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ABC DOMINGO 17 7 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC SUELTOS DE LA LIBRETA POR RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO Habría sido un error si para que no se enfade el que tiene en su mano quitarte el privilegio de ser sede de unas Olimpiadas estás dispuesto a suscribir y apoyar una guerra de agresión totalmente canalla... 1 Lacrymae ergo amantur et dolores Los que somos llorones sabemos mucho de la gran superficialidad de eso que llaman lo emocional Cuando dicen y creen que sienten algo por dentro (o aun en esas histriónicas enfatizaciones predominantemente andaluzas: Una cossa que se lleva mu adentro no pueden referirse más que a los pulmones, que es lo que se altera con la emoción, lo que se acelera, suspira, solloza y lanza el llanto hacia las fosas nasales. Yo no he notado que ninguna otra parte interior se mueva, se conmueva. Por eso, los cristianos fueron psicológicamente muy certeros cuando, queriendo cargar de contenido lo que estimaban venir del interior se lo representaron como respiratorio: pneuma en griego, spiritus en latín. 2. Lo más deprimente de los políticos es que siempre están empezando. (Glosa) ¿Será que se acuestan tan cansados y duermen tan profundamente que a la mañana de cada día se les ha borrado totalmente de las mientes que ya habían empezado el día anterior? 3. (Cogolludo, 1427) ¡Pero si las dos Españas son Trastámara y Trastámara! 4. ¡Qué cosas tienen los pacifistas! ¿Pues no van y dicen que con las guerras no se arregla nada ¡Pero hombre, por favor: ni aunque se arreglara mucho! 5. (Malicias mías) Debió de ser Aznar el que eligió las Azores como sede del triste contubernio, porque, aunque no fuese más que por haberlo leído en la estatua de bronce de la Plaza de la Villa- -que fue donde yo mismo lo aprendí- debía de saber que en la Terceira, el que fuera almirante de la escuadra española en Lepanto, don Álvaro de Bazán, y ya como capitán general de las galeras del reino de Portugal- -cuando este reino estaba incorporado a la Corona de Castilla- derrotó precisamente a los franceses. ¡Bellamente simbólico! 6. A juzgar por la forma y el orden en que a mí me fueron llegando las noticias, no me pareció que pudiese hablarse estrictamente de algo tan doloso y extremado como de una mentira pero sí de algo más hampón y miserable: fue un tente mientras cobro Sin perjuicio de conceder que algunos se empecinasen en el autoengaño por la fuerza de un honesto aunque demasiado voluntariosamente ingenuo whishfull thinking se trataba de hacer durar lo más posible los cada vez más precarios jirones de niebla de la hipótesis de una autoría de la Eta, aunque fuese al costado de la otra autoría, y en competencia con ella, para hacerle siquiera alguna sombra que le alargase a la duda la agonía; era, ya digo, un tente mientas cobro Pero todo fue inútil, porque la hipótesis de la autoría islámica venía arrollando demasiado aprisa, merced a la diligencia y la fortuna de la Policía, hasta que los partidarios y votantes de la facción contraria infringieron sin escrúpulos la jornada de reflexión -lo que tal vez estuvo un poco feo- para atajar y zanjar tanta miseria. 7. (De vuelta de Singapur) Cuando ya parecía que estaban como empezando a querer dejar de vengar- se de haber perdido las elecciones, he aquí que de pronto han empezado a vengarse de no haber sido designados para hospedar las Olimpiadas. El rencor se ha remontado a los fastuosos tiempos de don Álvaro de Luna, recurriendo a la magia, si no para un conjuro materialmente eficiente, como el que cuenta Juan de Mena en el Laberinto de Fortuna sí, por lo menos para una maledicencia propagandísticamente eficaz: hacer mediar una conexión literalmente mágica en la relación de causa- efecto entre la eliminación de la candidatura de Madrid para las Olimpiadas y la presencia del presidente del gobierno en Singapur. El académico de la flor de la canela es el que más se ha cebado en su diario y hasta en su columna en esta tesis del mal de ojo. Los sensatos atribuyen el fracaso de Singapur a un factor verosímil y