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32 Internacional ATENTADOS DE LONDRES INVESTIGACIÓN Y POLÍTICA DOMINGO 17 7 2005 ABC La Policía divulga la imagen de los cuatro terroristas juntos en Luton EFE LONDRES. La Policía británica confirmó ayer la identidad de los cuatro supuestos autores de los atentados del pasado día 7 en Londres, a la vez que divulgó por primera vez la imagen de todos ellos juntos, antes de perpetrar la matanza. Los cuatro presuntos terroristas eran británicos y tenían edades comprendidas entre los 18 y los 30 años, mientras que tres eran de origen paquistaní y uno, jamaicano, convertido al Islam. Cada uno de ellos cometió, según la Policía, uno de los cuatro ataques contra tres trenes del metro y un autobús urbano: Lindsey Germail, de 19, se inmoló en la estación de King s Cross; Shehzad Tanweer, de 22, en la de Aldgate; Mohamed Sidique Khan, de 30, en la de Edgware Road, y Hasib Hussain, de 18 años, en el autobús. El comando aparece al completo en una imagen difundida ayer por la Policía británica en la estación de tren de Luton, al norte de la capital británica, cuando se disponía a viajar hasta la estación de King s Cross, donde los cuatro se separaron para perpetrar la matanza. El vídeo procede de la grabación de una cámara de la estación y está fechado a las 06.20 GMT del jueves día 7, una hora y media antes de que estallaran, casi de forma simultánea, las bombas en el metro. Por otro lado, el único detenido hasta ahora en suelo británico en relación con los atentados, un individuo de 29 años cuya identidad no ha sido divulgada, continuará bajo custodia policial hasta el próximo martes, según decretó el juez. Blair defiende los valores occidentales frente al diálogo universal de Zapatero El primer ministro acalla las voces en su partido que vinculan el 7- J a Irak b Los avances de la investigación policial y las primeras revelaciones refuerzan la sensación de que el líder británico ha gestionado bien la crisis de los atentados EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Nueve días después de los atentados de Londres, la sensación de que la figura del primer ministro, Tony Blair, se ha visto reforzada con la crisis quedó confirmada ayer durante su presencia en una conferencia del Partido Laborista. Las voces críticas internas de que el 7- J ha sido consecuencia de la guerra de Irak no tuvieron especial eco y prevaleció el contundente discurso de Blair. Para el premier británico, no existe un choque de civilizaciones sino lo que se da son acciones bárbaras que no son producto de circunstancias locales y que pretenden imponer su ideología del mal en todo el mundo. Es una batalla que tenemos que ganar- -manifestó- -trabajando con otras naciones para promover la otra cara del Islam El combate contra Al Qaida es una lucha mundial, una batalla de ideas, de corazones y de espíritus, tanto en el seno del Islam como fuera de él afirmó Blair Sobre este asunto tratará Blair con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la entrevista que mantendrán el día 27 en Londres. Zapatero se pronunció ayer en parecidos términos en la Escuela de Verano de las Juventudes Socialistas. Enarboló también la universalidad de los valores de la democracia y la liber- Tony Blair, ayer en Westminster AP tad, pero puso el acento en el diálogo entre civilizaciones, cuando Blair insistió en no cambiar el comportamiento de las sociedades occidentales. Según el jefe del gobierno español las sociedades necesitan defenderse del terrorismo pero para vencerlo, las armas tienen que ser la democracia, la libertad y el diálogo de civilizaciones Consciente de su fortaleza, Blair acudió ayer a la conferencia de su partido en Londres. Recordó que antes de la guerra de Irak el terrorismo islámico ya había atacado a 26 países e indicó que no es posible negociar con fanáticos que proclaman que hay que borrar del mapa a Israel, matar a israelíes y estadounidenses y eliminar la presencia occidental en tierras islámicas. Para Blair, es necesario poner en evidencia la lógica casi diabólica que subyace a la propaganda de esos fanáticos. También insistió en que los terroristas se aprovechan de la tolerancia de las sociedades occidentales y acusó a quienes creen que bastaría con cambiar nuestro comportamiento para que los extremistas desistiesen de su empeño. Eso es una equivocación de tamaño catastrófico añadió. Si el golpe de los atentados llevaron desde el primer momento a realzar al primer ministro, por la necesidad social de liderazgo en la hora