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ABC DOMINGO 17 7 2005 Internacional 35 ATENTADOS DE LONDRES OPINIÓN MARK BAILLIE Especialista del Centro de Estudios de Defensa y Seguridad Internacional Los servicios secretos no creían que los integristas tuviesen capacidad para atentar en Londres El terrorismo internacional tiene elementos de fenómeno social, como el marxismo en los años sesenta y setenta. Y esto hay que recordarlo cuando se habla de la pobreza y opresión en ciertos países como fuente del terrorismo TEXTO: E. J. BLASCO. CORRESPONSAL. FOTO: DAVID J. SALAS LONDRES. Especialista en terrorismo, seguridad e Inteligencia de uno de los think tank que tiene su sede en Londres, Mark Baillie considera que el Reino Unido ha subestimado la magnitud del extremismo islámico que ha ido creciendo en el país sin que las autoridades se percataran de su real peligro. Baillie destaca que el Reino Unido cuenta ya con más terroristas suicidas- -los del 7- J y otros británicos que han buscado la inmolación en otros lugares- -que muchos otros países considerados como una amenaza para el mundo. ¿Por qué los servicios de seguridad británicos no detectaron la preparación de los atentados del 7- J? -No sólo los británicos, los demás países occidentales tampoco tenían información de que Al Qaida estuviera en posición de realizar un atentado organizado en ninguna parte, y en poco tiempo hemos tenido el aumento de los ataques en Irak, la aceptación por los norteamericanos de que Afganistán está volviendo al caos, y las bombas de Londres. Tanto de modo oficial como confidencial, los servicios secretos del Reino Unido pensaban que los posibles elementos extremistas no tenían la capacidad para un ataque importante en Londres. Y se rebajó el estado de alerta, también por los Juegos Olímpicos: tenían que mostrar que todo estaba bajo control, que Londres era una ciudad segura, lo que es una tontería, porque, aunque no haya indicios de una amenaza particular, la ciudad de Londres siempre será un objetivo principal en el mundo. El Reino Unido es el pequeño Satán, al lado del gran Satán que es EE. UU. En realidad fue una sorpresa que fuera Madrid la primera víc- tima de un atentado importante en Europa; tal vez fue una cuestión de oportunidad, de que allí hubo la ocasión de hacerlo. -Hace pocos días se divulgó un informe del año pasado del Gobierno británico que asegura que unos 3.000 británicos han pasado por campos de entrenamiento de Afganistán. -En los últimos años se estimaba que esa cifra era de unos cuatrocientos o seiscientos, pero no había números oficiales. En Francia han seguido a sus afganos tanto los que estuvieron en Afganistán en la lucha contra los soviéticos como durante el régimen talibán, y han mantenido una lista muy completa de ellos. Allí se han tomado todo esto en serio y han conseguido bastantes avances. Es cierto que en Francia hay una mayor población musulmana y además casi del mismo origen. Pero en el Reino Unido, ni el actual Gobierno ni los anteriores han tenido en realidad una política y se ha dejado actuar libremente a quienes defienden el extremismo. Los servicios de seguridad británicos no les han seguido la pista, no ha habido una estrategia continuada desde el principio, y ahora el volumen de afganos es una sorpresa. -Se atribuye a los servicios de Inteligencia británicos su preferencia a dejar cierto margen de actuación a los extremistas para que afloren a la superficie las tramas. -Eso estaría bien si hubiera alguna evidencia de que la Inteligencia utilizaba en serio toda esa información. Pero, por ejemplo, ¿qué se ha hecho con la información que genera la constatación de que más de diez mil personas han asistido a reuniones de extremis- tas, como señala el informe del Gobierno? No parece que se hayan controlado esas reuniones. Se habla del peligro que suponen ciertos países, y se suele olvidar el Reino Unido, que en los dos últimos años ha aportado numerosos terroristas con intención suicida, como Richard Reid, el de los explosivos en los zapatos, otro que después intentó lo mismo y dos kamikazes en Israel, por no mencionar que los tres primeros británicos fallecidos en la guerra de Afganistán luchaban con los talibanes. Esas diez mil personas que han ido a reuniones extremistas son una cantidad mayor que los activistas que había del IRA, y aquel terrorismo duró treinta años. ¿Durará tanto el presente terrorismo internacional? -No lo sé, pero en realidad no es un asunto de unas personas con bombas en sus mochilas, sino de algo que tiene elementos de fenómeno social, como el marxismo en los años sesenta y setenta. Y esto hay que recordarlo cuando se habla de la pobreza y opresión en ciertos países como fuente del terrorismo. ¿Qué pueblos pobres u oprimidos había en Europa Occidental cuando la Baader- Meinhof o las Brigadas Rojas? Aquellos extremistas eran gente de clase media y profesionales, y algunos son ahora ministros o políticos respetados en Gobiernos y Parlamentos europeos. El extremismo no necesita ese tipo de motivación. -Estos días hay quien ha señalado que las amplias bolsas de población musulmana en los países occidentales son una bomba de relojería, por la dificultad de frenar el avance del radicalismo. -Desde el comienzo de la inmigración hace cuarenta años en el Reino Unido, la política siempre ha determinado que es la sociedad británica la que tiene que adaptarse a la inmigración, no que los recién llegados se adapten a la sociedad de acogida. Es contrario a la evolución de los Estados Unidos, donde la gran mayoría de los inmigrantes tenía la ambición de convertirse en americanos. Esto ha generado comunidades en las que hay núcleos cerrados que no es fácil que se mantengan en la moderación. En realidad, en el Islam no hay una teología de la moderación. La gran mayoría de musulmanes son moderados, porque desean trabajar y vivir tranquilos, pero la moderación es muy difícil de explicar, hay que hacer equilibrios; en cambio, la teología del extremismo es clarísima.