probable: el enfado del gobierno americano por la actuación de Rodríguez Zapatero con respecto a la Guerra de Iraq; aquí lo indigno ha sido designar esta actuación como el error de Zapatero Habría sido un error si en los propósitos de gobierno de Zapatero hubiese entrado el de ganarse al más fuerte, plegándose incondicionalmente a su voluntad, suscribiendo y apoyando una guerra de agresión inexorablemente predeterminada y especialmente infame por la imponente superioridad del agresor y los novísimos usos de los bombarderos, etcétera, todo ello en aras de aumentar el peso internacional de España (Un prurito completamente hortera, que produce sonrojo repetir) En una palabra, habría sido un error si para que no se enfade el que tiene en su mano quitarte el privilegio de ser sede de unas Olimpiadas o privarte de otra cualquier clase de beneficios no menos in- i- ma- gi- na- bles estás dispuesto a suscribir y apoyar una guerra de agresión totalmente canalla y deshonrosa. Habría sido un error si Rodríguez Zapatero hubiese sido Aznar. 8. (De nuestra alma burguesa) Las novelas más falsas y más malas son necesa- riamente las que tienen niños por protagonistas, porque nadie sabe cómo es un niño, y el que se pare un momento a pensarlo verá cómo no tiene ni idea de cómo era él. La infancia no podría ser jamás inmemorial, porque, antes que eso, es simplemente irrememorable. ¿Qué queda entonces de aquellos ayeres, aparte de lo que llamaríamos datos de registro que pueden ser tantos como si nos hubiese dado por conservar los billetes de tren y de tranvía? Poquísima cosa; yo creo que apenas media docena de momentos apurados, sobre todo en forma de trances de breves minutos, anímicamente tan embargantes que carecen de todo perfil objetivo. No debe de haber una edad que sea igual para todos. La vita nuova de Dante Alighieri, puso su efeméride, su incipit en los nueve años; aunque su asunto era más bien particular y de menor calado, aquí podemos muy bien aceptar la misma edad como la más centrada, a mi entender, para el que nos concierne. Hacia los nueve años, en efecto, aparece de pronto, se extiende velozmente y se despliega luminosamente la más real y verdaderamente memorable de las cosas del mundo: el paisaje. Y digo real y verdaderamente memorable sin que connote siquiera en este punto un juicio de valor, porque produce el recuerdo más fiel: rarísimas veces un paisaje, incluso vuelto a ver únicamente al cabo de 30 ó 40 años, deja de parecernos exactamente el mismo. El paisaje, que todos convenimos en considerar, por lo común, como el mero ámbito de la vida, mero escenario de todos los recuerdos, supera, sin embargo, hasta tal punto en fidelidad y permanencia, en invariabilidad de la fisonomía y en constancia del reconocimiento, a cuaquier otra cosa recordable, que se erige en el verdadero corazón de la memoria, en la inenajenable morada del ayer. Con haberlo explicado en cierto modo, no basta ni con mucho todavía para dar razón de la intensidad que alcanza a veces la querencia del paisaje, de la emoción del reconocimiento de ciertas encrucijadas singulares- -un perfil muy determinado en un brevísimo trecho de horizonte, un merendero de tablas bajo los árboles del río- que por sí mismas connotan una cita fijada desde siempre y para siempre, o, finalmente, ese inundársenos de lágrimas los ojos a la asomada de una loma tras la cual nos estaba esperando y se nos muestra nuevamente lo que ya no es del ver sino tan sólo del volver a ver Con los paisajes, que no son la vida ni el ayer, sino únicamente los lugares de la vida y del ayer, nos comportamos como una especie de compañía de viejos actores jubilados que hubiese adoptado la costumbre de organizar excursiones para visitar los antiguos teatros, hoy a menudo clausurados o vendidos, en los que actuaron en sus buenos tiempos, pero sin venir ahora a añorar triunfos ni a acordarse de obras ni de personajes, sino tan sólo a embelesarse con el decorado, que, nevado por el polvo de los años, permanece increíblemente fiel. El lugar de la felicidad siempre ha estado ahí delante; ¿por qué ella, en cambio, no ha venido nunca?