de la amenaza, el notable avance de las investigaciones policiales, con la identificación de los autores de la matanza, la localización de los explosivos y las pistas sobre posibles implicados, no ha hecho sino mantener en alto la figura de Blair. No habido errores en la gestión de la crisis, ni percepción de politización, y la oposición ha seguido secundando las medidas anunciadas por el Gobierno. Por otra parte, la tardanza en identificar los cadáveres ha sido asumida en general por los familiares, conscientes de la dificultad de la tarea y de los requisitos legales que existen en el país para ese menester. El único problema le puede venir a Blair de que se demuestren negligencias en la seguridad durante los tiempos previos a los atentados, sobre todo si resulta que el supuesto cerebro es el extremista que consiguió entrar en el Reino Unido un par de semanas antes del 7- J a pesar de estar en una lista de personas peligrosas. Pero de momento, la única encuesta publicada hasta ahora señala que la ciudadanía está con el Gobierno y que no hace mella el argumento de que los atentados se deben a la invasión de Irak. La Policía elevó ayer a 55 el número de fallecidos, de los cuales ya ha identificado a 41. ALFONSO ROJO MATAR PARA VIVIR H abrá quien se apunte a la lista de Bono y prefiera que lo maten a matar pero todavía no soy candidato al martirio y tengo la impresión de que la inmensa mayoría de la gente tampoco. El problema no es que haya un par de lunáticos partidarios de las masoquistas tesis de nuestro ministro de Defensa. El drama estriba en no identificar al enemigo. Y a eso contribuye la bruma ideológica que difunden teorías como la Alianza de Civilizaciones propugnada por el presidente Zapatero y respaldada por figurantes como Kofi Annan. Es evidente que no todos los musulmanes del planeta y ya son 1.200 millones, apoyan el terrorismo islamista. Tampoco todos los alemanes y ni siquiera todos los nazis respaldaban el horror de Auswitch y otros campos de concentración. Nadie con dos dedos de frente y una pizca de sensibilidad se atrevería en público a desgranar justificaciones y atenuantes para el espanto de los crematorios, pero proliferan los periodistas, políticos, profesores e intelectuales que se desviven por encontrar motivos que racionalicen los 11- S, 11- M o 7- J. No están los tiempos como para permitirnos el lujo suicida de engañarnos a nosotros mismos. El hilo conductor entre los asesinos de 188 personas en Bali, 2.749 en Nueva York, 192 en Madrid y 55 en Londres es el Islam. No es la raza, la nacionalidad, la pobreza, el tono de piel, el origen social o el nivel académico. Lo que une a los facinerosos es el fanatismo religioso. Todos esos crímenes y la inmensa mayoría de los ocurridos en las últimas dos décadas, así como el degüello de rehenes, la voladura de autobuses de pasajeros o los coches bomba que ensangrientan periódicamente algunos lugares del planeta, se perpetran al grito de ¡Alá akbar! El mismo que pronunciaron en 1994 quienes mataron a 85 inocentes en la Asociación Mutual Israelita Argentina, despedazaron en 2002 a 14 turistas en la tunecina Djerba, dejaron 45 cadáveres en 2003 en Casablanca o convirtieron Estambul en una piscina de sangre en noviembre de ese mismo año. No se puede culpar a toda una colectividad. Estamos de acuerdo. Ni siquiera voy a entrar en el porcentaje de los que sintonizan y aplauden a los malvados. Ramsey Clark, tan pacifista él, dice que superan el 30 por ciento de la comunidad musulmana y Gustavo de Arístegui sostiene que serían la mino- ría mayoritaria si dividiéramos a los islámicos en facciones. En cualquier caso, resulta evidente que los islámicos se han convertido en un grupo de riesgo y habrá que actuar en consecuencia. En España, todavía estamos a tiempo, porque no son cinco millones como en Francia o Gran Bretaña. Podríamos afinar la política migratoria, primando a los argentinos, polacos o brasileños y cerrando la espita a magrebíes. Eso y aplicar la ley. Censo estricto de mezquitas, control de sermones y expulsión automática de los sembradores de odio. Se puede impedir que las cárceles sean viveros de terroristas y promover la integración en las calles. Un buen camino es la enseñanza. Prohibido el velo y preceptiva la gimnasia. Si la escolaridad es obligatoria hasta los 16 años, al padre musulmán descubierto sacando a su hija del colegio antes de tiempo- -lo hacen muchos en cuanto a la niña le aparece la regla- se le abre expediente y se le manda de vuelta al otro lado del Estrecho.