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92 Los sábados de ABC SÁBADO 16 7 2005 ABC SAFARI CHIC Viene de la página anterior Las jirafas pasan por delante de los coches Los búfalos van a beber al lago Naivasha Turistas enfangados en el barro mezcla de romanticismo, sed de aventura y contacto directo con la naturaleza como en ningún otro sitio del mundo. Pero el país es enorme. Tiene 29 parques nacionales y 27 reservas. Y también difícil. Hay 42 etnias (el mismo número que de variedad de acacias) y, por tanto, 42 idiomas (el suahili es el nacional; el inglés, el oficial) La sociedad es tribal y los keniatas, en teoría, conducen por la izquierda, aunque en la práctica lo hacen por donde pueden, esquivando socavones y charcos. Tres horas para 100 kilómetros. Nuestro comienzo fue en el emblemático hotel Norfolk de Nairobi (una ciudad interesante, pero sin pasarse) abierto en 1904 y que ha servido de alojamiento a todos los grandes exploradores, aristócratas y comerciantes del mundo asentados en el país, y a las grandes personalidades que viajaban a Kenia, Churchill y los Kennedy incluidos. Su bar es punto de reunión del todo Nairobi y sus bloody mary insuperables. Tras una visita a la casa de Karen Blixen (a unos 11 kilómetros de la capital) donde Sydney Pollack rodó Memorias de África partimos hacia la reserva Aberdare, con un almuerzo en su exclusivo Country Club. Del cocodrilo a las albóndigas de avestruz Así como el país es espectacular, la cocina keniata, aparte de sus exóticas carnes, es un amasijo de legumbres (féculas con alubias, verduras, maíz y carne) cuya función es llenar el estómago de los autóctonos para sobrevivir, que ya es bastante. No es ni para gourmets ni para vegetarianos y la influencia inglesa sólo se nota en las barbacoas y en los postres (riquísimos pies y tartas) El plato nacional es el nyama choma cabra a la parrilla (por la edad, ya con bachillerato) a la brasa. Pero sus carnes no están mal y han salvado del hambre no sólo a los keniatas sino a los ingleses, que durante la segunda guerra mundial les alimentaron. De eso se encargaron, y fue un gran negocio, los ingleses establecidos en el país. La caza de animales exóticos está prohibida desde hace años, pero los criaderos han paliado el problema de la degustación de esos bocados riquísimos o cuanto menos exóticos. El restaurante Del Carnívoro en Nairobi, al aire libre, es una experiencia única. Cada tipo de carne se coloca en las grandes espadas tradicionales de los masais, a modo de pinchos, para asarla El Carnivore y su gran parrilla de carnes exóticas en las brasas de carbón de leña de la enorme barbacoa, a modo de hoyo, que hay a la entrada, a la vista de los clientes. Los camareros van por las mesas trinchando las piezas ya asadas sobre el plato del comensal con una variedad de salsas exóticas. Piernas de cabra, de cerdo, de impala, de camello o de vaca se alternan con costillas, salchichas, alas de pollo, riñones, avestruz, pavo y pinchos de cocodrilo. De todas, la mejor es la de avestruz que sirven guisada en albóndigas o simplemente asada. Su suave textura y su delicioso sabor la hacen insuperable. El exótico cocodrilo tiene un punto de textura de pollo y un ligero sabor a pescado, un tanto dulce, que aliñan con salsa de ajo, lo que le hace interesante, pero sin levantar grandes entusiasmos. El camello es demasiado duro y farragoso de masticar y su sabor intenso lo matizan con salsa de miel. El impala es excelente, con un profundo sabor a caza que aligeran con una larga maceración en especias. Lo sirven en su jugo y es excelente. Una copa de amarula (el licor del país) con hielo hace digestiva la excéntrica cena. Facoceros en los green Tiene cinco hectáreas con casa privada para los antiguos cazadores, en cuyos alrededores vimos los primeros impalas machos (con cuernos) mandriles, jirafas y búfalos, y por cuyo campo de golf, de 9 hoyos, pastaban tranquilamente jabalíes negro (facoceros) Fue aquí, en un hotel desaparecido del parque de Aberdares (hoy el Tree Tops) donde Isabel II entró como Princesa y salió Reina de Inglaterra, al sorprenderle la muerte de su padre en Kenia. Nuestro alojamiento fue en The Ark un hotel pequeñito y de madera, a modo de arca de Noé (de ahí su nombre) desde el que se puede contemplar uno de los espectáculos más Las cebras pastan por todos los sitios En el río Mara hay miles de hipopótamos Los masais hacen fuego de forma ancestral: frotando un palo seco en los huecos de una madera