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12 La Entrevista DOMINGO 17 7 2005 ABC (Viene de la página anterior) La normalidad debe ser la regla general en las relaciones entre el TC y el Supremo. Cada uno tiene su sitio Nuestra Carta Magna sigue siendo un texto moderno, acorde con los tiempos y de una gran potencialidad -He señalado en muchas ocasiones que las medidas internas de racionalización de la organización del trabajo son importantes pero insuficientes. La reforma legislativa debe partir de un replanteamiento de la regulación legal de la jurisdicción constitucional 25 años después. La ley orgánica que regula el Tribunal, que data del año 1979, debe ser puesta a la altura de estos tiempos, de forma que esos desajustes de funcionamiento del Tribunal puedan ser corregidos. ¿Cómo se va a compaginar la enorme demanda de amparo constitucional de los ciudadanos con una reforma cuyo fin es evitar la avalancha de recursos que soporta? -No debería ser ese el único fin de la reforma, pero a propósito de éste, la reforma debería aclarar las vías de acceso al Tribunal para que muchas de las demandas de amparo que nos llegan no incurran en causas de inadmisión. O que, en todo caso, tengan una última posibilidad de ser satisfechas en la jurisdicción ordinaria para evitar esa entrada masiva de recursos ante el Tribunal Constitucional. Por tanto, se trataría de aclarar las vías de entrada y regular con mayor seguridad las causas de inadmisión del recurso de amparo. Aunque es necesario señalar que las providencias de inadmisión también dispensan tutela judicial efectiva, porque confirman que lo que ha hecho la jurisdicción ordinaria está bien hecho. -A sus 25 años de edad, ¿necesita esta institución alguna otra reforma en profundidad? -Más que una reforma profunda, se trataría de una reforma que, a partir de un planteamiento de conjunto sobre la posición institucional que corresponde al TC, atienda a sus necesidades funcionales. No es tanto un replanteamiento de la jurisdicción constitucional pues, como he señalado en muchas ocasiones, el diseño que hizo el constituyente se ha probado absolutamente equilibrado, eficaz y prudente, y lo mismo la ley orgánica de 1979. La cuestión es que han transcurrido 25 años y que es necesario ajustar la regulación legal a las nuevas necesidades. Y por otra parte, esos 25 años no han transcurrido en balde sino que este Tribunal ha producido un acervo jurisprudencial importantísimo, imprescindible y de incomparable trascendencia, que permite ya dictar resoluciones basándose en la jurisprudencia que el Tribunal ha establecido. De modo que recursos que nos llegan sobre cuestiones reiteradas podrían haber si- Una defensora del rigor y de la mujer, al frente del TC MAYTE ALCARAZ MADRID. Seguro que es pura casualidad que el Tribunal Constitucional esté asentado en la antigua sede de la Previsión Sanitaria Nacional y que, en tiempo de mudanza, haya una mujer, por primera vez en su historia, al frente de los destinos de una de las instituciones más mollares del Estado. O no. Pero la presidenta del TC, a pesar o quizá por la fuerza con la que caen los chuzos sobre la Constitución, profesa esa religión laica tan denostada que es la discreción. A María Emilia Casas (1950, lucense, catedrática de Derecho del Trabajo) no le gusta abrir los telediarios salvo por haber reunido a la Corona- -como hizo 24 horas antes de recibir a ABC- -con la insolente diáspora política y por que todos reconozcan el carácter aglutinador de la Institución que ella preside y que acaba de cumplir 25 años. Escrupulosa en el verbo, rigurosa para no patinar en el resbaladizo suelo de cristal de la indolente actualidad- -una vez se rompió la crisma contra el concepto de nación y ha aprendido a ser cauta- la presidenta trabaja en un despacho poblado de fotografías del Rey- -de quien también hay un busto- -y del Príncipe de Asturias; pocas imágenes, sin embargo, de políticos, ni siquiera de Zapatero (a quien algunos la vinculan ideológicamente) muchas fotos togadas, eso sí, y una- -sorprendente para la traviesa mente de la periodista- -en la que aparece, además de con Cristina Narbona, con Esperanza Aguirre. Si las palabras son el reflejo de las imágenes, en la de lealtad, en el caso de la presidenta, se atisba Corona, Tribunal Constitucional, mundo de la judicatura y género femenino. Defensora a ultranza de la mujer tenga el apellido que tenga- -madre, esposa, profesional o todos juntos, como en su caso- lleva lustros intentando conciliar sus vidas, la profesional y la familiar, como si tuvieran más de una. Natural, en alguien que ha tenido que bregar en un Tribunal de traje y corbata, desde los que ha apoyado la excarcelación de los miembros de la mesa de HB, rechazado el recurso del ex general Galindo o votado a favor de confirmar las condenas del caso Marey do resueltos por los jueces y tribunales aplicando la doctrina constitucional; y cuando, no obstante, llegan, no se necesitaría una decisión de una Sala o del Pleno del Tribunal para reiterar lo que ya es aplicación de doctrina. -Con motivo de la celebración del vigesimoquinto aniversario, ha sido usted capaz de reunir en esta casa a todas las autoridades, sin excepción, del Estado, incluidos los más críticos con la Constitución... -Con independencia de la composición personal en cada momento, este Tribunal es, obviamente, una institución. Este logro, 25 años después, es el logro del Tribunal a lo largo de ese tiempo, y el Tribunal actual es deudor de los anteriores, de todos y cada uno de ellos y, desde luego, del primero, que hizo una tarea verdaderamente asombrosa como fue poner en marcha la jurisdicción constitucional. Me gustaría hacer el reconocimiento de todos los magistrados que han pasado por esta casa ya que la tarea de este Tribunal es una tarea continuada. Y si la jurisdicción constitucional está arraigada hoy en nuestra sociedad es gracias al buen hacer de aquel primer momento y a la continuidad de ese buen hacer con independencia de las personas que la formemos. -De unos años a esta parte se ha generalizado la tendencia de trasladar las controversias políticas a los Tribunales. ¿Es síntoma de que algo no funciona en el sistema político o es una prueba de madurez democrática? -Puede ser ambas cosas. Ese fenómeno unas veces responde a la madurez del sistema y otras a sus insuficiencias. Pero hay que tener en cuenta que la exis- tencia misma del Tribunal Constitucional produce el efecto de llevar la propia Constitución a la vida política, pero también a la vida ciudadana, a la vida privada, y eso determina que ciertos conflictos que sin una jurisdicción constitucional no podrían plantearse, tengan hoy un cauce. Dicho esto, desde luego la esencia de la jurisdicción constitucional es ser jurisdicción. Lo que ocurre es que resuelve conflictos jurídicos de gran envergadura política. Pero los tribunales constitucionales no son órganos políticos sino que son órganos jurisdiccionales que resuelven contiendas políticas a través de métodos jurídicos. ¿Cuál es la resolución que le ha resultado más difícil dictar? -Todas las resoluciones son un ejercicio de responsabilidad y eso determina que nunca sea fácil. Y espero haber estado a la altura en todas las ocasiones.