tena; y, también, el periodista Alfredo Merino y un peñalaro y singular entomólogo, Antonio Cabezas. En este equipo de expertos y originales montañeros y escaladores me encontraba yo sin saber muy bien si podría estar a la altura de la montaña. A mediados del pasado mes de junio, gracias a la invitación del Gobierno turco y los buenos oficios de su embajador en España, estábamos a los pies de la montaña, en la lejana ciudad de Irgid, donde fuimos recibidos por el Gobernador de la provincia y el General responsable del ejército en la zona. Nadie, hasta nosotros, había contado con una autorización para subir el Ararat, hasta la cumbre, por esa cara, la Norte, cubierta en su grandioso último tramo por los hielos perpetuos de un glaciar liso, resbaladizo, duro y transparente como un inmenso cristal blindado. La cordillera de los Ararat, al Sur del Caúcaso y al Norte de la El ascenso ayudados por amigos kurdos y sus mulas fue por verdes praderas, piedras volcánicas y neveros hasta el campamento base a 3000 metros de altura antigua Mesopotamia, también llamada pequeño Caúcaso es una cadena de montañas de origen volcánico que se extiende entre Turquía, Armenia, Irán e Irak. Buena parte de ese territorio coincide con el kurdistán, esa zona de la tierra que el más numeroso pueblo del mundo sin Estado, reclama como entidad nacional. Y esta zona de la tierra donde se yergue la montaña sagrada se encuentra situada en el extremo noreste de Turquía y ha estado en permanente convulsión desde hace siglos, y con constantes persecuciones y matanzas. En 1915 la insurgencia armenia provocó, según versión turca, la matanza de 150.000 musulmanes, ensañándose especialmente con las mujeres y los niños. A continuación, tras la derrota del levantamiento y las deportaciones ordenadas por el gran visir otomano Talat Pasha, los turcos se tomaron el desquite provocando una horrible e inmisericorde matanza de millón y medio de armenios. Después de la II Guerra Mundial la omnipresente URSS se anexionó Armenia, convirtiéndose la zona en la que hemos estado en unos de los escenarios más peligrosos e inaccesibles, al mismo tiempo que hermosos, de la guerra fría. Tras la caí- da del muro volvieron a liberarse las pasiones tantos años contenidas, y estos territorios fueron el escenario del más cruento terrorismo fomentado por el levantamiento kurdo. El poderío de la montaña Tras la invasión de Irak, la zona volvió a adquirir relevancia ya que desde allí Turquía pretendió ocupar parte del territorio iraquí. A esta parte apasionante de la tierra llegamos el grupo de montañeros españoles con el objetivo de explorar la montaña y de llegar a su cumbre donde, según la tradición bíblica, en una de sus laderas encalló el Arca que construyó Noé y que salvó a la humanidad. Por cierto, como dice el profesor garcía Cordero, hasta el siglo XIX no se construyó una nave como la que se describe en el relato bíblico unos mil quinientos años antes de Jesucristo. Partimos de la ciudad de Irgid y llegamos a un fuerte militar, fronterizo con Armenia, a unos 1.900 metros de altura. La fortificación, armada hasta los dientes, está rodeada de tribus seminómadas y hay algunos restos bizantinos interesantes, ruinas de piedras provocadas por devastadores terremotos de finales del siglo pasado. Pero, sobre todo, hay algu-