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36 Internacional ATENTADOS DE LONDRES LOS AUTORES DOMINGO 17 7 2005 ABC Las investigaciones de esta semana han cambiado ligeramente el mapa del terror. Con ya ocho terroristas suicidas desde los ataques del 11- S, Gran Bretaña amenaza con convertirse en base para el Yihad internacional El Reino Unido, proveedor de kamikazes POR E. J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Al Qaida se ha colado en el Reino Unido a través de los nexos que mantiene la importante comunidad paquistaní con su país de procedencia. Los británicos de origen paquistaní llegan a 610.000, cifra que supone más de la mitad del total de los musulmanes del Reino Unido. Y siendo algunas zonas de Pakistán foco de extremistas islámicos, por la acogida de talibanes expulsados de Afganistán, la semilla del terrorismo se ha plantado también en suelo británico, de forma que desde el 11- S han germinado ya hasta ocho terroristas suicidas. La afloración de los cuatro kamikazes del 7- J ha significado la voz de alerta acerca de un plantel del que las autoridades británicas probablemente no eran del todo conscientes. Hasib Hussain, muerto en Tavistock Square en el autobús de la línea 30; Mohammed Sidique Khan, responsable de la bomba en la estación de Edgware Road; Shehzad Tanweer, que voló el metro en la estación de Aldgate, y Lindsey Germail, portador del explosivo en la Picadilly Line, no son los primeros suicidas británicos en la Guerra Santa desatada con el 11- S. Asif Hanif, con 21 años y natural de Londres, se autoinmoló en 2003 en TelAviv, haciendo estallar los explosivos que llevaba adosados a su cuerpo cuando entró en un bar; mató a tres personas e hirió a otras cuarenta. En el plan participaba Omar Sharif, de 27 años y nacido en Derby, que, junto con su compañero, dejó grabado un vídeo en el que exhibían el Corán. Sharif acudió a otro bar, pero no logró detonar la carga explosiva, que finalmente sí pudo activar cuando se suicidó junto a la playa mientras era perseguido. Un grupo de niñas musulmanas hacen cola para firmar un libro de condolencias en Dewsbury, en el norte de Inglaterra una vinculación entre el jamaicano Lindsey Germail y Richard Reid, el terrorista del zapato Se trata de dos conversos a la fe islámica que podrían haber mantenido encuentros regulares en la mezquita de Brixton. Rastrear todos estos enlaces es ahora prioridad de los servicios de seguridad británicos, que se encuentran a la caza del cerebro del 7- J, descrito como un británico de origen paquistaní, que podría haber entrado en contacto con alguno de los cuatro autores de los atentados durante las recientes visitas que habían realizado a Pakistán. De momento, las autoridades paquistaníes han detenido a varios elementos radicales de las madrasas a las que acudió Tanweer. A la de Lahore se la ha relacionado con el movimiento Ejército de Mahoma, un grupo conectado con Al Qaida. REUTERS El terrorista del zapato Tampoco consiguió su objetivo Richard Reid, natural del barrio londinense de Brixton, quien en 2001 subió a un avión en París con destino a Estados Unidos con intención de hacer estallar el explosivo que llevaba en un zapato. En la guerra de Irak, Wail Al- Dhaleai, nacido hacía 22 años en Yemen pero criado en Sheffield, protagonizó un ataque suicida contra las tropas norteamericanas. Se trata de nombres que además están entrelazados. No sólo había relación entre los autores del 7- J, sino que uno de éstos, Shehzad Tanweer, estuvo en dos ocasiones, el año pasado y el actual, en una madrasa (escuela coránica) de la localidad paquistaní de Lahore. Según fuentes policiales citadas por The Times, allí contactó con otro militante de origen británico, Zeeshan Siddique, quien fue estrecho compañero de Asif Hanif, uno de los suicidas de Tel- Aviv, cuando estudió en el Cranford Community College de Londres. Otros medios han señalado ¿Realmente pensaban morir? E. J. B. LONDRES. Los importantes avances en la investigación sobre el 7- J también abren incógnitas: ¿Fue suicidio? se preguntaba ayer la portada del Daily Mirror. En Luton, los terroristas compraron billetes de ida y vuelta a Londres, según el diario, que también indica que pagaron el aparcamiento para dejar allí unas horas sus coches. Además llevaban tarjetas de crédito y permisos de conducir. Sobre esto último se ha dicho que tal vez pretendieran ser identificados, para adjudicarse el protagonismo de sus acciones, pero hasta ahora quien buscaba esa glorificación grababa vídeos, inexistentes en este caso. Tampoco gritaron Alá es grande en el momento de accionar las bombas, que no iban adosadas a su cuerpo, sino en mochilas. Además está la cuestión de los temporizadores, innecesarios si los explosivos se iban a detonar manualmente. Dos de los terroristas tenían hijos muy pequeños y además tenían embarazadas a sus mujeres. Luego están las dudas sembradas por el último terrorista, cuyo artefacto explotó casi una hora después del primero, tras mostrar nerviosismo al registrar su mochila. La única justificación que explicaría que no había intención de suicidio sería que habían sido convencidos de que con los temporizadores tendrían margen para dejar sus mochilas en el metro y luego abandonarlo. Pero, ¿es cierto que los cuatro se rasuraron el cuerpo en las horas previas a los atentados, como ha publicado algún diario? En tal caso, no habría lugar a dudas. A pesar de estos contactos de Tanweer, la Policía cree que un mayor protagonismo en la célula de Leeds lo tuvo Mohammed Sidique Khan, en tanto que por su edad (30 años, frente a los 18 de Hasib Hussain y a los 22 de Tanweer) y su situación profesional en la comunidad del barrio de Beeston en el que vivían, ejercía de figura paterna del grupo. Parece que los otros dos jóvenes se referían a él como Míster K según la familia Hussain. No obstante, el jefe de la célula, en quien el cerebro de la operación habría delegado la ejecución final de los atentados, podría ser Lindsey Germail, de 19 años. A ello apuntaría que los otros tres se reunieron con él en Luton en las horas previas al viaje a Londres. Pésame de las familias Algo de eso puede haber en la reacción de las distintas familias. A través de un comunicado de la Policía de Leeds, la familia de Khan expresó su profundo y sincero pésame por las víctimas y definió al terrorista como un hombre amable y cariñoso a quien tuvieron que lavarle el cerebro para cometer semejante atrocidad Sus allegados pidieron a la ciudadanía información que pueda ser útil para descubrir las redes terroristas que prepararon a nuestros hijos para llevar a cabo este mal En similares términos se expresó la familia Hussain. La esposa de Germail, una joven británica igualmente conversa al islamismo, prefirió mantenerse en la duda sobre la versión policial. No me lo creeré hasta que no vea las pruebas manifestó.